No puedo creerlo
El sonido de los acordes de Enemy y las cortinas abriéndose de par en par me dan la bienvenida a un nuevo día y diablos, me siento fatal.
—¿Qué mierda fue lo que hice?— me meso los cabellos molesta y luego froto mis sienes, no debí dejar que se quedase y menos al darme cuenta de quién es, pero por suerte no está en mi cama, debe haber salido temprano y eso me quita un gran peso de encima.
O por lo menos pienso en estos momentos porque de verdad que he sido demasiado descuidada ¿Cómo pude ser estúpida? Las señales estaban a la vista y no caía en ellas.
Misma estatura y complexión...
Esos ojos que son dos mares en caos...
Esa forma de ser tan mandona y molesta…
Y su voz, esa voz que se diluye en el club por la música y el ruido estruendoso del sexo en todas partes.
Lo he tenido frente a mí todo este tiempo y solo al notar las marcas en sus muñecas es que vengo a caer en cuenta de quién mierda es.
—Mierda, Vannah, estás frita.
Me levanto y entro a la ducha, es bueno que se haya ido, no tendría cara para verlo ahora, necesito hablar urgentemente con Russell, debo resolver lo del contrato, esto no puede seguir.
Después de una ducha reparadora me muevo en el baño escuchando la música que se reproduce y una vez que he terminado de colocarme mis cremas es que decido ir por un café, un vaso de agua y esas malditas pastillas para esos tipos de errores en los que no caería.
Salgo se mi habitación y camino hacia la cocina, tarareando take me to te beach. Enciendo la cefetera y busco fruta en el refrigerador, cuando una voz me saca de mis pensamientos y me hace saltar de la impresión.
—Buenos días, Savannah.
—Jesús, ¿qué mierda haces aquí? Pensé que te habías ido.
—No pude dormir y vine anoche a preparar algo, pensé que te despertarías con hambre, pero veo que seguiste durmiendo sin ningún problema—su tono es un poco molesto, pero lo dejo pasar. No me quiero armar películas en la cabeza, por ahora no—. Si quieres comer está en el pote de vidrio en el segundo gabinete.
—Gracias ¿Y por qué no pudiste dormir?— pregunto dudosa. Está demasiado serio, casi diría que molesto ¿Me habrá reconocido? No lo creo. No hay forma. No tengo marcas y nunca me ha visto el club que no sea como Queen.
—Tenía demasiadas cosas en mi cabeza para pensar.
Se levanta del sofá en que estaba y se estira como si nada para mostrarme su desnudez en primera plana.
«Mierda, qué bien se ve y es todo mío» No, no lo es. Ya lo habías decidido, Vannah.
Camina a paso lento hasta que llega frente a mí y de la nada me toma de la cintura y me besa. Es uno de esos dulces y tiernos, que me desarman, es tan amoroso cuando se lo propone que me descoloca.
—Buenos días, niño bonito — mi voz sale como si estuviera hablando una niña boba y le sonrío en medio del beso, él me mira por unos segundos y de la nada baja al hueco de mi cuello y huele mi piel.
—Buenos días, de nuevo, preciosa—Inhala y exhala lentamente, lo que me produce una sensación asquerosamente exquisita y que hace que mi v****a palpite con necesidad—¿Qué tienes pensando para hoy?
—¿Además de trabajar como condenada? Nada, hoy tendré un día complicado, es día de ingreso de nuevos pacientes y revisión de los que están en proceso de espera para trasplante.
—¿Quieres salir a almorzar? O podemos vernos a la noche— me dice, sin siquiera soltar su fuerte agarre y yo estoy que me debato entre ser sensata o dejarme llevar.
—Puede ser, pero déjame llegar a la consulta, no puedo asegurarte nada, ya sabes cómo es la rutina de un médico.
Frunce el ceño y me suelta para apagar la cafetera y nos sirve una taza a cada uno, se sienta en la mesada y yo aprovecho de terminar de sacar lo que ha preparado.
—Había pocas cosas para usar, pero espero y te guste.
