Jeyco por un momento permaneció en silencio con los ojos bien abiertos, en su mirada se reflejaba temor, ese hombre había logrado asustarlo, pudo sentir por el tono de su voz que hablaba muy en serio y no tendría compasión ni pena por él. Su corazón se aceleró de manera inesperada, en su frente comenzaban a aparecer gotas de sudor frío y su cuerpo temblaba como una gelatina. Por primera vez en la vida se sentía inferior, en desventaja, era una presa acorralada entre la espada y la pared y por más que quisiera no encontraba una salida a su problema y con bronca se maldecía por haber cometido el terrible error de confesarle a Erick su verdadera identidad y no acabar con su asquerosa vida en ese momento. La ira brotaba dentro de su ser como un volcán a punto de erupcionar, sabía perfectamente

