Marqué su teléfono y me enviaba al buzón de voz. Hannah estaba allí todavía. Le pedí que me acompañara a casa de Juliana.
Llegamos y no teníamos como entrar. En un momento de rabia había tirado las llaves que Juliana me había dado. Lo único que se me ocurrió fue quitarme el suéter, envolverlo alrededor de mi brazo y golpear la ventana. Al tercer intentó se quebró y pude meter el brazo para abrir la puerta. Hannah buscó en la cocina y la sala, yo iba al cuarto y al baño. Cuando entré la encontré en el piso del baño. Sus muñecas sangraban, rompí mi suéter para hacerle un torniquete a ambas muñecas y parar el sangrado. Le grité a Hannah desde arriba.
__ Hannah, ¡la encontré! Llama a una ambulancia, ¡rápido!
Llegó la ambulancia y se llevaron a Juliana al Hospital Clínica Benidorm, me fui con ellos. Hannah se quedó a buscar los documentos de ella, una muda de ropa y luego llegaría al hospital.
Pasó una hora, Hannah y yo estábamos en la sala de espera aguardando noticias de Juliana. En eso salió un doctor preguntando por los familiares de Juliana Vargas. Me paré y me acerqué a él.
__ Soy su novia, mi nombre es Helena Cabral. Ella no tiene familiares.
__ Sí, ella preguntó por Usted. Por favor sígame, Señorita Cabral.
Juliana estaba fuera de peligro, pero tuvieron que transfundirla porque había perdido una cantidad considerada de sangre. La miré con tanto temor, por un momento sentí que la perdía. No pude evitar llorar.
__ Juliana mi amor ¿Por qué lo hiciste?
__ No lo sé, Helena. Estaba muy triste. Muchas cosas pasaron por mi mente…
Me abalancé sobre ella y la abracé muy fuerte, con desesperación.
__ Creí que te iba a perder para siempre, me asusté tanto.
Juliana hizo una mueca de dolor.
__ Lo siento. Olvidé que aún estás adolorida - dije avergonzada.
__ Perdóname por esta tontería, no llores. Helena, te amo y nunca te he engañado. Ese día me deprimí y bebí mucho. Hannah sólo me acompañó porque se lo pedí. Ella ha sido una buena amiga. Nada pasó mi amor, créeme por favor. Tú eres la única para mí.
__ Te creo, Hannah me convenció de la verdad. Te creo mi amor.
En ese momento me olvidé de todo el rencor que tenía por ella. Estaba muy herida por lo que creí me había hecho. Simplemente no podía odiarla, es imposible. La amo demasiado.
Juliana fue dada de alta. Tomamos un taxi y le dije al conductor que nos llevara a la Universidad Estatal de Omsk, para aclarar un asunto. Busqué a Vicente, le pedí que me acompañara a hablar con la rectora para que Juliana pudiese reintegrarse.
Vicente le explicó a la rectora cómo habían ocurrido los hechos y que fue Daniel quien inició la confrontación. Intervine diciendo que, si quería suspender a alguien, que lo hiciera a mí porque Juliana sólo actuó en mi defensa. La rectora pidió un par de días para hablar con los profesores de Juliana para que terminara las actividades que le faltaban y poderse incorporar a la próxima graduación. A Daniel lo iban a suspender indefinidamente mientras consideraban la expulsión. Eso iba a depender de si Juliana levantaba cargos. Salimos de la rectoría y me lo encontré de frente. La sangré me hirvió y no me resistí las ganas de abofetearlo, pero Juliana me tomó de la mano impidiéndome hacerlo. Él sólo miró ese gesto, bajó la cara enojado y tomó su camino.
Tres semanas después...
Era la graduación de la Cohorte XXXVI de Contaduría General Lenin, Juliana fue la segunda mejor en su clase, el primer lugar lo tenía Hannah. Estaban en el púlpito dando el discurso y yo me encontraba sentada en una de las primeras filas del auditórium. Bajaron, lanzaron los birretes al aire y se abrazaron entre ellos. Cuando Juliana me extendió los brazos para felicitarla, la tomé por las mejillas y le propiné un dulce beso en los labios. Luego le eché mis brazos al cuello, ella me tomó de la cintura y nos fundimos en un abrazo. Después de un corto silencio y miradas expectantes, un grupo comenzó a aplaudir. Juliana estaba eufórica.
