15. NOAH (Parte 1)

1995 Palabras
Me había impactado volver a verlo, durante aquellos cuatro días había conseguido olvidarme más o menos de lo que había ocasionado en las carreras y sobre todo había intentado evitar pensar en él, puesto que cada vez que lo hacía sentía un nudo extraño y desagradable en la boca del estómago. Era consciente de que había hecho que perdiera su tesoro más valioso y también de que nos podrían haber matado aquella noche, pero no era totalmente culpa mía. De no haber sido por el engaño de Dan yo nunca habría ido; además, el delincuente de Ronnie me había engañado, me había hecho creer que podía competir con él y al ver que le ganaba en la carrera se había aprovechado de aquellas estúpidas normas y se había quedado con los quince mil dólares y el coche de Nick. Había creído que iban a tener que pasar días, meses, años, para que el niño rico me perdonara y olvidara lo que había hecho y, contrariamente a todo lo que había imaginado que podía llegar a decirme, me venía con que me olvidara del asunto. Había estado de coña con eso de cobrárselo de otra manera, ¿verdad? Ya no sabía qué pensar, y tampoco quería darle muchas vueltas a qué quería Nicholas Leister que hiciera para compensarle por eso. Joder, cien mil dólares, no iba a ver esa cantidad de dinero en la vida, estaba segura. Solo alguien tan rico como él podía olvidarse de algo así, y aunque sabía que para él solo era un juguete más de los muchos que podía comprarse, me sentí aliviada y agradecida de que decidiese perdonarme. Con remordimiento y otros pensamientos mucho más dolorosos y difíciles de sobrellevar había pasado aquellos días en esa casa a la que intentaba acostumbrarme. Lo malo, en realidad, y la causa de mi mal humor y tristeza constante era saber que mi exnovio me había puesto los cuernos a lo grande y eso no era lo peor, sino las miles de llamadas y mensajes que no cesaba de mandarme a mi teléfono con la intención de que le perdonara y que volviéramos a estar juntos. Cada vez que mi teléfono sonaba mi corazón dejaba de palpitar para después, al ponerse de nuevo en marcha, hacerme daño con cada latido lento y doloroso. En todas las horas que había estado tomando el sol había comprendido que todo lo que me ataba a mi ciudad, a mi hogar, se había roto para siempre, y haber llegado a aquella conclusión me dolía más que cualquier otra cosa. Mi mejor amiga había decidido tirar por la borda nuestra amistad por un chico, mi chico, y encima él tenía la desfachatez de querer que le perdonase. ¡Estaba mal de la cabeza! En la vida volvería a hablar con ninguno de ellos dos, en la vida volvería a ser tan estúpida como para caer rendida a los pies de un chico; los hombres ya me habían dado suficientes palos y, encima, ahora me tocaba convivir con un tío atractivo y peligroso con una vida paralela que nadie con un poco de sentido común querría siquiera oler de cerca. —Debes de ser la pesadilla de Nick en persona —me dijo Jenna. Se sacó un paquete de tabaco de su escote y se encendió un cigarrillo. No pude evitar asomar la cabeza para ver si mi madre estaba cerca. Mi nueva a miga Jenna era lo único bueno que había sacado de aquella noche desastrosa. Su alegría y sentido del humor me habían hecho aquellos días más llevaderos. Me había contado que conocía a Nicholas desde que era una cría y que, por tanto, lo conocía mucho mejor que cualquier persona de por allí. Según ella mi nuevo hermanastro era un mujeriego redomado y que lo único que le interesaba era salir de fiesta, beber, divertirse, tirarse a cuantas tías se le pusieran delante y ganarle a Ronnie todas las veces que hiciesen falta para demostrarle que quien llevaba la voz cantante en aquel mundo de la noche era él. Nada de lo que me había revelado me había sorprendido, salvo una cosa, y ni ella sabía demasiado al respecto. Me contó que cuando Nicholas tenía dieciocho años se había ido de casa de su padre y durante un año y medio había estado viviendo en los barrios bajos, en casa de Lion, y se había metido en millones de líos. De ahí que conociera a tantos macarras y formara parte de ese mundo del hampa. Lion era una de esas amistades de entonces que aún le duraban. Aquella revelación me había dejado completamente sorprendida. Mi madre seguro que no tenía ni idea; si no, me lo habría contado. Ahora comprendía cómo un chico de buena familia como Nick había terminado metido en cosas tan peligrosas como las que había presenciado las dos noches que había coincidido con él. —Y eso ¿por qué? —le pregunté distraída al tiempo en que daba cuenta de mis cereales. —¿Tú te has visto? —me preguntó y yo no pude evitar fruncir el ceño—. Eres la típica niña buena que nunca ha roto un plato, y de repente te subes a un coche, ganas las carreras y nos metes a todos en un lío tremendo. No eres lo que se dice alguien previsible, Noah... y ayer dejaste a más de un tío con la boca abierta —prosiguió, haciéndome dejar el bol y la cuchara de un golpe sobre la encimera—.Te apuesto lo que quieras que ahora mismo Nick está pensando en hacértelo mil veces sobre esta mesa y así desahogarse de la frustración de haber perdido su coche. Es su forma más común de solucionar las cosas, no ese rollo que te ha soltado de «olvidarse del tema» —agregó soltando una carcajada y dibujando comillas en el aire. Volvió a reírse al ver la expresión de mi cara. —¡Vamos! —me dijo