~Capítulo 5~

2689 Palabras
La brisa del más puro aire se extendía por todo su cuerpo, su cabello se mecía al compás de su ritmo mientras pedaleaba, en aquella bicicleta verde aqua, por el camino de tierra. El sol brillaba al punto de ser acogedor, podía sentir calor, tibiez; el olor a pino, acompañado de otros olores característicos del bosque, hacían de ese sueño algo maravilloso, porque estaba soñando, ¿no es así? Un Human doll no está programado para soñar, porque los sueños no son importantes en la función de un muñeco, pero ahí estaba él, un doll modelo avanzado entregándose a un sueño que le parecía más que real. Eso solo lo hizo desear con más fuerzas el ser un humano de verdad. Abre sus ojos al escuchar el sonido de aquel aparato en la otra habitación, que en su momento sintió como un plástico ovalado sin ningún tipo de cable, y que Austin mantenía al lado de su cama. El despertador de humanos. Se levanta del sofá, al parecer no tendría caso desalojar el cuarto de investigación de su amo, si pronto lo devolvería como había dicho la tarde anterior. De nuevo esa sensación de vacío, como si no tuviera energía. No quiere, no quiere irse. Austin es su dueño, para él no importa el hecho de que lo hubiera encontrado en aquel lugar extraño. Lo salvó, lo encendió, lo tomó de la mano y caminaron juntos. ¿Por qué no quiere quedarse con él? Si le suplica al humano que lo compró y lo extravió, ¿podría dejarlo al lado de Austin? Los humanos son buenos, eso es lo que ha aprendido hasta el momento. —Voy a quedarme. Convenceré primero a Austin. Sonríe con suficiencia. Será el mejor muñeco para su amo, entonces lo querrá tanto como él, y considerará el hecho de llevarlo ese mismo día con el humano que lo había comprado. —Primero, a los humanos les gusta mucho la comida, sin ella los humanos pueden morir. Voy a cocinar desayuno para Austin. Camina hacia donde sabe se encuentra la pequeña pantalla plana del viejo televisor de su dueño, aquella que está en la cocina, y murmura la palabra “Encender”. Balbucea con desconfianza “Cocina” y pronto el canal de cocina aparece en aquella imagen.  Jayden solo puede escuchar la voz que lo guía para preparar una receta sencilla de desayuno. Memoriza cada paso antes de iniciar. Primer paso, encender la estufa  a fuego lento. Palpa donde sabe se encuentra aquel aparato rectangular con platos duros de un tipo de metal, que supone son los que se encargan de calentar los alimentos. Opta primero por repetir la palabra “Encender”, pero no funciona. Busca entonces botones, da con uno redondo cerca de la parte superior izquierda. El aparato hace un leve Beep, la señal de encendido, y de inmediato escudriña por los alrededores alguna sartén que pudiera utilizar. Hace un gran ruido de trastes, pero da con su objetivo, el cual coloca con sumo cuidado arriba de la placa metálica  de aspecto redondo que él no puede ver. Si Austin había escuchado el despertador, entonces su rutina de aseo estaba siendo efectuada en ese preciso momento, por tal motivo no había aparecido tras la puerta con aquel escándalo montado en esos momentos. Se dispone a buscar los ingredientes. Huevo, pan, leche… No encuentra la leche. Para ese momento la placa metálica caliente ha hecho lo suyo. El humo se extiende por toda la cocina y gran parte de la pequeña sala. Pero Jayden no puede ver lo que está ocurriendo, ni sentir a gran escala el calor que produce la sartén humeante a pocos centímetros de él. —No hay leche. Austin seca su cabello rubio con una toalla cuando entra a la sala. La deja caer cuando ve todo aquel humo extenderse por su casa. ¡Hay un incendio y la alarma no se ha