El tío Vicente siempre sí se fue al norte con toda su familia. Él también sabía que regresar al pueblo sería un imposible. No mientras siguieran ahí los Carrillo y los Bautista; al menos los que quedaron. A pesar de que mi casa contaba con habitaciones, todos dormíamos amontonados en el salón que sería para fiestas o reuniones. Nos acomodábamos allí, entre catres, colchas y conversaciones donde nos conocimos más a pesar de ser familia. Creo que eso fue lo que sostuvo a mis padres el primer mes, lo que los mantuvo cuerdos. Perder a su primer hijo los rompió. Mi padre fue a quien más afectó; o eso dejó ver. Comía poco, hablaba solo cuando se le interrogaba de manera insistente, y hasta dejó de lado el negocio. Mi madre era más discreta mientras lidiaba con el dolor, pero me daba cuenta que