soltando una carcajada—. No me puedes decir que no lo habías sopesado siquiera... si yo no lo conociera desde que tengo pañales, habría caído a sus pies como casi todas las chicas de esta ciudad. En mi cabeza se comenzó a recrear aquel beso que nos habíamos dado encima del coche. De vez en cuando me había venido a la mente y mi cuerpo había reaccionado poniéndose a temblar de arriba abajo y deseando que sus manos volvieran a acariciarme... Pero ¡eso solo significaba que ambos teníamos ojos! —Créeme cuando te digo que nunca voy a dejar que me lo haga sobre ninguna parte —repuse de malas maneras—. Ya he tenido suficientes caras bonitas como para una eternidad. Los chicos así te la pegan a la mínima oportunidad, solo tienes que mirar a mi novio Dan. —Exnovio Dan —me corrigió, dándole otra calada a su cigarrillo—. Tienes razón, los chicos como él son un peligro pero no te vendría mal disfrutar de lo que pueden ofrecer y así olvidarte del cabrón de tu ex. ¿Quién dice que las mujeres no se pueden acostar con tíos por el simple hecho de querer hacerlo? Estás soltera, es verano, eres guapa... disfruta y no pienses demasiado. No pude evitar soltar una carcajada. ¡Madre mía, Jenna estaba completamente loca! Yo no era de ese tipo de chicas. —Qué tal si dejamos el tema Leister a un lado y me dices que te vas a quedar esta noche aquí a dormir —le propuse mirándola con ojos suplicantes. Si tenía que pasar tres días con Nicholas yo sola y en esa casa tan grande moriría antes de que llegara el lunes. Jenna sopesó mis palabras. —Seguramente Nicholas invite a los chicos, lo que significa que Lion estará aquí y si a eso le sumamos bebida, música y alcohol... —Sus dedos tamborilearon sobre su mejilla—. Me quedo, claro —sentenció con una sonrisa divertida. Aquello me puso de muy buen humor. Con Jenna a mi lado los días pasaban muchísimo más rápido y eso era justamente lo que necesitaba en aquel momento de mi vida: que los días volaran sin siquiera darme cuenta de adónde me llevaban. Como Jenna había predicho, unas horas más tarde la casa se convirtió en una locura. No eran ni las nueve de la noche cuando empezó a sonar el timbre. Un montón de tíos y tías con barriles de cerveza comenzaron a entrar por la puerta. Al escuchar el estruendo Nicholas apareció en lo alto de las escaleras e invitó a todos a que entraran y pusieran la música. La bebida comenzó a correr como el agua y la música resonó por unos altavoces que no sabía ni dónde estaban. Me sentía totalmente fuera de lugar con mis pantalones cortos de chándal y mi moño flojo. Jenna había ido a casa a cambiarse y todavía no había regresado, así que me fui a mi habitación para ponerme algo mejor y más acorde con lo que la noche ofrecía. Busqué en mi vestidor algo con lo que sentirme cómoda y guapa al mismo tiempo. Encontré unos pantalones cortos negros que se adaptaban a mi cuerpo como una segunda piel y una blusa color naranja que me quedaba de maravilla con el moreno que había ido cogiendo durante aquellos días. Satisfecha con mi atuendo, me solté el pelo, me puse unas sandalias planas —pasaba de ponerme tacones para estar en mi casa— y salí corriendo en cuanto volví a escuchar el timbre de la entrada, que sonaba tan fuerte como la música. Antes de llegar hasta allí mi amiga ya había entrado acompañada de su novio, Lion. Verlos juntos era un espectáculo para la vista. Ella, al contrario que yo, sí que había optado por ponerse unos taconazos y, aun así, seguía siendo un poco más baja que su novio, que iba vestido con vaqueros y camiseta negra ancha. Jenna se me acercó con una sonrisa divertida. —Estás cañón, nena —me dijo—. ¿Le has echado ya el ojo a alguien? ¡Ese cuerpo necesita que le den mambo! —gritó soltando una carcajada y haciendo que yo me sonrojara al tiempo que me partía de risa. Jenna era un soplo de aire fresco y con los pocos días que hacía que la conocía me hacía sentir que podía confiar en ella. —Vamos a beber algo, que tengo la garganta seca —propuso Lion, que llevaba un rato recibiendo el saludo de muchos de los allí presentes, que chocaban los puños con él. Ya en la cocina, Jenna se fue directa al barril de cerveza y yo acepté cuando me tendió uno de esos vasos rojos con líquido espumoso. Estaba buena, rica y refrescante, y agradecí tener aquella distracción para así poder olvidarme de mi ex. Seguí bebiendo mientras mi cabeza se alejaba de mis horribles sentimientos y del rostro de Dan, tan rubio y tan guapo, y el recuerdo de sus manos acariciándome cuando estábamos solos o de cuando me besaba en la nariz en invierno y se reía de mí diciendo que me parecía a un reno de Navidad. Era una idiota evocando esos estúpidos recuerdos, pero habían sido seis meses de mi vida... Tampoco era mucho, pero yo los había vivido con intensidad... Lo quería... Había sido mi primer novio de verdad y que me hubiese engañado con alguien tan importante... No, simplemente que me hubiese engañado... Enfadada, me volví y entré en la casa para servirme más cerveza. Justo en ese instante me llegó un mensaje de correo al móvil. Creía que se trataba de Dan, pero al leerlo comprobé que era de la misma persona que me había mandado la foto de Dan y Beth besándose. Quienquiera que fuera, estaba claro que le gustaba atormentarme puesto que el mail tenía como asunto: MÁS EVIDENCIAS DE TU ENGAÑO.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR