Ethan No sé exactamente en qué momento pasamos de “celebración moderada” a “claramente estamos demasiado ebrios”. Pero ocurrió. La tercera ronda se convirtió en quinta. La quinta en octava. La cantina ahora es más ruidosa, más cálida, más… borrosa. Samuel está contando una historia exagerada sobre cómo una vez domó un toro que claramente lo arrastró media finca. Bruno discute con el cantinero sobre cuál cerveza es mejor. Elías canta con el tipo de la esquina. Tomás solo bebe en silencio, pero sonríe más de lo habitual. Yo estoy… flotando. Mi brazo todavía duele por la competencia, pero ahora se siente como una medalla. —Primo —dice Samuel, apoyando el brazo sobre mis hombros—. Ya eres parte del folclor. —Eso suena peligroso —respondo riendo. En eso… La puerta de la cantina se a

