Me acerqué al lado donde estaba sentada, me coloqué frente a ella y la miré fijamente. Tomé sus mejillas y la besé. Me separé un poco, le eché mis brazos al cuello y sin dejar de mirarla le dije.
__ Te amo. En serio lo deseo…
Los ojos de Juliana brillaban, su respiración se aceleró. Claramente la alteré.
__ ¿Estás segura de que lo quieres ahora? No me importaría esperar un poco más de verdad…
__ Sí, estoy segura. No quiero hacernos esperar más por esto. Lo quiero y sé que tú también. Hagámoslo.
Juliana me tomó por la cintura y sin que yo me soltara de su cuello me recostó en la cama. Me besó muy lentamente y sus caricias eran muy leves. Me fue desabotonando poco a poco la blusa, mientras yo hacía lo mismo con la de ella. Ambas prendas fueron a dar al suelo. Mientras ella deslizaba mi falda yo le aflojaba el pantalón. Nos quedamos en ropa interior, ella sobre mí. En un instante le desabroché el brasier y ella el mío. Íbamos haciendo las cosas a la par. Con mis manos recorrí su espalda mientras ella besaba mi cuello y le quité la última prenda que tenía puesta. Ella me alzó un momento, para hacer lo mismo y se clavó entre mis piernas. Luego bajo a mis pechos, les dio atención uno por uno. Yo con una mano la tenía agarrada de la cabeza y con la otra apretaba la sábana, era tan intensa la corriente que recorría mi cuerpo. Juliana tenía experiencia, sabía dónde y cómo. Y entre besos, caricias, jadeos y gemidos, nos fuimos entregando. Y cuando volví en sí, ya era tarde para mí. Estaba completamente desnuda y entre sus brazos... Y debo decir, que nunca en la vida me había sentido más feliz y completa. Sin ánimos de dañar el momento, necesitaba decirle que esta había sido mi primera vez.
__ Sabes Juliana, sé que no soy tu primera, pero tú si eres la mía.
__ Lo sé, lo sé y en eso te equivocas pelirroja, eres la primera con quien hago el amor. ¿Quieres que te diga algo más? Vas a ser la única. Ahora que te encontré, no dejaré que te vayas y no iré a ninguna parte.
Me sentía como una paleta frente al sol, derritiéndose a cada instante.
Hicimos el amor un par de veces más y nos quedamos dormidas profundamente.
Kevin acostumbraba pasar por mi habitación para saber si estaba en casa. Si no me hallaba, me llamaba al celular. Esa mañana no fue la excepción. No acostumbraba a ponerle seguro a la puerta, así que cuando entró nos vio dormidas, abrazadas y con toda la ropa tirada en el piso, con las sábanas apenas cubriendo nuestros cuerpos. Su asombro era tal que se sonrojó mientras exclamaba en voz alta.
__ ¡Qué Demonios! Helena, Lo siento. Yo no… no sabía que… Discúlpame.
__ ¡Dios, Kevin! - sonrojándome.
Salió del cuarto pero su expresión no era molestia. Lo noté más bien decepcionado, herido. No lo sé. Juliana se enojó muchísimo y me lo reprochó.
__ ¡Creí que ya le habías contado de nosotras! - gritando.
__ ¿Tú también me vas a juzgar? – alzando la voz.
__ Creí que lo habías asumido, por lo menos con tu familia, pero veo que no. No tiene sentido que siga aquí, me largo.
Juliana se paró de la cama muy molesta, se vistió y se fue. Yo me sentía terriblemente.
Kevin llegó en la tarde. Ya había ordenado el desastre de mi cuarto y me había bañado.
__ Hola hermano.
__ Hey ¿Por qué no me lo dijiste? - se acercó a abrazarme. - No lo tomes como un reproche, sólo que no hallas confiado en mí me dolió un poco.
__ No es eso, me sentía avergonzada. Aún no salgo del closet. Nadie lo sabía, solo ella.
__ No por eso dejarás de ser mi hermana. Es tu vida y lo único que me interesa es que seas feliz. Ya es decisión tuya con quien. ¿Por cierto, quien era ella?
__ Es Juliana, mi novia. Si es que lo sigue siendo – miré al piso- se enojó muchísimo. Ella es la que me llevó al hospital cuando me atropellaron en Moscú.
__ Wow – silbando - entonces se conocen desde hace años.
__ Sí, pero no teníamos nada en ese entonces. Iniciamos hace varias semanas. Te voy a contar...
Kevin oyó atentamente la historia y entendió algunas cosas. Cuando terminé me propuso algo.
__ Mañana estoy libre. ¿Qué te parece si la invitamos a comer? Yo cocinaré y te aseguro que después de que coma se le olvidará todo – rió.
__ Ok, la llamaré. Ya se debe haber calmado.
Le marqué a Juliana. Me respondió a la tercera llamada.
__ Hola, pelirroja. No oí el celular. Me había quedado dormida.
__ Cariño, lo lamento mucho. Tienes razón de estar molesta, entiendo eso.
__ Yo también lo lamento, reaccioné muy mal. Prometí que respetaría tus decisiones.
__ Mi amor lo sé, más paciente no has podido ser y te lo agradezco de verdad. Te llamaba para invitarte a comer a la casa mañana, mi hermano es ayudante de Chef y va a cocinar para los tres.
__ ¿Me hablas en serio?
__ Si corazón, en serio. ¿Puedes creer que mi hermano ya lo sabía? ¿Es que soy tan obvia?
__ No amor, es que él te conoce. No te preocupes por eso ¿sí?
__ Está bien. Pasa por mí a la universidad y nos venimos a la casa.
__ Contaré las horas, pelirroja.
Juliana vino a la casa, ya Kevin tenía lista la comida. Nos sentamos a comer y él entró en confianza con ella rápidamente. Aunque fue a mis expensas, me hacía feliz tenerlos reunidos. Kevin le contaba de las travesuras que hicimos de jóvenes y Juliana disfrutaba verme sonrojar.
__ ¿Te acuerdas cuando chocaste el auto de papá tratando de sacarlo del garaje? - dijo Kevin divertido - tuve que echarme la culpa para que no te castigaran - soltó una carcajada - amenazó con mandarme a un colegio militar, pero nunca lo hizo.
__ Sí, lo recuerdo - admití - quería escaparme con Katya a una fiesta. Recuerdo que te castigaron por dos semanas.
Y así transcurrió la tarde entre cuentos y risas.
Juliana miró su reloj y con pesar dijo que ya debía irse. Kevin notó mi mirada angustiosa.
__ Oye, cuñada ¿Por qué no te quedas esta noche? Es peligroso manejar con estas nevadas.
Luego se acercó a Juliana y le dijo al oído para que yo no escuchara.
__ Sólo no hagan mucho ruido.
Juliana sólo afirmó con la cabeza. Kevin bostezó y se despidió de nosotras, dejándonos solas.