Pasaron tres semanas hasta que tuve noticias de Juliana. Para nuestra quinta y última cita reservó en el Restaurant Lubov Lubov, conocido por ser medianamente de lujo y muy exclusivo. Me dijo que debía vestir formal.
Llegó el sábado y me estaba arreglando. Elegí una blusa manga larga de seda blanca, con una falda tipo tubo negra con abertura atrás y por encima de las rodillas. Medias panty negras y unos tacones negros. Y por si acaso, debajo un conjunto de ropa interior de encajes negra... Fui antes a la peluquería, me corté el cabello por los hombros y me lo alisé. Quería verme diferente y más moderna. Me maquillé discretamente y pinté mis labios de rojo, en combinación con mis manos.
A las siete de la noche recibí un mensaje de Juliana, esperaba por mí. Bajé y estaba afuera esperando junto al auto. Se me quedó mirando embobada, logré mi cometido. Yo también alcancé a verla. Vestía una blusa manga larga sin cuello blanca con bordes negros, una chaqueta de cuero negra, un pantalón de jean n***o pegado, mocasines bajos y su cabello lucía un poco más corto y alborotado con gel fijador. Se veía jodidamente hermosa, creo que me babeé al verla.
__ Te ves hermosa - me dijo mientras me abría la puerta del auto.
__ Gracias, tú también - respondí.
Llegamos al restaurante y nos llevaron a nuestra mesa. Vi la carta y realmente las cosas eran costosas. Que Juliana me haya traído a este lugar me terminó de convencer. No por lo material, sino porque tardó casi un mes ahorrando sólo para pagar la cena. Y eso no lo haría si sólo quisiera acostarse conmigo.
__ ¿Te molesta si ordeno por las dos? - Me apresuré a decir.
Pedí dos platos de Pelmeni en Salsa Alfredo y dos copas de vino tinto, lo más medianamente económico del menú. Trajeron la cena y se nos fue comiendo entre miradas cómplices. Al pedir la cuenta, me ofrecí a pagar la mitad. Juliana me miró sorprendida, negándose primero, pero le lancé mi mirada manipuladora y terminó accediendo. De ahí me condujo a casa, íbamos calladas todo el camino, sólo con el sonido del estéreo. Ya yo estaba maquinando alargar la velada, sólo que Juliana no sabía de mis planes. Estaba más nerviosa que las otras veces. Además, ésta era la quinta y última cita y ella me dejó la tortuosa decisión de lo qué pasaría a partir de ahora. Tenía que actuar yo, decidir qué hacer y hacerlo ya. Lo primero era traerla a mi zona de confort y allí todo sería más sencillo.
Al llegar a mi casa, decidió ésta vez llevarme hasta la puerta del apartamento, subiendo conmigo al ascensor. Llegamos a mi puerta y antes que dijera algo, la invité.
__ ¿Quieres pasar?
Ella asintió, abrí la puerta y entramos. La invité a sentarse al sofá.
__ ¿Quieres un trago? - le ofrecí enseguida y antes de que me diera su respuesta, ya traía dos vasos de Vodka, ofreciéndole uno y sentándome a su lado. Me tomé el mío de un solo sorbo, me sentía muy nerviosa. Ella apenas lo había probado.
__ Juliana yo… La pasé muy bien contigo estos días. Gracias por las salidas.
Juliana esbozó una media sonrisa, miró hacia la nada un momento y luego volvió a mírame.
__ Gracias a ti por aceptar. Supongo que ya debo…
La interrumpí colocando mi dedo índice sobre sus labios y mirándola fijamente a los ojos.
__ Y es aquí donde deberías besarme – dije con voz temblorosa.
Juliana se mostró sorprendida por mis palabras. Se acercó lentamente y me besó. Fue un beso lento y tierno, pero que nos revolvió nuestros corazones.
Me di cuenta que ya no podía seguir negando mis sentimientos hacia Juliana. No quería dejarla ir y no me refería a esta noche, sino de mi vida. El beso terminó y ahora salió a la luz una nueva inseguridad: me preocupaba lo que Juliana pudiera pensar de mí si le pido que se quede o peor aún, si hago lo que está pasando por mi mente. Deseo tanto entregarme a ella, darle mi más sincera prueba de amor, pero temo que pueda pensar que soy fácil. Ya había aclarado mi mente, pero ahora estaba librando nuevamente una lucha interna.
__ Hey - dijo Juliana sacándome de mis pensamientos - ¿Quieres que me quede? Así podremos hablar con más calma. Además, está nevando.
__ emm sí, eso me gustaría. Necesito otro trago, ¿Tú quieres uno?
Juliana negó con la cabeza mostrando su vaso aún con Vodka.
Yo fui a la cocina, me serví y me lo tomé de un solo sorbo. Comencé a hablar conmigo misma.
«Vamos Helena, Juliana ha sido linda contigo y se ha comportado. Te ha demostrado sus sentimientos, pero no va a esperar toda la vida. Y la verdad tú tampoco quieres. Vamos, Juliana no jugaría contigo, ella te ama. No habría sido paciente de no ser así. Busca la manera de quitar el muro que tú misma colocaste, déjala entrar».
En tanto, Juliana también pensaba.
«Quiso que me quedara, eso es un avance. Pero no te emociones, quizás te toque sofá. No es que piense sólo en eso, pero lo deseo y sé que ella igual. Pero con Helena las cosas son más complicadas de lo normal. No quiero arruinar todo por hacerla sentir incómoda. ¿Qué tal si aún es…? Nah, tiene veintidós años. De cualquier manera, no la hagas pensar que sólo era esa tu intención. Y si eso implica seguir esperando, te tocará. No se te ocurra presionarla».
Salí de la cocina y usé la excusa más barata que se me ocurrió.
__ Hace frío. ¿Qué tal si nos vamos al cuarto? Podemos hablar allí.
La cara de Juliana era una mezcla entre confusión y alegría. Asintió y nos fuimos a mi habitación. Me sentía tan nerviosa, como una res cuando va al matadero.
__ Ponte cómoda, ya vuelvo - le dije mientras iba al cuarto de baño.
No había escapatoria. Ya la tenía en mi cuarto, en mi cama ¿Y ahora qué? Me comencé a hablar frente al espejo.
«Brillante Cabral, tanta dureza no te va a servir de nada. Tienes que tomar la iniciativa, sino Juliana no se atreverá a tocarte. Está haciendo lo que le pediste y ahora se te volvió en contra ¿No? Pues te toca iniciarlo».