Albana creyó que nunca llegaría a recordar con certeza lo que estaba ocurriendo. Su cuerpo había reaccionado de una forma que nunca antes había sentido. La forma en la que la había abordado, con tanta determinación, la había dejado indefensa y tan entregada que solo pudo separar sus labios y darle permiso para que hiciera a su antojo. Gael sabía lo que hacía. La deseaba. Sus manos la habían tomado para acercar sus bocas y la explosión no se hizo esperar. Sus lenguas olvidaron que no les gustaban los mismos ritmos para encontrar el equilibrio perfecto, ella dejaba escapar ligeros gemidos que lo alentaban a seguir, su piel era suave y sus ojos cerrados traducían el gozo que sus besos también le provocaba.Tenía el control, sabia como hacerlo, pero entonces ella lo tocó. Presa de su propio

