Capitulo 20

515 Palabras
Treinta años atrás. —Mama no quiero ir a la escuela— Dije aburrido sin ganas de ponerme el uniforme. —No digas eso mi amor, sabes que debes ir, además de que a tu padre no le gusta que faltes a la escuela— Contestó ella maquillando el morado que mi padre había dejado como recuerdo en su ojo. La miré lamentándome, no quería ir pero sé que quedarme solo le traerán más problemas a mi madre, no quiero que papá la siga golpeando. —Mamá. —Dime cariño— Contestó empolvando sus mejillas. —¿Por qué papá te a pegado?— Pregunté jugando nerviosamente con mis dedos. Ella volteó para acercarme a mi, se agachó y me miró a los ojos. —Tú padre es un hombre que suele estar ocupado durante todo el día y cuando llega le gusta que todo esté bien, así que cualquier cosa por las mínima que sea, si le molesta hace que su cabeza exploté y obviamente intenta desquitarse para liberar su ira, no es del todo correcto pero trato de comprender a tu padre, sé que no es un mal hombre además de que lo amo demasiado— Respondió con dulzura. —¿Entonces por amor se puede perdonar cualquier cosa?— Pregunté avergonzado de hablar de estas cosas. —Si el amor es verdadero, si mi cielo— Contestó poniéndose de pie. Me quedé pensativo en las palabras de mamá, no quise decir más nada porque sentí que la incomodaba. Mi madre dice que está bien aceptar que papá se vuelva loco y se desquite con ella a golpes porque lo ama mucho pero yo jamás le pegaría a la persona que amo, es como lastimar su corazón. —Cariño ¿Estas listo?— Preguntó mi madre. —Si— Respondí sin ánimo. —Bien, entonces vamos, hoy te daré un aventón— Dijo sonriendo. Mi madre siempre decía lo mismo todos los días, lo que me mortificaba era que ella lo hacía por gusto y gana, nunca eh tenido inconvenientes en agarrar el auto bus. Me levanté rezongando siguiéndola detrás. Desde siempre hemos vivido en la misma vieja casa, papá aunque tiene mucho dinero jamás se a molestado por mostrar interés en mudarse, me molesta su tranquilidad, me molesta que no esté aquí para despedirse de mi. —Cariño no digas perdiendo tiempo en pensar sobre tus comiquitas y sube al auto— Exclamó mi madre ya adentro del auto. Me monte malhumorado sin pronunciar una sola palabra. —¿Por qué te encuentras tan molesto hoy?— Preguntó sin quitar la vista de la carretera. —¿Dónde está papá?— Pregunté evadiendo su pregunta. —Esta trabajando— Contestó. —¿Por qué siempre está metido en e trabajo? ¡¿Acaso no le importa su familia?!— Exclamé enfurecido. —Debes tratar de comprenderlo, hace todo lo necesario para que tengamos una buena vida— Respondió intentando calmar mis humos. —No es justo que siempre metas esa excusa para justificar su odio a nosotros— Grité cruzándome de brazos.
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