CAPITULO 7 **Mujer fatal**

1399 Palabras
Santiago dejó de visitarme tan seguido, no puedo negar que su compañía me hizo mucho bien, en mi soledad me imaginé que él me quería, era muy lindo conmigo, me llevaba a lugares muy bonitos, para que me sintiera mejor, para que el dolor de haber sido engañada desapareciera, me sentí importante para él, hasta que una vez que quedamos en salir a comer juntos fui a buscarlo a su oficina y me encontré en la recepción con una muchacha muy bonita que preguntaba por él, cuando se dio cuenta que yo también lo buscaba me miró y sonrió, le saludé también con una sonrisa, en ese momento salió Santiago y la saludó con un gran beso, los miré muy sorprendida, luego con un beso en la mejilla se acercó y me dijo: - Laura, amiga mía, quiero presentarte a Lucía, mi futura esposa - Un gusto Lucía - Quería que la conocieras, eres una gran amiga, por eso te pedí que vinieras - Estoy feliz por ustedes - Bueno, vamos a almorzar - No puedo Santiago, venía a disculparme y a despedirme, me voy de viaje - ¿En serio? ¿A dónde vas? - A Estados Unidos, un viaje de turismo, pero me hacía falta - Me alegro mucho por ti, veo que estás superando todo, verás que tu vida será mejor - Lo sé, Santiago y te lo debo a ti, fuiste mi salvavidas - Que te vaya bien en el viaje Laura, espero tenerte en mi boda, solo que Leandro - No te apures, es tu mejor amigo, independientemente de todo, sé que ustedes eran muy unidos y para ¿Cuándo se casan? - El mes que viene dijo Lucía, me gustaría que vinieras, aunque entiendo tus reparos respecto al padrino - Voy a seguir de viaje, les deseo toda la felicidad del mundo, ahora me voy, Lucía un gusto conocerte y nuevamente felicidades Salí de su oficina dejando a la feliz pareja, no podía salir de mi asombro, por un momento creí que Santiago sentía algo por mí, me reí de mi misma y me fui, a preparar mi viaje de vacaciones, después de todo no era mala idea, no sé cómo se me ocurrió decir eso, pero aunque Santiago significara tanto para mí no podía ir a su boda, no podría estar en el mismo lugar con Leandro presente, miré la puerta del edificio y me despedí de Santiago en mi corazón, tomé un taxi y me fui, llegaron las vacaciones y dos semanas antes de la boda me fui a New York donde unos familiares, me pasé un largo mes allá, me hizo bien salir de mi entorno, pero recuperarme de ese golpe tan fuerte iba a requerir más que un viaje. La universidad nuevamente dio inicio, la vida continuaba, derramé demasiadas lágrimas por Leandro y decidí que eran suficientes, los estudios me ayudaron a olvidarme un poco de esa amarga experiencia con él, me volví retraída y si es posible hasta más tímida, me costaba creer lo tonta que fui para dejarme engañar de esa manera. Una tarde que arreglaba mis cosas, me encontré con algunos recuerdos del tiempo en que fui novicia, allí estaban algunas fotografías, me vi, con el cabello corto y el hábito de religiosa, me veía tan angelical, mi rostro reflejaba una gran ingenuidad e inocencia, así me veía en aquel tiempo, recordé lo que Santiago me había dicho, si a Leandro nunca le interesé, entonces todo el argumento que me inventó para enamorarme fue debidamente planificado, cuando salí del convento desaparecí, no le dije a nadie sobre mi paradero, ese hombre se tomó muchas molestias para encontrarme, ni siquiera Santiago conocía mi lugar de trabajo, cuando le llamaba para saludarlo charlábamos de todo pero no de mi trabajo, Leandro tuvo que investigarlo, y ¿Para qué?, si no me quería, si no sentía nada por mí, ¿Por qué tomarse tantas molestias?, solamente porque creyó que podía hacerlo, se sintió con el derecho de venir a mi vida y jugar conmigo, pensó que era la mujer a la cual él podría venir, utilizarla e irse sin la más mínima pena, fui tan insignificante para él que se olvidó hasta de mi nombre, y pensar que