XVIII

3405 Palabras

El agua estaba más fría de lo que separaba y solo había metido un pie. Avanzó otro paso, luego uno más y como Duncan no la empujó, se sintió confiada y se sumergió hasta la cintura. —Nos vamos a enfermar —se quejó—. Salvin me va a regañar por permitirte esta locura. —Olvida a ese tonto matasanos —le exigió él. Mei Lin tiritaba y sus bellos labios se tornaron purpuras y resaltaron al ser mordidos por sus dientes blanquísimos para intentar aguantar el frío. Ella se pegó a su amante, intentado encontrar un poco de calor y espantada sintió como él la arrastraba a mayor profundidad y la hacía descansar sobre sus piernas. —Ahora flota, mi princesa de jade. La lluvia arreció y Mei Lin se encogió como un loto asustado. Duncan aguantó las ganas de reír para no ofenderla y que se negara a con

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