__ Nunca dejas de sorprenderme, pelirroja - aun sin creerlo.
__ Simplemente me provocó expresar al mundo que te amo.
__ Me encanta cuando haces las cosas de forma espontánea. ¿En tu casa o en la mía? - me susurró - vámonos de aquí.
__ En la mía, Kevin está trabajando. Cocinaré para ti después.
Juliana me sacó de la universidad tomada de la mano. Me llevó al auto y nos fuimos a mi casa. Subimos rápidamente al apartamento, dejamos las cosas en la sala y entramos a la habitación. Esta vez sí le puse seguro a la puerta.
Nos comenzamos a besar apasionadamente y al instante siguiente ya estábamos sin ropa amándonos con deseo. De todas las veces que habíamos estado juntas, ésta fue la primera vez que nos soltamos por completo. Juliana, porque me llevaba el ritmo y yo porque tenía complejos y miedos. Pero hoy no hubo nada que nos frenara, hoy fue simplemente diferente. Fue como si haberla besado hoy frente a toda esa gente me hubiera liberado de todas mis reservas. Reservas que no debían existir en una pareja.
Me permití que me observara desnuda y también disfruté de su desnudez. Cuántas veces nos privé de apreciarnos al cubrirnos con la sábana, al apagar la luz. También por primera vez, nos bañamos juntas. Un acto tan natural y a la vez romántico. Juliana solía dejar que yo me duchara primero y cuando salía ella se metía a bañar, mientras yo me secaba y vestía. No me gustaba hacerlo frente a ella, no me sentía cómoda que me viera sin ropa.
Estaba en la cocina terminando la salsa Alfredo cuando Kevin llegó.
__ Buenas noches señoritas, traje una botella de vino para celebrar el logró de mi cuñada - agitando la botella - Dios, ¡Qué rico huele!
__ Buenas noches hermano, llegaste a tiempo - dije mientras Juliana y yo traíamos los platos a la mesa - Cariño trae unas copas - le pedí a Juliana.
Nos sentamos a cenar y bebimos vino. Kevin aprovechó de anunciarnos que se matricularía en la Schoolsok International Pruzhinki, una importante academia de cocina. Sus jefes le pagarían el 75% de la matrícula y le permitirían trabajar medio tiempo.
EPILOGO
Tres años después...
Ya me había graduado hace un año y trabajaba en un Colegio como psicopedagoga. Siempre quise trabajar con niños. Juliana trabajaba llevándole la contabilidad a la Heladería Cornetto y también a los Burkery Kiev. Teníamos cuatro años de relación. Me mudé a su casa hace años años.
Kevin se casó hace un año con una chica que conoció en la academia y ya tenían un bebé, se llamaba Alejandro.
Hannah se mudó a Moscú apenas se graduaron y allí conoció al amor de su vida. Una italiana de nombre Sanzina. Ambas venían de una relación dolorosa y por tanto se entendían muy bien. Hablábamos con ellas por Zoom.
Sábado, siete de la noche...
Estaba en la cocina haciendo panqueques para la cena, cuando sentí la mirada de Juliana.
__ Te ves hermosa con ese vestido - me dijo desde el arco de la cocina.
__ ¿Cuál vestido tontita? - solté una risita - si estoy desnuda.
__ Pues precisamente - me dijo acercándose a mí y tomándome por la cintura, haciéndome voltear - amo cada parte de ti, cada extensión de tu cuerpo, cada peca. Amo tu esencia, tu risa, tu cara de enojo. Tus besos, tus celos, tus miedos, tu forma de amar... Te amo completamente Helena Cabral.
__ Y yo te amo entera, Juliana Vargas. Qué bueno que fuiste tú quien me llevó al hospital esa vez y no otra persona. Desde ese día no dejé de pensarte. Esos ojos azules no dejaban mi mente.
Definitivamente, el amor es algo extraordinario. Cómo es posible que por prejuicios, miedos e inseguridades nos privemos de disfrutar algo tan bonito, tan mágico. Algo que nos hace sentir tan bien no puede estar mal, eso es seguro.
FIN