encendido! Entonces piensa en el muñeco, ¿dónde está Jayden? Lo busca con la mirada, la preocupación en su rostro es evidente, si se quemaba podría apagarse para siempre, o peor, tener que pagar los daños de un objeto tan caro. Lo localiza en la cocina completamente despreocupado mientras buscaba algo dentro del frigorífico. —¡Jayden! Corre a apartarlo del peligro. Lo toma de la muñeca y lo hala con brusquedad hacia él. En un ágil movimiento presiona el botón rojo de apagado de la primera placa. Tose un par de veces antes de alejar a ambos de aquel mar de humo flotante y tóxico. Lo lleva hacia su habitación, donde afortunadamente no ha traspasado todo aquel desastre. Mira a su muñeco, tiene hollín en parte de sus mejillas y nariz, causante de la intensa niebla dañina que tardaría horas en salir de su departamento aun abriendo las ventanas. Parte de la manga de su jersey color amarillo se ha chamuscado, piensa lo peor, quizás su piel artificial se ha dañado. Sin decir una palabra le saca la prenda para examinarlo. —¿Austin?, ¿qué pasa? —el chico suspira aliviado, no tiene nada. —¡Eres un idiota! —le dice con el ceño fruncido—. Pudiste lastimarte. Te dije claramente que evitaras los peligros. ¡Ignoraste por completo la regla número cinco! —No sabía que cocinar fuera tan peligroso, ¿acaso causé problemas? —Austin aprieta los puños, pero se contiene de grítale más, él no tiene ni idea de lo que ha causado. Además, es un doll, ¿qué puede saber sobre los peligros en la cocina? —Tonto. Lo caliente es peligroso. No intentes cocinar, ya te lo dije una vez —explica el rubio, intentando recuperar su paciencia—. Y a todo esto, ¿por qué te metiste en la cocina? Tenía sus sospechas. —Yo quería cocinar para ti. —Bingo, justo en el clavo. —Escucha, Jayden. No necesito que lo hagas. Puedo sobrevivir por mi cuenta, por si no lo recuerdas, vivo solo. Pude arreglármelas sin ti antes, así que no intentes hacer algo por mí, no es necesario —mira al muñeco, sabe que no puede verlo, pero esos ojos afligidos le muestran sus sentimientos—. Ve a bañarte. Saldremos cuando estés listo. —¿Puedes bañarme? —¡Por supuesto que no! Jayden va directo a la ducha. No hay manera de convencer a Austin para que le permitiera quedarse. Sabe que está programado para querer a la persona que lo encienda desde el inicio, y el vínculo con su dueño se fortalece cada vez más, no importa si han pasado dos o tres días desde que está con él, quiere quedarse. Tarda bastante en salir. Tanto que Austin tiene que tocarle la puerta varias veces para apresurarlo. No quiere salirse de la ducha, si quedarse dentro del chorro de agua le da unos minutos más en la casa de su amo, entonces se mantendría dentro todo el tiempo posible. Pero el gusto le dura poco, el rubio está bastante molesto. —¿Por qué tienes que ponerte así? —lo regaña mientras lo ayuda a secarse el cabello azabache con una toalla. —Lo siento. —Austin suspira. —Lamento ser tan gruñón —se disculpa—. También lamento tener que dejarte, podría haberte estudiado un poco. —¿En serio? Si lo lamentas, entonces… —No puedo. Si no tuvieras dueño las cosas serían diferentes. Si no te entrego estaría robándole a la persona que pagó por ti. Entiéndelo, en este mundo hay leyes. —¿Leyes? —Reglas que los humanos debemos cumplir. Si no las ejecutamos podemos ir a la cárcel. Es un lugar donde te encierran hasta que cumples un plazo de tiempo. El robo es un delito grave. Lo siento, pero no me arriesgaré. Jayden no quiere que encierren a Austin en la jaula para humanos. No quiere que le pase nada malo por su culpa, así que no insiste más. Al menos, dentro de esa gran infelicidad, estaría tranquilo al saber que él está a salvo.  *** AUSTIN Abandonamos el edificio a las nueve con cuarenta y cinco minutos. He anotado la dirección en mi celular y pronto el aparato nos trazó la ruta más corta. La dirección está muy cerca de las grandes tiendas de Lutz, que aunque no son las enormes fábricas donde se crean los muñecos, sí son bastante interesantes de ver. Me pregunto si Jayden ha sido comprado ahí, o lo han mandado traer desde algunas de las tres fábricas en Corea, j***n o China. —Llegamos. Tomo aire mientras me decido por anunciar mi repentina visita. Quince segundos después me doy cuenta de que nadie me responde, ¿no hay nadie en casa? Esas residencias de ricachones siempre tienen servidumbre de sobra, ¿ahora todos han decidido tomar unas vacaciones? —No hay humanos en casa, volvamos otro día —dice entusiasta el muñeco luego de mi queja del ausentismo de todos. Pero lo tomo del cuello de su suéter tan solo dar un paso. —Esto es raro —me acerco a la puerta y la empujo. Para mi sorpresa se abre mostrándome el gran patio y la casa al fondo—. Se ha abierto. Es probable que el dueño escuchara y nos permitiera entrar a su vivienda. Vuelvo a tomar a Jayden de la mano y avanzamos por el camino de piedra rodeado de flores y pequeños arbustos. La puerta principal de la casa también está abierta. —Austin —Jay aprieta mi mano, por alguna razón no quiere seguir avanzando. No debemos estar aquí. —Relájate. Llegamos con paso lento hacia la sala. Todo parece normal. Pero no hay nadie, ni siquiera los empleados. Un disparo me hizo saltar. ¡Un disparo! ¿Qué es lo que está pasando en esta casa?, ¿el dueño de Jayden pertenece a la mafia o qué demonios? Otro disparo más, no había tiempo qué perder.  Tomo a Jayden y ambos nos escondemos detrás de un sofá blanco de la enorme sala. Justo a tiempo, las pisadas de una persona resuenan por la habitación. Soy capaz de ver los zapatos relucientes de aquel hombre, pero nada más. Cierro los ojos, si se le ocurre caminar en nuestra dirección estamos perdidos. —No está aquí —escucho. Al parecer hablaba con alguien por celular. ¿Qué es lo que está buscando?, ¿es tan importante que ha armado un escándalo en esta casa?, ¿ha asesinado a otra persona? —Sí, lo sé. Seguiré buscando. El empaque estaba en la recicladora, creo que está libre por la ciudad, si es así, podría estar en cualquier parte. Puede confiar en mí, lo encontraré. —Hay un breve silencio, me temo que pueda haber escuchado mi respiración nerviosa. Cierro de nuevo los ojos, y por primera vez en mucho tiempo, rezo—. Lo llamo más tarde. Las pisadas se van alejando hasta cerrar la puerta principal de la casa, dejando a oscuras la estancia. Salimo de nuestro escondite para dirigirnos hacia la salida, pero pronto descubrimos un problema, la puerta no abre. Jalo y empujo con fuerza, incluso la pateo, pero nada hace que la puerta ceda. —Estamos atrapados. Puedo percibir el cambio de emociones del doll. Jayden ha pasado de estar nervioso a asustado en un par de segundos. Pese a ello, lo tomo de la mano, esperando alguna indicación de su parte. —Podemos buscar otra salida, debemos ser rápidos —tengo la intención de levantarme, pero Jayden me detiene. —¿Aún quieres dejarme aquí? —pregunta. Parece tener miedo de mi respuesta. —No, no te dejaré en esta casa. Irás conmigo —el muñeco sonríe—. Pero necesito que seas rápido, no sueltes mi mano, ¿de acuerdo? El human doll asiente. Lo guío por un largo pasillo. Es una casa enorme, pero me las arreglo para dar con la cocina. Todas las cocinas de casa tienen una puerta de emergencia por ley, y si este es el caso, entonces estamos a punto de salir. Pero algo no anda bien. Fue