Capitulo 11

1982 Palabras
Ohhh… Ahhh… ¡No! ¡Más! Tener a este ángel que viene del mismísimo cielo arrodillado frente a mí aceptando mis condiciones es la puta felicidad en envase XXXXL. Si digo que no me sorprendió verlo en mi habitación dorada, sería blasfemar y debería ir a pagar mis pecados bañándome en agua bendita. Es que todo fue un golpe de adrenalina desde que lo vi y que no crea que no noté que quería escapar. Cuándo Christine me avisó que mi paquete estaba entregado en la habitación, las ganas de saber cuál era el regalito de Russell me comieron y volé por el club y el abrir esa puerta, fue como entrar al paraíso. Ese angelito que me había dominado y se había adentrado en lo más profundo de mis sueños estaba frente a mí, en vivo y en directo. Pero no podía ser tan notoria en mis emociones, mi niña interna daba brinquitos, pero la perra dominatriz solo esbozaba una sonrisa ladina de suficiencia, cambié la táctica y me hice la indiferente y diablos, el angelito tenía agallas porque me robó el primer beso de la noche. Su toque, al tomar mi muñeca, me dejó como una estatua sin siquiera reaccionar. Su posesividad para atacar mis labios me prendió a niveles jamás imaginados, juro que me corrí con esa sola acción, pero no podía caer tan fácil ante tamaña tentación, no era la primera vez que un ser, a primera vista me atrajera tanto y recordé, recordé todo aquello que me atormentaba y por lo que había decido venir aquí y cambiar parte de lo que era. En un acto reflejo lo lancé, como mi entrenador personal me lo había enseñado y como gata en celo me coloqué sobre él, quería marcarlo, morderlo, devorarlo por la osadía que había cometido, pero el aroma amaderado de su cuerpo me produjo náuseas y debí alejarme de él, lo odiaba, odiaba el aroma nauseabundo que expelía ese cuerpo de Adonis ¿Qué Russell no le indicó mis exigencias? ¿O era lo demasiado testarudo o estúpido para no tomarlas en cuenta? Como pude me recompuse y debo decir que el champagne me ayudó a sacar ese maldito aroma de mi sistema, volví a mi postura, una muy bien aprendida y trabajada, esa que me daba el poder y el mando en cualquier situación. Eran años de circo y esos no los botaría ahora solo por la necesidad imperiosa que tenía mi cuerpo de estar sobre él y dominarlo. Recompuse mis ánimos y volví a encararlo, quería saber hasta dónde llegaría después de haberle quitado la sonrisa de suficiencia que tenía al besarme, porque ¡Diablos! Aguanté cada uno de sus ataques y jamás le quité la vista de esos ojos que eran un mar tempestuoso. Esta sería su prueba de fuego, quería con todas mis ganas que aceptara que sería mi sumiso, lo provoqué al mostrar mi piel desnuda y lo vi titubear, ahí tomé el contrato, esta era la única forma que podría controlar a su bestia y controlarme yo y nuevamente ese ángel quería dominar, verlo negarse vehementemente me causó risa, era como un niño chiquito pataleando por que su mami no le dio un dulce, la ira lo corroía y vi en sus ojos que no cedería. —¡Qué lástima! Pues si solo era para salir de la duda, ya está, te puedes ir para que llame a otro que sí querrá firmarlo. Un… Dos… Tre… Ups, no me dejó terminar de contar cuando fue corriendo a sacar su pluma de su chaqueta y como el loco que es firmó y me lanzó el contrato. —Listo, ¿Contenta?—Si vierar como salto de felicidad mi angelito. —Mucho, ahora ven aquí— lo conmino a acercarse y aprovecho de seguir provocándolo, sé que al igual que yo está al borde, pero no puedo dejar que su fiera detenga todo lo que quiero hacerle—.Buen chico, ahora arrodíllate. Una orden bien dada, con el tono de voz perfecto, un movimiento de mano y su cuerpo cayó a mis pies, como si hubiera estado destinado a obedecer mi orden desde el día en que nació. Los hombres eran tan básicos, si querías algo de ellos era solo apretar el botón indicado y ellos se movían. Pero con este angelito me estaba costando un poco, solo un poco poder enrielarlo. Sus manos fueron a mis pierna y yo que pensaba que irían a mis pechos desnudos, error, Vannah, error. Así que lo corregí con un certero golpe en ellas —Estás jugando con fuego— masculló con la respiración entrecortada y ese pecho que subía y bajaba —Recuerda, angelito. Mi habitación, mis reglas. Tomé su cara y lo besé, pero nuevamente su olor me mareo, necesitaba sacárselo de encima o juro que no podría seguir haciendo nada. Sus movimientos me indicaban todo lo que estaba soportando por no poder tocarme y una sonrisa ladina se esbozó en mis labios, lo chupé, mordí y lamí hasta el cansancio, mi nueva mascota era bastante moldeable, casi como si no hubiera besado nunca, pero eso no podía ser cierto ¿no? » Ve a esa puerta que está ahí y dúchate — digo, soltándome del beso y deseando más. —De… ¿de qué hablas? —¿De qué más puedo hablar angelito? Sexo, duro y desenfrenado, entre estas cuatro paredes— le digo relamiendo mis labios y tomando otro sorbo de champagne de la botella. —Yo, es que… bueno. No era…— me vuelvo a acercar y aunque el olor me marea me coloco en puntitas y mientras lamo es cuello que deseo marcar le digo. —¿Será posible que este angelito quiera aprender a dominarme para usarlo contra mi?