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1062 Palabras

La claridad del día no perdona a quienes olvidan cerrar las cortinas. Por eso el sol del mediodía cayó como una daga sobre la enorme cama para lastimar los ojos de Albana que no tuvieron más remedio que abrirse. Sin terminar de saber que parte de su cuerpo suplicaba más clemencia, el final del descanso no tuvo alternativa. De solo recordar el motivo de su extenuante estado la sensación de hormigueo en su abdomen regresó demandante para exigir más placer. No le importaba cuántas horas había dormido, estaba dispuesta a volver a disfrutarlo aunque tuviera que apelar a las más sugestivas técnicas. Con un sonido similar a un ronroneo, estiró sus brazos en un intento de encontrarlo, pero el frío de las sabanas tuvo el efecto similar a un balde de agua en medio de la cara. Se sentó súbitamen

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