Capítulo 12 - Nuevos Horizontes

1120 Palabras
Camino a la academia, conversábamos de todo un poco. Ya no me sentía incómoda a su lado; de hecho, disfrutaba hablar con él. No sabía si Richard estaba fingiendo, pero decidí disfrutar de este presente que vivía. Porque, incluso si fuese una farsa, sería la más bonita que jamás había experimentado. Nadie antes me había hecho sentir así, y todo esto era algo nuevo para mí. Síntomas del amor, sonaba en la radio, y ambos nos dejábamos llevar por la melodía, una banda sonora perfecta para este momento. —Me alegra verte más desprendida y menos tensa —dijo, dándome una mirada rápida mientras mantenía ambas manos en el volante. —Gracias a ti, señor Richard. Él me lanzó una mirada divertida, como si le hubiera hecho un chiste. —Solo Richard, tierna manzana. —Qué gracioso... De repente, su tono cambió, volviéndose más serio. —Oye, Gail. —Su voz se suavizó—. ¿Tu madre no te ha dicho nada acerca del tiempo que pasamos juntos? Quiero decir, debe ser un poco preocupante para una madre si no conoce bien a quién está con su hija casi todos los días. Su preocupación me sorprendió. Entendía a lo que se refería; no era para menos. —Claro, sí, aunque ella solo me aconseja porque también está agradecida contigo por todo lo que has hecho. —¿Entonces no debo preocuparme? No quiero causarte ningún problema... Si algo sucede, solo házmelo saber. Estoy dispuesto a hablar con tu madre si es necesario. Richard me hacía pensar en cosas disparatadas; sus palabras sonaban como las de un pretendiente. Me alegraba saber lo preocupado que estaba, pero esa minúscula duda, esa que molesta tanto, comenzaba a surgir en mi mente. Al llegar a la academia, entramos juntos. Era como la escena de una película donde la protagonista entra por primera vez al lugar de su sueño. Yo era la protagonista, y todo era perfecto: el lugar ordenado, pulcro y reluciente, con personas que iban y venían en grupos y corales. Amé todo el lugar. Las lámparas de luces blancas hacían que se viera lujoso, y el aire olía a nuevo. Esta vez aprecié todo más de cerca que en la inscripción, porque Richard me había hecho sentir libre, y eso me llenaba de felicidad. —Te acompañaré a tu salón. Todos deben estar llegando —dijo él, rompiendo el hechizo de mis pensamientos. Asentí sonriendo. —Vamos. Caminábamos juntos, y mientras bajaba la mirada, vi su mano. Deseaba tomarla. No sabía por qué, pero el impulso era fuerte. De vez en cuando, nuestros nudillos se rozaban, y eso solo aumentaba mi deseo de entrelazar nuestras manos. La suya era tan grande, tan varonil... —¡Buenos días, artistas! ¿Esperan a la coach? —Richard entró relajado, hablando como si conociera a todos. —Sí, nos pidió que nos quedemos estos primeros días para ayudar a los nuevos ingresados —respondió un chico que me resultaba familiar. Lo reconocí al instante: era el chico de rasgos occidentales del cibercafé. Vestía de azul marino y llevaba unos converses que le quedaban muy bien. La timidez volvió a mí, y al ver a todos a mi alrededor, me sentí diminuta. —Perfecto. Que disfruten su clase —dijo Richard, girándose hacia mí—. Te dejaré en tu clase. Estaré en el piso de arriba trabajando, así que si me necesitas, solo sube y pregunta por Richard Anderson. —¿Ya te vas? —solté en voz baja, como si no hubiera escuchado lo que había dicho. —Estarás bien. Todos serán amables. Vamos, Gail, tú eres maravillosa. Se fue dejándome con la palabra en la boca, estática, mirando la puerta. Me sobresalté cuando alguien tocó mi brazo. —Hola, ¿no vas a sentarte? Era el chico de rasgos occidentales. Mirarlo de cerca me convirtió en lo que Richard decía: una tierna manzana. —Hola, sí... Él se sentó cerca de mí, y sentí miradas incómodas a mi alrededor. Ya estaba rogando al cielo para que la coach llegara rápido. —Creo que te he visto en algún lado, pero no recuerdo exactamente... —dijo, haciendo un gesto de inspección. Su mirada era intensa, y me sentía un poco expuesta. —¿Sí? —Espera... ¿No estabas en el cibercafé con una muchacha más pequeña? Parecían hermanas... —buscaba mi mirada, pero no podía sostenerla. —No, no que yo recuerde. —Decidí fingir no saber. —Podría jurar que eras tú. Ese día estaba con mi grupo de la universidad, ellos son muy locos y... En ese instante, una voz femenina y aguda irrumpió en nuestra conversación. —Por casualidad, ¿no eres la becada? Hay un rumor de que una chica ganó una beca por su gran voz. ¿No serás tú? La miré al instante. Su mirada era perspicaz, y sentí esa mala energía que a veces surge cuando sin conocer a alguien sabes que no te agradará. Ella vestía como una caprichosa, con un hermoso balayage y ondas que le caían con gracia. No quería tener problemas con nadie, pero mi timidez se intensificó. Podía sentir que ella se veía amenazada por mí, quizás porque podría ser su competencia. No dije nada ante su pregunta. Me quedé pensativa, buscando las palabras adecuadas para no arruinarlo. Finalmente, sonreí. —Sinceramente... No terminé de hablar porque justo entró una mujer alta, con un semblante de elegancia y templanza. Llevaba un blazer n***o, y su cabello era un rizo hermoso y voluminoso. Mis ojos se iluminaron al verla. «¿Será nuestra coach?» Efectivamente, sí lo era. Todos se concentraron en ella. —¡Hola a todos, mis artistas en proceso! Para los que no me conocen, mi nombre es Lucrecia Koch, pero pueden llamarme señorita Lucre o simplemente coach, ya que seré su vocal coach. Por lo que veo, algunos de ustedes ya tienen años en formación, mientras que otros son nuevos. —Juntó sus manos y se paró frente a todos—. ¡Bien! Vamos a presentarnos para ir conociéndonos entre todos. Su sonrisa llevaba hoyuelos, lo que la hacía aún más hermosa. «Probablemente tenga su pareja, pero... Richard es muy atractivo también. No dudo que alguno de los dos se haya fijado en el otro... Pero, ¿por qué estoy pensando esto justo ahora?» Una mujer mayor comenzó a presentarse, y solo faltaban tres para que llegara mi turno. En ese momento, mi garganta se secó. No quería convertirme en un caos y pasar vergüenza. Este problema me atacaba, y ya no quería seguir así. Me cansaba y desesperaba no poder ser como los demás en ese aspecto. ¿Sería capaz de enfrentar este nuevo desafío?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR