Noa había tenido que detener su auto a mitad de camino de regreso al restaurante, se había tenido que obligar a aparcar en una calle desierta a mitad de la noche, pues, Damien y yo, habíamos terminado discutiendo, no estaba también para escucharlo, aquella olla de presión que era mi mente al final había explotado, y lo había hecho ante Damien, Noa nos miraba pelear dentro del coche, al nosotros gritarnos a mitad de la calle, él apretaba las manos sobre el volante, se veía incómodo y enfadado, parecía que quería meterse en mitad de la pelea, pero era prudente, Noa ni si quiera sabía la historia completa que habíamos vivido Damien y yo, por lo que se limitaba a mirarnos con brillantes ojos ámbar. - ¡Desde un principio la idea, era una estupidez Stella!, no sé cómo mierda te aferraste tanto,