Hay dos sandwiches de jamón con verduras y se me cae la cara de vergüenza, al ver que no hay mucho en la despensa y en el refrigerador.
—Lo siento, no he tenido tiempo de surtir, como entenderás no es que pase mucho en casa.
—Lo noto.
El desayuno se mantuvo en un silencio un tanto extraño, lo miraba de reojo y me deleitaba con su cuerpo, el muy desgraciado estaba bien formado y diablos que si lo sabía, aunque en el cuarto dorado era poco lo que me había preocupado por admirarlo, pues las veces que habíamos estado juntos me dediqué a disfrutarlo.
En eso suena mi teléfono y comienzo a buscarlo, notando que estaba en la mesita de café que tengo en la sala.
—¿Cuándo lo dejé ahí?— James me mira y vuelve a lo suyo, debe ser que está trabajando con su celular, pues ni se inmuta y yo camino hasta la mesita y tomo el teléfono. ¡Diablos! Es Russell— . Me disculpas, necesito contestar.
—No te preocupes, me iré a duchar, necesito ir con urgencia a la oficina.
—Okey— me acerco al pequeño patio de mi departamento y contesto— . Hola, cariño ¿para qué soy buena?
—Hola, preciosa. Angelito me ha pedido que se reúnan hoy , ha hecho valer el contrato y…
—Me parece perfecto— creo que me viene como anillo al dedo, así termino con todo y mato dos pájaros de un tiro—, dile que lo espero a las nueve, como siempre.
—Tendrá que ser en mi habitación, no creo que los chicos tengan lista la tuya para la noche.
—No te preocupes, no creo volver a salirme de mis casillas.
—Está bien—dice en tono cansado, debe ser que ese angelito lo llamó temprano ¿no?—, te dejo, cariño. Tengo algunos pendientes.
—Okey, no te preocupes, yo debo salir al hospital. Te mando un beso.
—Y Vannah…
—Dime.
—Lo que sea que pase, siempre me tendrás como tu amigo.
—Lo sé, tonto.
—Te quiero.
—Yo también. Adiós.
Cuelgo la llamada y al voltearme me encuetro con esos ojos azules mirándome fijamente, está molesto ¿Será que escuchó algo? Le sonrío y salgo casi huyendo de su lado para vestirme, necesito guardar un poco de distancia.
—¿Savannah?— entra tras de mí y se coloca en el marco de la puerta.
—Dime.
—Será mejor que nos veamos a la noche, me han citado de la alcaldía para ver nuestro proyecto y no sé a qué hora terminaré.
—Ah, mmm, lo siento, James, pero no puedo en la noche, tengo un compromiso con mi amigo que me acaba de llamar.
—Está bien, entonces veámonos otro día — dice en tono derrotado y sale de mi habitación sin decir otra palabra más.
Me visto rápido y busco mis cosas, deberé llevar algo para cambiarme en el hospital, no alcanzaré a volver a casa, así que echo algunas prendas y uno de mis antifaces a uno de mis bolsos y salgo para encontrarlo lavando lo que ocupamos en el desayuno.
—¿Listo? Aprovecho de dejarte en tu departamento rumbo al hospital.
—Gracias— dice limpiándose las manos y tomando su chaqueta— ¿Vamos?
—Vamos.
Salimos del departamento y nos subimos a mi bebe, le pido a Siri que coloque música y le digo a James que me de su dirección para dársela al navegador.
Silencio entre los dos es nuevamente lo que nos mantiene en el camino, pero no quiero estropear esto. De verdad que James me gusta y no quiero echar a perder lo que pueda nacer entre los dos.
Lo dejo en la entrada de su edificio y él se despide de mí con un tierno beso, enfilo mi camino hasta el hospital y al llegar me encuentro con todo el ajetreo diario, cinco nuevos pacientes que entran a la nomina nacional y dos trasplantes que se llevan con éxito son mis números psra el día de hoy.
Son las seis de la tarde y Val entra en mi consulta para hacer nuestro podcast.
