Era momento de dejar las cosas claras con su jefa, así que Tomas abrió la puerta y entró. Leyla Wilson vestía un traje gris con una falda en tubo, hecho a su medida que abrazaba su esbelta figura a la perfección, resaltando su porte elegante y seguro. Su cabello castaño claro, casi rubio, estaba perfectamente peinado, y en su atractivo rostro llevaba unos lentes que le daban un aire sofisticado y profesional. ¿Por qué tenía que verse tan atractiva? Tomas se perdió en ese pensamiento por unos segundos y le costó más de lo que quería volver a la realidad. —Tomas… —Buenos días, arquitecta Wilson —la interrumpió él de inmediato. Leyla lo miró sorprendida. —No me llamas “arquitecta Wilson” desde que eras apenas un pasante —dijo, aún incrédula. —Creo que después de lo que sucedió la últi

