—Te amo —susurró Marcus sobre los labios de Alexa antes de besarla con suavidad, apenas rozándolos. —También te amo —respondió ella, acercándose un poco más. Marcus suspiró cuando el beso terminó, aunque sus frentes permanecieron juntas. —No deberíamos hacer esto aquí —murmuró Alexa con una sonrisa tímida—. Estamos en el hospital. —Este hospital le pertenece a mi familia —expresó Marcus con orgullo. —Eso sonó un tanto idiota de tu parte —se burló Alexa. —Soy el idiota de tu jefe, tú misma me nombraste —contestó Marcus. —Pero eres mi irresistible jefe —aseguró Alexa, besando de nuevo los labios del pelinegro, que correspondió encantado. Estaban recostados en la cama del hospital, en una de las habitaciones VIP, y aunque no había mucho espacio, Alexa era lo suficientemente pequeña co

