Los abuelos de la muchacha guardaron silencio y Duncan tomó las flores para dividir el ramo y ofrecerle la mitad de los no me olvides a la Baronesa. —No tienen que responderme ahora —les dijo—. Cuando llegue el momento, les haré llegar una invitación, si la aceptan, entenderé que recibirán a su nieta con la dignidad de una Woodgate y si no acuden, me olvidaré de que existen, como mismo harán ustedes con ella. —¿Por qué lo hace? —lo interrogó el anciano, advirtiendo que Duncan tomaba su sombrero para marcharse—. ¿Qué ganas con esto? No necesitas el título de Barón cuando heredarás el de tu padre y… —Comprendo que, siendo hijo de mi padre, crea que actúo solo por ambición, pero se equivoca, milord —le aseguró Duncan—. ¿Se ha detenido usted alguna vez a mirar a los ojos a la Baronesa? Yo e