ese maldito día me aseguró que por la diferencia de edad, sería para mí un amor pasajero, pero para él…, me culpé a mí misma por haber sido tan estúpida, me juré que nunca más permitiría que me engañaran otra vez. La nueva Laura nació ese día, abandoné todo mi pasado, dejé de ser la ingenua de la que se podían burlar, estaba lista para seguir adelante, hablé con Cristóbal y me felicitó por haber tomado esa resolución en mi vida, él era una persona muy fuerte de carácter, jamás me hubiera permitido que llorara por él, era de las personas que aunque la vida los arrase, se levantaba, se sacudía y volvía a caminar sin mirar atrás, a veces parecía tan insensible a todo, definitivamente Cristóbal era la persona que me devolvía los pies a la tierra sin importar que tan doloroso fuera. Lo primero que hice fue cambiar mi apariencia, dejé crecer mi cabello y lo teñí de un color más claro, con la ayuda de Sara fui a comprar ropa nueva y maquillaje, utilicé las tarjetas de crédito que mi padre me había dado para mis gastos y que nunca había usado, mi familia me miraba asombrada, atrás quedó la dulce novicia, mi nueva apariencia significó un cambio radical, mi madre no podía creerlo, pero estaba satisfecha de que al fin quisiera disfrutar de la vida, después de todo el cambio realizado me sentía muy bien cuando me miraba al espejo, si Leandro pudiera verme, se arrepentiría de todo, o tal vez no, en fin, debía dejarlo en mi pasado, la nueva yo no permitiría que ese recuerdo volviera a destruirme. Me di cuenta que era una mujer bonita, tal vez jamás saldría en la portada de alguna revista pero tenía mis atributos, las consecuencias no se hicieron esperar, empecé a tener infinidad de invitaciones a salir, me llenaban de regalos, flores y chocolates buscando una oportunidad conmigo, pero yo los rechazaba a veces sutilmente y en otras con rudeza, no podía creer que mientras más mal los trataba, más interesados se veían en mí, Sara me decía que me estaba vengando de Leandro con mis pretendientes y así era, no tenía ninguna pena de que me rogaran para una cita, a veces hasta más de un mes para decirles que no estaba interesada, al ver su cara de decepción me sentía tan satisfecha, estaba segura que todos los que buscaban salir conmigo alguna vez hicieron o harían daño a alguna chica ingenua como era yo y me sentía con el derecho de hacerles pagar por su falta. Los pretendientes iban y venían, pero nunca salía con nadie más de una vez, me gustaba que me halagaran y que gastaran su dinero en mí, un nuevo sentimiento nació en mi alma, el odio, cuando recordaba a Leandro sentía un profundo rencor y lo proyectaba a todo el que quisiera acercarse a mí, me invitaban a comer y escogía el restaurante más caro, cualquiera que quería tener una oportunidad de tener una cita conmigo sabía que no era fácil de complacer, en la universidad empezaron a verme como una mujer fatal, amaba esa sensación de poder, pero en el fondo seguía siendo la misma inocente a la que un hombre se creyó con el derecho de destruir sus sueños. Sara estaba preocupada por mí, el cambio que había dado era demasiado radical, habló conmigo, me dijo que jugaba con fuego, que esa no era yo, que no todos los hombres eran iguales, que por favor fuera a hablar con el P. Jorge, mi guía espiritual, pero no quería hacerlo, aún no estaba lista para esa conversación, sabía que con el sacerdote me quebraría, no quería que me confrontara, sabía que los hombres que se acercaban a mí podrían ser diferentes, pero para mi corazón solo tenía una frase “No todos los hombres son iguales, hay otros peores”, a mis ojos ningún hombre que quisiera algo conmigo era bueno, solo buscaban dañarme porque “No era digna de que me quieran y no sería feliz en la vida”, esas palabras se convirtieron en mi maldición.
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