Despierto y veo al hombre calvo, está durmiendo plácidamente al lado mío ¡que Carajo!, ¿Qué hace todavía aquí?, levantó su brazo suavemente de mi cintura para poder escapar de sus garras, lo miró y aparentemente está dormido. — ¿A dónde piensas ir muñequita? — dice aún adormilado apretándole hacia él, veo que mi esfuerzo fue en vano, su cuerpo me acorrala contra la cama y sus palabras, son relámpagos que azotan mi ser, quiero llorar y pedirle que de una vez acabe con mi vida. Me da asco verlo, su piel, su tacto. — ¿Qué más quiere de mí, ¡váyase por favor! —, le digo en súplica, ya no quiero estar cerca de él me repugna, acudo a su razón de ser, a ver si se conmueve aunque sea un poco de esta pobre mujer que ha caído en desgracia. — Pero que dices mi reina, ¿Cómo quieres que me vay

