CAPITULO 6 **No te conozco**

1310 Palabras
Era cierto, salió del seminario, pero lo del matrimonio, no podía ser cierto, me negaba a creerlo, a la 1 pm estuve en su oficina, mi amigo salió muy contento, me saludó atentamente y fuimos a comer. - Santiago quiero preguntarte algo - Dime Laura - Sobre Leandro, sé que salió del seminario, pero… - Pregunta Laura, sé a dónde vas, pero quiero que lo digas - ¿Es verdad que se casa? - Sí Sentí que la tierra se abría y me tragaba, no pude levantar la mirada de la mesa, Santiago se puso serio, después de un par de minutos que me parecieron eternos él me dijo: - Laura, no te pongas triste, sé lo que sentías por él, pero eso no era posible - ¿Por qué Santiago? - Me di cuenta de tus sentimientos por él, todos en la universidad lo sabíamos, no lo podías disimular, pero no iba a ser posible porque para Leandro, bueno, a él no le gustabas - ¿Cómo? - Leandro no sentía lo mismo por ti, Laura, lo siento mucho, pero no tenías oportunidad - Pero…, si no sentía nada por mí, ¿Por qué me buscó? - ¿Qué dices? - Eres su mejor amigo Santiago, no me digas que no lo sabes - No Laura, no lo sabía - Fue a buscarme a mi trabajo, salimos juntos por un tiempo, él dijo que me quería - Oh Laura… - Me dijo que si descubría que no era su vocación, volvería por mí y nos casaríamos - Laura, lo siento mucho, nunca creí que Leandro haría algo así - Soy una estúpida Santiago, cómo pude creerle, se burló de mí, y yo que… bajé la mirada - Laura qué hiciste… no me digas que entre los dos pasó… - Sí Santiago, mis lágrimas se negaban a salir, pero no podía levantar la mirada Mi amigo tomó mi mano y sentí su solidaridad, estaba en shock, pero no podía llorar, los recuerdos que tanto atesoraba con él en un instante se hicieron añicos, me di cuenta que Leandro solo quiso aprovecharse de mí, caí como una idiota, no lo podía creer, Santiago levantó mi rostro y me dijo: - Arriba esa mirada Laura, no tienes de qué avergonzarte - Cómo pude ser tan tonta - No, Laura, no eres tonta, solo estabas enamorada, aquí el único culpable de todo, el único cobarde es Leandro Las palabras de mi amigo no lograron que me sintiera mejor, no sé por qué, pero aún con las palabras de Santiago, en la soledad de mi habitación, algo dentro de mí, se negaba a creerlo, en un intento desesperado por tratar de justificarlo, lo llamé: - Hola - ¿Leandro? - Sí, con quién hablo - Soy Laura - ¿Cuál Laura? - Laura Martínez - Creo que estás equivocada, no conozco a ninguna Laura - En la universidad - Lo siento, no te recuerdo Cortó la llamada, me quedé sentada en el suelo con el celular en mi oído durante varios minutos sin poder creer lo que había escuchado, un recuerdo retumbaba en mi mente, “No eres digna de que te quieran, no serás feliz en la vida”, en los próximos días estuve como en una nube, sin poder saber qué hacer, apenas estudiaba, terminé el ciclo escolar, seguí con mi vida, no podía desahogar mi dolor, seguía sin llorar, Santiago iba a verme de vez en cuando, me dio un apoyo muy grande en ese tiempo, luego me enteré que él confrontó a Leandro, pero que más podría hacer, el daño ya estaba hecho. Durante mucho tiempo creí que era verdad, que no me conocía, que todo era un invento de mi mente, que nunca nos conocimos, por tanto lo que pasó, jamás pasó, tenía un dolor muy grande en mi corazón, mi vida se afectó, si alguna vez dudé de la existencia de Dios ahí lo sentí, cuando estaba tan deprimida que no quería ni despertar, no tenía ganas de nada, sentía claramente una mano invisible que me vestía, me peinaba, me alimentaba, hasta sentía que alguien me tomaba de la mano para cruzar la calle, solo me faltó verlo, pero lo sentí, nunca dudé de la existencia de Dios, aunque si de su amor. Un día, Santiago fue a verme a la universidad, era sábado y no vino el profesor, me invitó a una cerveza, acepté, entramos a un bar, había algunos compañeros míos y estuvimos con ellos en la mesa, nunca supe beber, con la primera ya me sentí mareada, Santiago estaba a mi lado, mis compañeros sabían sobre mi experiencia religiosa, empezaron a preguntarme sobre cómo era mi vida en aquel tiempo, les conté sobre lo que más me gustaba, los tiempos de oración, los cantos, luego sobre las actividades que hacía, entre ellas mis estudios para maestra, en ese momento, entendí que sí lo conocí, que Leandro era tan real como todo lo que sucedió, Santiago lo notó, me llevó a la pista de baile para que no siguieran preguntándome, vio que me derrumbaba, me preguntó si quería irme y le dije que sí. Tomó mis cosas y salimos, caminábamos por la calle, me dio la mano, nos detuvimos un momento, se puso frente a mí, levantó mi rostro, notó la profundidad de mi pena y me dijo: - Llora Laura - No puedo - Llora, te hará bien - No puedo, no me salen las lágrimas - Te estás haciendo daño a ti misma Laura, debes desahogarte, no has llorado desde que lo supiste, llora - He querido hacerlo pero no puedo, no sé por qué - Porque no merece tus lágrimas, pero no es por eso que te pido que llores, sino para desahogarte Laura, sino te enfermarás - Santiago no sé qué hacer - Perdóname por lo que voy a hacer ahora, pero necesito que reacciones - ¿Hacer qué? - Esto Sentí un beso apasionado con lengua incluida y luego de eso una bofetada en mi rostro, no usó toda su fuerza, por supuesto pero quedé tan impactada, luego unas palabras: - Eso hizo contigo, te transportó al cielo y después al peor de tus infiernos, te engañó, te utilizó, te quitó tu pureza y la pisoteó, llora, ¡Maldita sea! Todavía con mi mano masajeando mi cara lo miré con mucha sorpresa, una lágrima cayó, luego otra y luego otra, fue como si tuviera una catarata en mi ojos, no paraba de llorar, Santiago me abrazó, me pasé llorando por mucho tiempo abrazada a él, luego de eso volvimos a caminar, siguió abrazándome y yo me apoyé en su pecho, me llevó a que comiera algo, no pude comer mucho, mis lágrimas no dejaban de salir, Santiago se sentía terrible. - Laura por favor ya no llores - ¿No me pediste que llorara primero? - Pero por favor, ya es suficiente, no sabía que guardabas tanta agua en ti - Jajaja Santiago - Bien, al menos una sonrisa - Gracias Santiago, eres un buen amigo - Te quiero mucho Laura, no soportaba verte así, no lo merece, ahora busca tu felicidad - Lo haré, no sé qué hubiera hecho sin todo tu apoyo - Cuando quieras ahí estaré Laura, ahora bebe tu jugo, sino te deshidratarás - Gracias Santiago La bofetada que me dio fue suficiente, a partir de ese día no dejaba de llorar, desahogue mi pena mucho más de lo que pensaba, en realidad no tenía idea de la magnitud de mi dolor hasta que pude llorar, lo hacía todo el tiempo, con el pasar de los días iba llorando menos hasta que un día ya no pude llorar más, la vida debía continuar, la única diferencia es que ahora estaba mucho más consciente de que las palabras que Braulio me dijo aquella vez resultaron ser ciertas.
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