Capítulo 32

1738 Palabras
La verdad al desnudo. ¿Qué si estaba nervioso por nuestro reencuentro? Pues claro que lo estaba. Hoy sería el día de volver a ver a mi Moritas como la diosa de fuego. Ella cree que no he visto las pelucas y sus cosas en ese tremendo guarda ropas que se gasta, pero la verdad es que ya sabía, incluso, la clave de su puerta secreta. Una noche la vi levantarse a duras penas después de haber tenido una maravillosa tanda de sexo y con cuidado me acerqué a ver lo que estaba haciendo. Estaba sentada llorando con unas fotos en sus piernas, se veía tan desprotegida que no atiné a nada más que acercarme y abrazarla. —Moritas… —Lo… Lo siento ¿te desperté? —me dice colocando su cabeza en el hueco de mi cuello. —No te vi en la cama y perdón, pero escuché tus sollozos ¿pasa algo malo? ¿quieres contarme? —Solo es una fecha que se acerca y que me tiene mal, pero ya pasará. Ve a la cama, ordenaré esto y ya voy contigo— suspiro frustrado porque eso es lo único que puedo hacer con ella, desde que estamos juntos no hay día en que no he intentado que ella se abra a mí, pero nada es un verdadero bunker con respecto a su vida y sus sentimientos. —Está bien, te espero. Me levanto del piso, sintiendo esa molestia que cada vez se acrecentaba en mi cuerpo y en mi corazón cuando ella no era capaz de acercarse a mí, caminé a paso lento y cuando estaba en el marco de la puerta me voltee y ahí la vi. 2212, era el número que había tecleado en un compartimento que estaba frente a su ropa, no me había fijado en él porque lo cubrían sus chaquetas, pero se notaba que en ese lugar había cosas que eran importantes para ella. Ese día solo la escuché suspirar y en un acto posesivo la abracé y la mantuve afianzada a mi cuerpo. ¿Algún día sería capaz de decirme lo que pasa por su cabeza? ¿Algún día seré lo suficientemente apto para merecer su confianza? Algún día, esa era la frase que daba vueltas en mi cabeza. Ambos guardábamos secretos, los míos eran porque no tenía idea de que ella y Queen fueran la misma persona y cuando lo supe no quise separarme de ella, era lo suficientemente egoísta para mantenerla junto a mi, pero eso pronto iba a terminar. En cambio los de ella deben ir mucho atrás en el tiempo, y eso me frustraba, pues no se abría a mí ni un poquito. Otra cosa que también me tomaba de los huevos era que no quisiera que nadie sepa de nuestra relación, aunque ya todos lo tienen más que claro y más de una broma hemos tenido que aguantar, pero ella nada que hace al respecto. ¿Estoy cabreado? A veces sí, a veces no. Tenerla cerca, en lo que sea que tengamos me ha bastado, pero quería dar ese siguiente paso, la quería a ella conmigo, como Savannah y como Queen, pues de algo me había dado cuenta en todo este tiempo y era que ella con todo lo que lleva a cuestas estaba hecha para mi. Me preparaba para mi cita con Queen y debo decir que esta es la vez que más nervioso estaba, sabía que de lo que pasara hoy estaba marcado lo que nos depararía el futuro, uno que anhelaba junto a ella. Tomé mis cosas y salí de mi departamento, ese que casi no ocupo, salvo cuando Savannah tiene turnos extendidos, algo a lo que aún no me acostumbro, pero ese es su trabajo y lo ama. Salgo de ahí y sin mirar atrás me subo a mi vehículo y enfilo mi ruta hasta the shine, en el camino me voy tarareando una de las tantas canciones que ella le pide a Siri cuando estamos juntos y sonrío como bobo, pues hasta eso me ha pegado de sus costumbres, la forma de dormir, como preparar su sandwich o simplemente como beber el café y debo decir que en muchas cosas nos parecemos, mucho más cuando estamos en la intimidad. Ahí no es la dominatriz frente a su sumiso, somos iguales y me encanta cuando me deja tomar las riendas en la cama, ver su rostro sonrojado y esos labios que me matan deseosos por mí, hacen que todo valga la pena. Llego al estacionamiento del club y veo que hay más movimiento del habitual, debe ser una de esas fiestas privadas que le gusta hacer a Russell lo que tiene el lugar abarrotado. Tomo mi antifaz y salgo como si nada, el guardia me saluda con respeto, pues sabe que soy el sumiso de Queen, pues ella es juez y verdugo en este lugar, le hago un asentimiento y entro al club. La fiesta esta en su máximo esplendor y recién son las nueve de la noche, pero veo a todos disfrutando de ese pequeño mundillo que ahora tanto me atrae. Debo ser honesto, no he dejado de venir al club en todo este tiempo, pero no crean que es para disfrutar del sexo, con mi moritas me basta y me sobra, más bien me he transformado en un voyerista, disfruto un rato en la barra viendo a cada loco en sus actos que ya no me parecen tan repulsivos y luego me voy al encuentro de esa mujer que me trae de las bolas. Oficialmente estamos a dos semanas de que todo eso del contrato se acaba, Russell me ha informado que Savannah ha estado muy ocupada y obviamente lo sabía pues pasaba cada una de sus noches conmigo, pero había esas otras en que no y también me volví loco. Una vez la seguí, ahí fue que Val me dio un palmazo en la cabeza por estúpido recordándome su profesión y tuve que ceder. También me sentí celoso de Lamas, sí ya sabía el nombre de su guardaespaldas, pero Val me tranquilizó y me dijo que era solo por protección hasta que terminara el juicio contra esos idiotas. Tomé mi whisky de un solo trago y pedí un segundo trago. Necesitaba armarme de valor. Luego subí las escaleras, ella aún no había llegado o por lo menos no la había visto llegar. Me dirigí a nuestra habitación, esa que supe por Russell que había destruido el día que nos vimos como dominante y sumiso por última vez, pero me detuve frente al ruido de la habitación principal, esa que Russell usa para sus orgías. Abrí la puerta y ahí la vi y mi mundo se fue abajo, estaba siendo manoseada por otro tipo, uno corpulento y vestido de la misma forma en que me había vestido a mí cuando me sometió. La ira pudo más y comencé a acercarme a ella sus ojos se abrieron al ver que tomaba al animal que la estaba tocando y lo lanzaba lejos. —Angelito, bienvenido a mi fiesta, llegaste temprano — me dice sin un ápice de vergüenza, en cambio el tipo que le había quitado de encima me miraba con odio. —¿Era para esto que me querías hoy Queen? ¿qué querías demostrar? —Angelito, no te entiendo, este es mi mundo ¿o querías fidelidad después de todo el tiempo en que no te he llamado? —¿Estás segura de que eso es lo que quieres? —Esta soy yo, angelito, por supuesto que esto es lo que quiero— tomó un sobre y sacó el contrato que habíamos firmado y delante de toda esa gente lo rompió en mil pedazos—. Eres libre, angelito ¿o debo decir James?. El juego ha terminado, será mejor que nos dejes disfrutar de nuestra fiesta o si lo prefieres, te puedes unir, creo que varias de mis chicas querrán disfrutar de tu cuerpo ¿cierto Luz? —Sí, Queen— la tal Luz se mueve contoneando sus caderas hasta llegar frente a mí y toca mi pecho con sus asquerosas uñas— —¡No me toques!— bramo enfurecido y veo que eso a Queen le divierte, pero luego desvía su mirada y vuelve a llamar al idiota que debe ser su nuevo sumiso. —Moritas, no lo hagas, por favor—ella niega y le indica que siga con lo que estaba haciendo, sus ojos, que hoy eran naturales no me daban luces nada eran como dos nubarrones en plena tempestad que me decían lárgate sin un atisbo de cariño. —Pues ya sabes lo que tienes que hacer, angelito, la puerta es bastante grade. Te deseo una buena vida. No había ni una pizca de arrepentimiento en sus palabras, estaba claro, sabía quién era y lo que sentía por ella, pero no le importó. Su acto hizo que se me revolviera el estómago, sentía náuseas y ganas de vomitar y yo el estúpido que venía a decirle la verdad, que no me importaba que fuera Savannah o Queen, que ella era mi todo y que la amaba, pero esas palabras no saldrían ahora de mi boca, si lo que quería era que no estuviera más en su vida pues así sería, le concedería su deseo. La miré con odio y lancé la copa al suelo donde se quebró estrepitosamente, como lo había hecho mi corazón. me di la media vuelta y con todo el dolor del mundo salí de esa habitación, cuando iba bajando las escaleras una mano me detuvo. —Angelito, perdónala— me dice el que yo consideraba mi amigo. —¿Lo sabías? —lo miro a la cara y ya sé la respuesta—¡Maldita sea! ¡Lo sabías! Todo este tiempo me han estado viendo la cara ¿no? y yo el muy idiota que creía que tenía todo fríamente calculado. —James, tranquilízate y escúchame. —¡No! esto fue suficiente, se acabó Russell, ella no vale la pena y te juro por mi familia que si vuelves a hablar de ella en mi presencia se acabó nuestra sociedad. —¡James! Salí con la frente en alto, ya no importaba nada, Savannah Lewis había salido, por su propia voluntad, de mi vida. ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2410107717945
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