—No voy a preguntar nada el día de hoy— mentirosa, sé que se muere por saber.
—Y yo no diré nada, me atengo a la quinta enmienda.
—Idiota, pero lo único que te quiero decir es que no juegues con James, él no es de los que está metido en todas esas cosas que haces.
—¿De qué hablas?
—Vannah, somos amigas, te quiero y te respeto, pero siento que algunas veces ocultas cosas y te entiendo, puede que no te sientas lo suficiente segura de contármelas, pero cuando quieras aquí estaré.
—Si lo dices es porque algo sabes ¿no?
—Sí, pero no soy yo la que debe hablar.
—¿Me investigaste?— pregunto un tanto ofuscada.
—Como a todos los que trabajan acá. Sabes que con todo lo que hemos pasado, somos más rigurosos, pero lo que hagas con tu vida no es ningún impedimento para tu trabajo aquí.
—¿Desde cuándo lo sabes?
—Desde que te conocí y decidí que eras la indicada para el cargo— se encoge de hombros y se sienta en su silla.
—¡No lo puedo creer!
—Pues créelo. Repito, Vannah, lo que hagas con tu vida privada no me incumbe, pues en todo este tiempo no lo ha hecho con tu trabajo, pero el tema es que James está demasiado interesado en ti y no me gustaría verlo mal, en este poco tiempo que lo conozco me he dado cuenta que es una buena persona y que tiene buenos sentimientos.
—Mira Val, entiendo tu preocupación, es la misma que yo tengo y por eso creo que necesito alguien que me escuche, pero no hoy, no ahora y no creas que no confío en ti, es solo que, como dices, esto es demasiado personal y sí sé como es James, te juro que lo sé.
Con ese tema zanjado y el rostro tranquilo de mi amiga, comenzamos a transmitir nuestro podcast.
—Para terminar, leeremos algunas de las preguntas de nuestros audioescuchas.
—Mira Vannah, @Valhor nuevamente nos ha escrito y hoy nos tiene una nueva pregunta.
—Soy todo escucha Val— digo y espero a la pregunta que nos ha enviado este audioescucha, uno que tenemos desde el comienzo de nuestro podcast, que ha sido fiel e interactúa muchísimo.
—Chicas ¿Es realmente sano sentir que tu órgano trasplantado te domina en tus decisiones?
—Te diría @valhor que escucharas nuevamente el capítulo treinta de nuestro podcast, en él hago mención a los posibles cambios que pasa una persona trasplantada y cómo, a veces, cambia hasta sus gustos después de la cirugía. Hay estudios que intentan demostrar que el órgano tiene una memoria en su ADN, pero como digo son estudios que intentan demostrar que dichos cambios se basan en esa memoria sistémica. En cambio, hay otros que lisa y llanamente nos dicen que los cambios se producen debido a los tratamientos farmacológicos por los que debe pasar el trasplantado.
Con todo esto, te quiero decir que no hay una verdad absoluta en cuanto a lo que pasa en nuestro cerebro post trasplante y que queda mucho camino por recorrer— termino de decir.
—También ess cierto que los trasplantados pasan por una serie de cambios previos al mismo trasplante y por ende, dependerá de cada individuo el ¿Cómo está? También del equipo multidisciplinario que lo atiende y obviamente por sus personas más cercanas— continúa Val.
—Muchas gracias @Valhor, como siempre es un placer leer tus preguntas y comentarios.
—Y con, esto nos despedimos hasta la siguiente semana, no olviden de dejar sus preguntas, dudas y comentarios.
Cortamos la comunicación y nos sacamos los audífonos.
—Es bueno verlas trabajar así, me encanta.
—¡Ethan!— ruedo los ojos, porque estos dos no se pueden sacar las manos de encima, pero lo que más me llama la atención es ver al agente Miles de pie tras de Ethan.
—Hola, agente Miles ¿Qué lo trae por aquí?
—@Valhor...
Es lo único que dice y las dos nos miramos como preguntando ¿Qué demonios tiene que hacer el director del FBI preguntando por uno de nuestros seguidores?
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