Capítulo 8: Vestidos y Apariencias

1249 Palabras
Capítulo 8: Vestidos y Apariencias El regreso a casa después del banquete anterior había sido silencioso, cargado de una tensión que aún no lograba comprender. Alexander no había dicho mucho durante el trayecto, pero su actitud dejaba claro que esto era solo el comienzo de algo más grande. Ahora, mientras me encontraba de nuevo en la mansión, me preguntaba qué estaba planeando. Sabía que lo que había pasado en el evento no era casualidad, pero no tenía respuestas claras. Estaba sumida en esos pensamientos cuando lo escuché acercarse. Estaba en el salón, su porte tan impecable como siempre, pero esta vez parecía más… relajado, o tal vez satisfecho. Cuando me habló, su tono era firme, como si lo que iba a decir ya estuviera decidido. —Ve a cambiarte. Tengo algo especial preparado para ti. —Me tendió un vestido, elegantemente empaquetado en una bolsa de lujo—. Ponte esto, quiero que me acompañes a otro banquete esta noche. Lo miré sorprendida. No esperaba que me pidiera que lo acompañara de nuevo tan pronto, y menos a algo tan formal como un banquete. El vestido en mis manos era impresionante, un diseño que claramente pertenecía a alguien acostumbrado al lujo. Por un instante, sentí que esto era un sueño lejano, que nada de esto era real. —¿Otro banquete? —pregunté, tratando de mantener la calma. —Sí —respondió, sin apartar su mirada de la mía—. Y esta vez, quiero que lo hagas bien. Te presentaré a algunas personas importantes. Será útil para nosotros. Útil para nosotros. Sus palabras resonaron en mi mente. Sabía que todo esto era parte de un juego para él, pero aún no entendía las reglas. Sin embargo, no podía permitirme cuestionarlo en ese momento. Si quería mantener la fachada y, más importante, proteger mi secreto, debía hacer lo que él pedía. Asentí lentamente y subí a mi habitación para cambiarme. Al abrir la bolsa, el vestido me dejó sin aliento. Era de un color rojo intenso, con un diseño sofisticado que resaltaba la delicadeza de su confección. Me lo puse, y para mi sorpresa, me quedaba perfectamente, como si hubiera sido hecho a medida. Por un momento, me miré en el espejo y casi no me reconocí. La mujer que estaba frente a mí parecía segura, hermosa, y completamente fuera de lugar en mi vida actual. Cuando bajé, Alexander ya estaba esperando. Llevaba un traje n***o que lo hacía lucir sorprendentemente guapo, una imagen completamente diferente del hombre frío y distante que conocía. Por primera vez, me sentí desconcertada. Había algo en la forma en que se movía, en su postura y elegancia, que me hacía cuestionar mi percepción de él. Hasta ahora, había pensado en Alexander como un hombre rudo, alguien que solo tenía su posición gracias a su fuerza bruta y su oscuro pasado. Pero esa noche, mientras lo miraba, me di cuenta de que había mucho más bajo la superficie. —Te ves… diferente —murmuré sin poder evitarlo, observando cómo el traje lo transformaba. —Lo mismo podría decir de ti —respondió, con una leve sonrisa que apenas se dibujaba en sus labios—. Vamos, no quiero llegar tarde. El lugar del banquete era más lujoso de lo que había imaginado. A medida que el coche se detenía frente al gran salón de eventos, mis nervios empezaron a crecer. El brillo de las luces doradas, el murmullo de las conversaciones elegantes y el sonido de las copas tintineando en el aire, todo contribuía a crear una atmósfera de opulencia que me hacía sentir fuera de lugar. Alexander, en cambio, parecía encajar perfectamente. Me guió con su mano firme en la parte baja de mi espalda, un gesto que habría parecido íntimo si no fuera porque sabía que solo se trataba de apariencias. Mi mente seguía tratando de procesar todo cuando llegamos al centro del salón. Y entonces, los vi. A lo lejos, entre la multitud, los padres de Melissa estaban presentes, sonriendo y charlando con los demás invitados, como si todo en sus vidas estuviera perfectamente en orden. Un nudo se formó en mi estómago al verlos. Sabía que tarde o temprano me los encontraría, pero no estaba preparada para ese momento. Alexander notó mi tensión de inmediato. Me miró de reojo y, sin darme la oportunidad de reaccionar, me guió deliberadamente hacia ellos. Mi cuerpo se tensó aún más con cada paso que dábamos. —Te presentaré a algunas personas —dijo en un tono tan bajo que apenas lo escuché—. Hazlo bien. Mi corazón latía con fuerza mientras nos acercábamos. No era una simple coincidencia que Alexander me llevara a ellos. Quería que interactuáramos, que me enfrentara a la mujer que había hecho todo lo posible por destruirme. Los padres de Melissa nos vieron acercarnos. La madre de Melissa, con esa misma sonrisa calculada, me escudriñó de arriba abajo, como si intentara encontrar algo de valor en mí. Su expresión no cambió ni por un segundo, pero podía sentir el desprecio en su mirada. —Alexander, qué sorpresa verte aquí —dijo el padre de Melissa, estrechando la mano de Alexander con una sonrisa educada. —No podía perderme esta velada —respondió Alexander con la misma cortesía. Sentí el peso de la mirada de la madre de Melissa sobre mí, y aunque cada fibra de mi ser quería alejarse, sabía que no podía escapar. Alexander me había llevado a esta situación a propósito, y ahora, debía cumplir con mi papel. —Ella es Emma, mi esposa —dijo Alexander, con una firmeza que me hizo estremecer. La madre de Melissa apenas disimuló su desdén. Me dedicó una sonrisa tensa y vacía, pero sus ojos me decían algo completamente diferente. Era obvio que no me veía como alguien digno de estar en esa posición, y peor aún, sabía exactamente cómo había llegado ahí. —Qué placer conocerte, querida —dijo con una dulzura que me resultaba insoportable. No pude evitar tensarme. Sabía que debía responder, que debía jugar el mismo juego que todos jugaban en ese salón, pero algo en mí se resistía. Era la misma mujer que me había amenazado, que había utilizado a Martín como un peón para controlarme, y ahora, fingía que nada de eso había sucedido. —Igualmente —respondí, aunque mi voz sonaba vacía. Alexander, sin perder su compostura, nos dejó a solas por un momento mientras intercambiaba algunas palabras con otros invitados cercanos. Y fue en ese instante cuando la madre de Melissa se inclinó ligeramente hacia mí, su voz apenas un susurro. —Espero que estés disfrutando de este pequeño teatro. Sabes tan bien como yo que esto no durará. —Su sonrisa no desapareció, pero su tono era venenoso. Tragué saliva, intentando no dejar que sus palabras me afectaran. Pero sabía que tenía razón en algo: todo esto, todo lo que estaba sucediendo, era solo una fachada, y en cualquier momento, la verdad podría salir a la luz, destruyendo todo lo que había intentado proteger. Alexander regresó antes de que pudiera responder, y con una mirada decidida, me guió de nuevo a través del salón. Me sentía atrapada, confundida por lo que acababa de suceder, pero más aún por la actitud de Alexander. ¿Por qué había querido que me enfrentara a ellos? ¿Qué ganaba con esto? La noche avanzaba, pero las preguntas no dejaban de acosarme. Sabía que, a partir de ese momento, las cosas solo se complicarían más.
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