La desaparición de mi padre

1143 Palabras
POV VALERIA La noche ya había caído, y el silencio de mi departamento solo era roto por el crepitar de la chimenea. Estaba sentada en mi sillón favorito, frente al fuego, con un vaso de whisky en la mano. Ethan estaba de vuelta en Los Ángeles, y habían pasado horas desde nuestra última conversación. ¿Cómo se atrevía? ¿Por qué acudió a mí? Las preguntas se repetían como un eco doloroso en mi mente. Había sido tan ingenua, tan estúpida, al pensar que aquella noche en Paris significaba algo para él. Que un traidor pudiera amar a alguien era una ilusión que ahora se desmoronaba frente a mí. La ira que había intentado enterrar en los últimos días volvió con una fuerza arrolladora. Sentí cómo se tensaba mi mandíbula mientras apretaba los dientes. Di un sorbo al whisky; la quemazón en mi garganta y estómago me calmó, aunque fuera por unos instantes. Necesitaba un plan. Uno que equilibrara las cosas. Con un impulso repentino, tomé mi teléfono móvil. Mientras lo observaba, una inquietud me golpeó. Algo no estaba bien. Papá no se había puesto en contacto conmigo ese día. Ningún mensaje, ninguna llamada. Aquello era extraño, porque en los últimos días siempre había encontrado alguna manera de comunicarse conmigo. Un frío presentimiento se instaló en mi pecho. Thomas tampoco me había contactado, aunque no tenía su número. De todas formas, algo me decía que, si hubiera ocurrido algo, él habría encontrado la manera de avisarme. Me puse de pie bruscamente, incapaz de quedarme sentada un segundo más. Corrí escaleras abajo, donde sabía que estarían mis guardaespaldas y Daniel. —¿Diego se ha puesto en contacto contigo hoy? —pregunté, sin molestarse en disimular la urgencia en mi voz. Willy me miró confundido antes de negar con la cabeza. —No, nada —respondió, intercambiando miradas rápidas con sus compañeros. —Tampoco con nosotros —corroboraron los demás. Mi mirada se dirigió entonces a Daniel, que ya estaba revisando su teléfono móvil. —El mío tampoco —murmuró en voz baja. El pánico comenzó a colarse entre mis pensamientos. Me dejé caer al suelo, mientras una maldición escapaba de mis labios. —¿Chicos, qué rayos está pasando...? Daniel intentó calmarme, hablando con rapidez. —Si hubiera pasado algo, Thomas se habría puesto en contacto contigo —dijo, como si tratara de convencerme tanto a mí como a él mismo. —¿Y si también le ha pasado algo a Thomas? —le interrumpí, mi voz quebrándose. —No lo creo... —intentó replicar, pero sus palabras no lograron tranquilizarme. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? ¿Cómo pude pasar todo el día sin llamar a papá? La culpa y el pánico me aplastaban. Me agarré el cabello con ambas manos, tratando de detener la avalancha de pensamientos que me inundaba. Daniel se acercó y tomó mis manos con firmeza. —Valeria, tienes que calmarte... —¿Y si esto tiene que ver con Ethan? —tartamudeé, apenas capaz de formar las palabras—. ¿Y si Leo también está aquí? Daniel no respondió de inmediato, pero su mirada me decía que estaba tan preocupado como yo. Fue entonces cuando noté algo frío en mi mano. El anillo. El maldito anillo de Ethan seguía en mi dedo. Sentí una oleada de rabia tan intensa que tiré de él hasta sacarlo. —¿Qué haces? —preguntó Daniel, sorprendido. Lo miré directamente, con los ojos llenos de determinación y furia. —No voy a llevar más este anillo. Y sin dudarlo, lo tiré. * —Papá se pondría en contacto si todo estuviera bien. —¿Y si... se le olvidaba? —preguntó Daniel. Negué con la cabeza, convencida. —Nunca se olvidaría. Habíamos regresado a mi piso. Miré el anillo que había dejado sobre una estantería. Ni siquiera quería tocarlo, mucho menos volver a verlo. Aquel símbolo de promesas rotas ya no tenía cabida en mi vida. —¿Lo llamaste alguna vez? —preguntó Daniel, mirándome con seriedad. No respondí de inmediato. Me limité a mirarlo en silencio antes de coger el móvil y marcar el número de papá. El tono sonó una, dos, tres veces… Luego, el buzón de voz. Me quedé mirando al vacío, con la garganta seca. Bajé lentamente el móvil y lo dejé sobre el suelo. —Buzón de voz —murmuré, tratando de controlar mi creciente ansiedad. Entonces me decidí. —Tengo que hablar con Ethan. Daniel frunció el ceño. —¿Cuándo? —Ahora mismo. Creo que sé dónde está. Había un bar cerca al que Ethan solía ir cuando estábamos juntos. No tenía dudas de que lo encontraría allí. Era casi medianoche y las calles estaban desiertas. Mientras caminaba, una sensación de inseguridad me invadió, pero no me detuve. El bar estaba a la vista. Miré por las ventanas y lo vi enseguida. Estaba sentado en la barra, como si nada hubiera pasado. Me detuve por un instante, evaluando la situación, y entonces sucedió: sus ojos se encontraron con los míos. Ethan se levantó y salió a mi encuentro. Aunque mi cuerpo gritaba que me diera la vuelta y huyera, sabía que no podía hacerlo. —Lo sabía. Volverías conmigo —dijo con una sonrisa que me revolvió el estómago mientras encendía un cigarrillo. —No —respondí con frialdad—. Pero necesito hablar contigo. Ethan bajó la vista hacia mi mano, notando la ausencia del anillo. Su expresión cambió, pero aún conservaba el suyo. —Ya no tienes tu anillo —comentó con tono casual. —¿Por qué iba a tenerlo? No voy a llevar el anillo de un traidor —siseé, incapaz de contener mi rabia. —Uhh, ¿tan mal? —Ethan, quiero hablar contigo, carajo —repetí. —Entonces hazlo. —¿Por qué mi padre no se ha puesto en contacto? —pregunté directamente, sin rodeos. Ethan tiró el cigarrillo al suelo y se encogió de hombros. —No lo sé. —¿Tienes algo que ver? —pregunté, estrechando los ojos, buscando algún indicio de culpabilidad en su rostro. —No. ¿Por qué iba a tenerlo? —Si todo estuviera bien, se habría puesto en contacto conmigo —dije, insistiendo. Ethan me observó, pero no mostró emoción alguna. —¿Y? Valeria, no lo sé. De verdad que no lo sé. —No confío en ti —admití, dejando claro mi postura. —No soy más que un traidor, ¿verdad? —murmuró con amargura. Entonces algo se encendió en mi mente. Mi mirada se clavó en él, y Ethan, al notar mi cambio de expresión, esbozó una sonrisa que no me gustó en absoluto. —Ethan... —dije —. ¿Está Leo aquí también? ¿Ha vuelto contigo? Su sonrisa se ensanchó de una forma perversa. —Sí —respondió.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR