La despedida

1323 Palabras
Capítulo 18 La mañana siguiente llegó rápidamente, Amara se despertó con una mezcla de emociones que no sabía cómo explicar. Después de la profunda conversación que había tenido ayer con su padre en la noche, sentía que era importante pasar tiempo de calidad con él antes de que regresara a Madrid. Sabía que su visita en esta ocasión era breve y que, una vez que se marchara, podría pasar mucho tiempo antes de que volviera a verlo. Sin embargo, había algo que la inquietaba: la indiferencia que Luciano parecía mostrar hacia ella era grande y más después de lo que había sucedido entre ellos. A pesar de sus esfuerzos por acercarse para ver qué le sucedía él siempre se mantenía distante y eso en el fondo le dolía. Así que si más remedio decidió dejar de insistir porque al final de la historia él se iba a marchar para nunca más volver. Con esa idea en mente Amara se dirigió a la cocina, donde su padre estaba preparando el desayuno. En las veces que él había venido a la casa casi siempre se metía en la cocina y esta no era la excepción de esas veces. – ¡Buenos días, papá! – exclamó Amara sonriendo mientras se acercaba a él para dejar un beso en su cara – ¿Qué puedo hacer para ayudarte? No sabía que hoy prepararías tú el desayuno. – Buenos días, hija. Solo estoy haciendo un poco de café con tostadas y algo de frutilla ¿Acaso quieres preparar algo más? – le preguntó Emiliano sintiendo que cada momento juntos era valioso para él en un momento tan crítico como en el que estaba. – Está bien, yo haré el jugo – contestó su hija con una sonrisa. Dara, quien había llegado a la cocina luego de eso notó cierto comportamiento raro en su prima. Era obvio que la tristeza estaba marcada en sus ojos y se había dado cuenta en una de las condiciones que la atrapó observando a Luciano. Este estaba sentado en la mesa con los demás, pero él parecía perdido en sus pensamientos, evitando el contacto visual con cualquier persona. Fue ahí que Dara sintió que la frustración comenzaba a burbujear en su interior, ya que sabía que Amara estaba sufriendo y que Luciano no estaba ayudando en absoluto. Recordaba la conversación que ambas habían tenido anoche y eso la sacaba un poco de su sitio. Sin pensarlo dos veces, Dara se acercó a Luciano de la discreta para no llamar la atención de los demás. Su expresión seria le dejaba en claro a Luciano que él no le agradaba en lo absoluto. Algo extraño para él porque las mujeres siempre caen rendidos a sus pies. – ¿Se puede saber por qué actúas así con mi prima? No creo que haya la necesidad de ser un idiota con alguien que no lo merece – dijo con su voz llena de indignación – Amara no es del tipo de mujer que seguro estás acostumbrado, pero su gran corazón no la permite ver la maldad en los demás y me he dado cuenta de que la has estado ignorando. – Yo no estoy ignorando a tu prima y mucho menos entiendo por qué vienes a contarme esto. Es obvio que no soy de tu agrado, pero tampoco tienes que atacarme de esa manera – respondió sintiendo que la tensión aumentaba entre ellos. – Mira cara bonita, los hombres como tú me enferman, me dan mal rollo y tienes mucha razón al decir que no me agradas. Puede que el señor Emiliano te considere parte de su familia, pero yo no te conozco en lo absoluto. Además, ya estoy enterada de lo que sucedió ayer entre tú y Amara, por lo que te digo que ella no estás sola y tiene quien la defienda. No es porque sea diferente y no pueda ver la gran belleza que realmente posee por sus inseguridades, personas como tú van a venir a lastimarla. – Yo no quiero lastimarla y lo que haya pasado entre nosotros es cosa nuestra. Así que por favor, deberías de dejar de meterte donde nadie te ha llamado. – Eso se me ha muy difícil porque desde niñas siempre me he encargado de cuidarla y así va a seguir siendo. Únicamente me alegra el hecho de saber que te vayas esta misma tarde. – Puede que tal vez ese sea uno de sus mayores problemas. El hecho de que tú siempre estés ahí para defenderla no ha dejado que Amara se desarrolle por sí misma y aprenda a defenderse de personas como las que la ofendieron ayer. Así que creo que deberías dejar que tu prima afronte sola sus problemas. Luciano sintió que las palabras de Dara lo golpeaban con fuerza, pero tampoco se iba a quedar callado ante tales cosas. Él realmente no quería hacerle daño a Amara y si estaba poniendo distancia entre ellos, era porque se sentía bastante incómodo después de lo ocurrido ayer. Después de ese intercambio de palabras Dara se retiró bastante molesta de dónde había estado y afortunadamente no había llamado la atención de los demás. Esa pequeña discusión había quedado entre ellos, pero aun así no iba a dejar que lo dicho por Luciano le afectara. Ella solo portería a Amara por su propio bien y le daba ánimos para que se convirtiera en una persona fuerte. Mientras tanto, Amara seguía en la cocina, tratando de concentrarse en ayudar a su padre para así tratar de tener la mente ocupada. Sin embargo, su mente estaba llena de dudas y tristeza por más que quisiera evitarlas. ¿Por qué Luciano no puede simplemente ser amable y platicar? Pensó sintiendo que la frustración la invadía. No entendía por qué actuaba de esa manera, cuando la tarde anterior se había comportado de forma diferente. Cuando Luciano finalmente se acercó a ella después de la discusión con su prima, Amará ignorando esta parte sintió que su corazón latía con fuerza dentro de su pecho. Este la había he estado ignorando y ahora de la nada se acercaba para platicar. – Amara ¿Puedo hablar contigo un momento? – le preguntó este sintiendo que la tensión entre ellos era palpable. Amara lo miró, sintiendo que la incomodidad aún persistía y solo respondió con una afirmación alejándose de los demás para tener un poco de privacidad – ¿De qué quieres hablar conmigo? – preguntó tratando de mantener la calma. – Bueno, quiero disculparme por como he estado actuando contigo desde esta mañana. No he sido justo contigo y no quería que te sintieras incómoda – dijo Luciano sintiendo que la sinceridad era lo único que podía ofrecerle en ese momento. Amara lo miró al escuchar eso, sintiendo que las palabras de Luciano comenzaban a calar en su corazón. Tal vez él solamente estaba ofreciendo una disculpa, pero para ella dentro de su corazón, eso se sentía como algo más. – Está bien, Luciano, lo entiendo. Sin embargo, lejos de ignorarme solo me gustaría que me vieras como soy. Detesto que me veas como alguien que necesita ser salvada y es justo como me estás viendo ahora – respondió sintiendo que la vulnerabilidad la invadía. – Te veo, Amara, pero creo que eres tú la que no se ve y quiero que sepas que puedes contar conmigo. Yo puedo ser tu amigo si así lo deseas porque no quiero que te sientas sola – dijo Luciano, sintiendo que sus palabras eran las correctas. – Está bien, será de esa manera – dijo Amara con pesar al escuchar la palabra, amigos, pero trato en todo momento de no demostrarlo. Mientras la mañana avanzaba, Amara y Luciano comenzaron a hablar dejando atrás la incomodidad o al menos Eso pensaba en ellos. Amara no quería seguir haciendo ilusiones con alguien que jamás iba a volver a ver y Luciano simplemente se comportaba amable para no lastimarla a ella.
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