Después del gran buffet todos se dirigen al salón de juegos, algunos bailan y otros tan sólo juegan, tengo los nervios de punta no hayo la hora que Ricardo se descuide, pero esta noche en especial no me ha quitado la mirada de encima, creo que mi intención de escapar se va ir ala basura ¡Dios ayúdame!... Salgo de mis pensamientos al ver a aquel hombre joven que viene directo hacia mí, en toda la noche no me ha quitado la mirada y eso me tiene un poco más nerviosa, no quiero meter la pata. — Buenas noches, bella dama — dice el joven hombre acercándose a mi. — Buenas noches — le respondo en voz baja. — Me gustaría que me concediera está pieza —. Veo que no me quita la mirada para nada. — No gracias, no bailo— dije con tono seco. — Creo que no se acuerda de mí, mi nombre es Fernando

