Capítulo 30. ¿Vidas pasadas?

1378 Palabras

Aya abrió los ojos lentamente, el cuerpo aún pesado por el sueño y la noche anterior. La cama estaba vacía a su lado. El lado de Savage se había enfriado hacía rato. Se sentó despacio, abrazándose las rodillas, y miró alrededor. La cabaña estaba en silencio, solo el crepitar bajo de las brasas en la chimenea y el viento suave contra las ventanas. Sobre la mesita de noche había una bandeja de madera improvisada: una taza de café humeante, dos tostadas con mermelada de bayas silvestres, un huevo cocido partido por la mitad y, en el centro, una flor silvestre pequeña, de pétalos blancos y amarillos, recién cortada. Junto a la bandeja, un papel doblado con la letra garabateada y firme de Savage: “Tuve que salir por una urgencia en el perímetro norte. Chad no podrá recogerte hoy. Ada te espe

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