— Frunció la boca mientras pasaba mi indice bajaba por su cuello y ups abrí el primer botón de su camisa. Levantó la mano para detenerme, pero en un acto que me imagino le costó muchísimo hacer la empuñó y se dio la media vuelta y enfiló sus pasos para entrar en el baño. Tan divino… Me dirigí al armario para buscar lo que utilizaría hoy, sería una prueba para él y para mi propio autocontrol, así que tomé la fusta simple, un par de esposas y el pequeño anillo que quería probar. Una nimiedad… Me senté a esperarlo, aunque aproveché para sacar el leotardo que traía puesto, quedando solo en una pequeña braga y mi hermoso antifaz de plumas. Mientras escuchaba la ducha, tomé el contrato y vi que en el acápite de sumiso colocó Ángel y su firma era un garabato. —Tienes bonita letra, angelito, veamos que más tienes para mí. Cuando el agua dejó de sentirse, me preparé para mi festín y debo decir que verlo con la toalla en su cintura y esas gotas cayendo por todo su cuerpo se me hizo agua la boca, tragué grueso y le indiqué que se acercara a mi. Su rostro cubierto por el antifaz le daba el marco perfecto a ese cuerpo divino que estaba frente a mí y aunque notaba sus nervios y ansiedad dejé que su mirada azulina me devorara. —¿Te gusta lo que ves angelito? —Sí—tragó grueso y continuó— me encanta. —Pues debo decir que tú no estás nada de mal, angelito— con la mayor tranquilidad posé mis manos sobre la toalla y de un solo movimiento la quité y debo de decir que quedé más que complacida. Su m*****o, aún un poco dormido, se mantenía semi erecto frente a mis ojos, grande y grueso, justo lo que Val me recomendó, se erguía ante mí en todo su esplendor, definitivamente me quitaría las ganas. —Acuéstate, hoy aprenderás la primera lección para ser mi sumiso. —¿Por qué crees que quiero aprender de ti?— pregunta un tanto incomodo mientras rodea la cama y se recuesta. —Solo escucha mi voz, no necesitas cuestionar nada, angelito. Cerró los labios en una fina línea y se posicionó en el centro de la cama, desnudo y dispuesto, física y esperaba mentalmente. Tomé las esposas y me acerqué a él. —¿Qué… qué haces? —Shuuuuu, deja de cuestionar, angelito y levanta tus brazos. Accedió sin chistar, otro punto para angelito, coloque las esposas y las afinqué en la cabecera de la cama, con sumo cuidado introduje sus manos en ellas y el click frío que hicieron al cerrarse lo puso atento y en posición firme. Me senté a su lado y con la fusta comencé a delinear su hermoso pecho, que subía y bajaba con intensidad. Di el primer golpe y su cuerpo saltó con la impresión. —Ahh… —¿Dolió angelito? —No, fue solo la impresión. Di el segundo golpe sin esperar a que siguiera hablando y este fue el doble de fuerte —Ohh… —¿Te gusta lo que te estoy haciendo? —Duele como la mierda, pero lo puedo soportar. —Entonces me detengo… —¡No! —Eres un goloso masoquista, mi ángel bonito. —No me sigas torturando con tus palabras y dime que quieres que haga. —Entonces sigamos.Hoy serás mi muñeco inflable. Y sin más besé sus labios, lamí y mordí hasta saciar mis ganas mientras mis manos jugaban con su piel desnuda hasta llegar a ese pedazo de carne que ahora estaba completa y absolutamente firme y levantado, lo delinee con mis dedos y sentí como se levantaba más, esto sería una delicia. Me senté a horcajadas en su cara y moví mi braga, ahora venía su segunda prueba. —Lame— ordené, fuerte y claro. Su boca se acercó dudosa y mierda, me pareció que jamás lo había hecho porque sus movimientos eran toscos y casi pueriles, con una de mis manos me aferré a la cama y con la otra abría mis labios para que se adentrara y diablos su lengua ahora si que estaba haciendo maravillas. Comencé a moverme y seguir el ritmo de su cabeza, tomé sus cabellos y lo dirigí a mi gusto, mis jadeos y gemidos se escuchaban en toda la habitación hasta que exploté en un feroz orgasmo que me dejó sin aliento, dejé caer mi cuerpo sobre su cara y estoy segura que pensó que lo iba a asfixiar, pero era solo por unos segundos en que me reponía. Cuando mis piernas dejaron de temblar me levanté un poco y la sonrisa de suficiencia de ese ángel pilluelo, borró la mía. Levanté mi cuerpo y tome el anillo y un condón, con un pequeño movimiento me coloqué encima de su erección sin rozar nuestros centros y con sumo cuidad comencé a colocar el anillo. —¿Qué haces?— preguntó ansioso. —Mira y disfruta, angelito. Una vez que dejé bien puesto el anillo deslice el latex por su m*****o y un gemido salió de sus labios. Posicioné mis pliegues encima de ese monstruo y de un solo movimiento bajé hasta tenerlo hasta el fondo. —¡Más! Por favor… Sus gemidos y los míos fueron música para mis oídos y lo cabalgué como toda una amazona. Subí y baje sin contemplación para lograr mi propia liberación, me toqué y pellizqué mis senos, reboté jadeando, mientras sus brazos intentaban soltarse de sus amarras, pero se lo dije era mi muñequito inflable, mi juguete y me divertí con él hasta que no lo soportó y sentí como se corría, lo que hizo que mi cuerpo se convulsionara y tuve mi segundo orgasmo. Caí sobre su cuerpo, casi sin aliento, necesitaba recuperarme para terminar mi primera lección, pero lo que me dijo entre jadeos me dejó en shock. —Gracias por darme la mejor primera vez. ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2410107717945
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