Manoel Santos Casi soy capaz de sentir como mi corazón deja de latir en el instante en que ella sale de aquel vestidor, luciendo aquel maravilloso vestido blanco con corte de princesa, el cual sin ninguna duda la hacía lucir como parte de la realeza. Sonrío como todo un idiota, admirándola en cuanto se detiene frente al enorme espejo de la tienda de novias en la que estábamos, escuchando atentamente todo lo que la modista le decía acerca de los detalles del vestido. Piedras preciosas incrustadas en la parte superior, además de unos finos encajes que caen de forma agradable en la enorme campana que llega hasta sus pies. Ella asiente con la cabeza, antes de girarse hacia mí, sonriendo. —¿Por qué me miras así? —pregunta, sus mejillas sonrojándose ligeramente a la vez de que baja la mira