inevitable lanzar un grito cuando vi a una mujer tendida en el piso. Está sangrando y parece muerta. Algo horrible ha pasado en esta casa, y ahora estoy yo y un muñeco involucrados en un asesinato, o quizá en más de uno. Los pies de Jayden chocan con algo más tirado en el suelo. Veo a un sujeto de traje, al parecer el hombre de seguridad, también muerto. Esto es como una maldita película de terror y no quiero estar presenciándola en primera fila. El agarre de Jayden se intensifica. —Hay alguien afuera, puedo oírlo —susurra en mi oído. Siento el pánico recorrer su cuerpo, no puedo creer que esté pasando por algo así. ¿Qué es todo esto? He venido aquí solo para entregar a Jayden, no para involucrarme con la mafia o algo parecido. ¿Ahora qué pasará con nosotros? Es probable que nos encuentren; Jayden, al ser un doll no lo tendría tan mal, podría ser reiniciado y olvidaría todo en unos minutos, pero yo soy humano, me matarán si me descubren aquí. No es una buena opción, y no estoy dispuesto a tomarla. —Da la vuelta —le ordena a Jay—.Tomaremos otra ruta. Volvemos por el pasillo. El ruido de una puerta abriéndose nos indica que alguien ya está adentro de la casa, pero lo peor es descubrir que es más de uno, pues más pisadas se escuchan desde la cocina al final del pasillo. La única opción hasta el momento es… —Iremos hacia arriba. Son escaleras, por favor no tropieces y sigue mi ritmo —pido. Sin darle tiempo a Jay de responder, los dos ya vamos camino arriba. No fue tan difícil pese a que Jayden no puede ver, solo tropezó dos veces sin caer. Una vez arriba, todo es un maldito laberinto. Las luces están apagadas y las cortinas son de tonos oscuros, casi se siente como estar ciego, aunque no del mismo modo. El ruido de voces y pisadas me hacen abrir la primera puerta que está a mi alcance. Cierro con suavidad y me tomo un segundo para respirar. Estoy a punto de volverme loco, ¿cómo saldremos de aquí con toda esa gente detrás? No estoy seguro si se han dado cuenta de nuestra presencia, pero si están revisando la casa, es probable que sí.  Creo que no son policías. He estado tentado en llamarlos, pero huir de ellos y guiar a Jayden me han mantenido ocupado. La manija no tiene seguro. Necesitamos escondernos rápido. Al darme la vuelta puedo ver unas enormes cajas de plástico transparente acomodadas unas después de otras, es como una especia de cuarto de juegos, pues dentro de las cajas se encuentran distintos modelos de Human doll aún sin encender. La habitación es de color blanco. Tiene algunos muebles, incluso en uno de ellos se encuentra una doll de cabellera negra fuera de su empaque, con sus ojos cerrados y en sus piernas un libro abierto. No puedo evitar pensar que ese era el destino de Jayden como human doll en esta casa, servir como adorno en un cuarto aislado y sin vida. Cada uno de ellos tiene los ojos cerrados. De piel blanca, morena, trigueña e incluso oscura. Todos tan bellos, como la compañía presume. Sus ropas no son como las que Jayden tuvo en aquel momento, estas parecen haber sido colocadas especialmente para ellos. —Ya vienen —dice Jayden. Puedo ver luz fuera de la puerta. —Rápido. —La única manera de pasar desapercibidos es una locura, pero debemos intentarlo. Llevo a Jayden hasta el sofá. Lo obligo a sentarse y después me dejo caer a un lado. —No te muevas y cierra tus ojos —le susurro. Coloco mi cabeza en el hombro de Jayden, y luego la puerta se abre. La luz de la habitación llega sobre mis párpados, si me muevo o respiro puedo darme por muerto, ¿cuánto puede un humano soportar sin verse obligado a respirar?
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