CAPITULO V: CINCO CITAS PARA ENAMORARME PARTE III y IV

1212 Palabras
Parte III Había pasado una semana y Juliana no me había llamado, lo cual me pareció raro. Decidí llamarla yo, aprovechando el receso entre clases. __ Buenos días. ¿Se encuentra la Srita Vargas? – sonriendo. __ Buenos días, depende de quien la busca – dijo jocosa. __ Quería saber si estabas bien, no te he visto en la universidad. __ Estoy bien, sólo un poco atareada. No te he llamado para nuestra tercera cita porque – suspiró con algo de pena – no tengo dinero ahora. Discúlpame. __ ¿Qué tal si pasas por mí a la universidad? Te llevaré a comer, yo invito. No hay razón para aplazar las cosas. Tengamos nuestra tercera cita. __ Ok, te veo en veinte minutos. Salí de mi última clase y me subí a su auto. Le indiqué la dirección y nos estacionamos frente a Burkery Kiev. Era una cadena de restaurantes tipo McDonald’s, pero de sándwiches. Mi hermano trabajaba en una de las sucursales, a las afueras de Omsk. Ya yo había probado todos los tipos, así que pedí el menú para que Juliana escogiera el de su preferencia. Al final me dijo que eligiera por ella. El camarero estaba atento a la orden. __ Por favor tráenos dos sándwiches de cerdo con lechuga, tomate, pepinillos, cebolla, champiñones, salsa tártara y salsa alemana. Dos raciones de patatas fritas, dos botellas de agua y dos malteadas de chocolate. El chico hizo lo propio y antes de darnos cuenta ya teníamos la comida. Comenzamos a comer. Las patatas las dejé para el final al igual que la malteada. Le mostré a Juliana mi combinación. __ Tienes que intentarlo - dije introduciendo una patata en la malteada y luego llevándola a mi boca - Sabe mejor de lo que se ve. ¿Quieres probar? __ De ninguna manera - sonrió - eso se ve muy raro. __ Por favor - lancé mi mirada manipuladora - No digas que no si no lo has probado. __ Está bien, cómo negarme a esos ojitos - Negó con la cabeza - Te aprovechas de mi debilidad. Tomé una patata, la sumergí en la malteada y se la di en la boca. Su mueca fue rara al principio, pero después cambió. __ De hecho, sabe bien - dijo sorprendida. Terminamos de comer, pagué y me llevó a casa. Se despidió con un beso en la mejilla que torpemente por los nervios de ambas terminó en la comisura de los labios. Subí a la casa y ella siguió a la suya. __ ¿A quién se debe esa sonrisa? me dijo Kevin, justo detrás de la puerta, volviendo a tomarme por sorpresa. __ Carajo, Kevin. ¡Vas a producirme un infarto! - gruñí con una falsa molestia - ¿Vas a vivir ahora espiándome? __ Tranquila Hermanita, si no me quieres contar ahora está bien. Es bueno hablar las cosas ¿Sabes? Recuerda que soy tu hermano y puedes pedirme consejo de lo que sea. Kevin está cada vez más raro. ¿Será que ya lo notó? ¿O sólo está lanzando flechas a ver cómo reacciono? No, aún no me siento lista para hablarle de eso. Quiero primero ver cómo se dan las cosas con Juliana y si se concretan, le cuento todo de una vez. En eso mi celular sonó, sacándome de mis pensamientos. Era Juliana. «Gracias por llevarme hoy a ese lugar. ¿Puedes creer que llevo más de 3 años viviendo aquí y nunca había probado esos sándwiches? A partir de ahora, comeré allí más seguido y pensaré en ti mientras lo hago. Me encantó verte. Te llamaré pronto para nuestra cuarta cita, ya tengo en mente a dónde te llevaré. Que descanses». Luego de leer ese mensaje, coloqué el teléfono contra mi pecho y suspiré. «Si tu intención era conquistarme, déjame decirte que vas llegando a la línea de meta. Tienes un no sé qué que me encanta, Juliana» - me dije a mí misma. Parte IV Salí de la universidad y decidí caminar un poco. Estaba aturdida por las clases de hoy, pero el recuerdo de los días que he pasado con Juliana me hacían sonreír. Llegué a casa, coloqué el bolso en el sofá y fui a la cocina por un vaso de agua. Oí que tocaron la puerta y era un repartidor. Preguntó por Helena Cabral y me entregó un ramo de flores. Entré a ponerlas en agua y revisé la tarjeta que traía. «Flores para una delicada flor. Espero que sean de tu agrado, porque no sé de cuales te gustan. Para nuestra cuarta cita usa ropa deportiva y cómoda, apuesto a que te verás igual de hermosa. Te llamaré más tarde para acordar el día y la hora». Me derretí con las flores, eran unas hermosas margaritas. Juliana, ¿Qué estarás tramando? ¿A dónde me vas a llevar? Me invadía la duda, pero me toca esperar. Me metí a la ducha para preparar la cena. Sonó mi celular y lo contesté al primer timbrazo. __ Aló ¿Juliana? __ Hola Helena ¿Cómo has estado? ¿Recibiste mis flores? __ Bien, algo agobiada de la universidad. Sí, están hermosas. Te lo agradezco. __ ¿Cuándo estás disponible? Te raptaré todo el día. __ Mañana no tengo clases - me apresuré a decir- ¿a dónde me vas a llevar? __ Tenga paciencia, señorita. ¿Paso por ti a qué hora? __ mmm, a las ocho con treinta. __ Ok, recuerda vestir cómoda. Descansa, te veo mañana. __ Igual tú, Juliana. Cuídate. Me levanté a las siete de la mañana porque me gusta hacer todo con calma y la verdad dudo mucho que Juliana llegue tan temprano... A las ocho con treinta recibí un mensaje de que ya estaba abajo esperándome. «Va a caerse el cielo, Juliana Vargas ha madrugado hoy». Me causaba risa la situación. Me subí al auto y al rato estábamos frente al Parque de Bicicletas Leningrado. Ya veo por qué la insistencia en que vistiera cómoda. Entramos a estacionar y alquiló dos bicicletas con su casco. Sin darnos cuenta se nos pasaron las horas recorriendo el inmenso parque. Sin duda amo la naturaleza y ella lo sabe. __ Princesa hora de irnos - me dijo. Devolvimos las cosas y salimos de ahí con destino a mi casa. Llegamos y cuando me fue a dar el beso en la mejilla, giré la cara intencionalmente para rozar sus labios y me bajé del auto casi corriendo, dejándola un poco confundida. Al llegar, me fui a duchar de una vez. Cuando salí a la sala, tenía un mensaje de Juliana. «Verte sonreír no tiene precio y sentir tus labios es como tocar las nubes. Debo decir que me sorprendiste hoy, me gusta cuando eres espontánea. Me encantas pelirroja y para tu suerte (o mi desgracia) me estoy enamorando más de ti cada segundo que pasa. Me tardaré en llamarte para nuestra última cita, porque necesito tiempo para planearla cuidadosamente. Ten paciencia, Helena. Descansa». No pude evitar suspirar y le contesté enseguida. «Me encantó la salida de hoy, fue una distracción del día a día. Contigo me siento diferente, siento que puedo ser yo misma. Esperaré tu próxima llamada. Que duermas bien».
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR