Capítulo 7: Sorpresas y Revelaciones

1224 Palabras
En casa, la ausencia de Melina y mi madre me envolvía en un silencio inquietante. Me tumbé en la cama, sintiéndome vacía y perdida en un mar de pensamientos confusos. El tiempo se desvanecía mientras me dejaba llevar por el cansancio, y al cabo de una hora, un ruido estruendoso me despertó. Melina había llegado, haciendo el escándalo del mundo. —¡La profesora nos mandó un montón de tarea! No sé cómo voy a investigar todo. Aquí mamá es la única con teléfono y ella llegará tarde. ¿¡Qué voy a hacer!? —Aish, ya deja la queja. Buscaremos una solución —le respondí, mientras miraba por la ventana, esperando ver a Richard. La curiosidad me consumía. «Parezco una niña esperando un helado», pensé, pero no podía dejar de preguntarme qué sorpresa me tenía reservada. Los minutos parecían eternos, y mi mente divagaba sobre lo que podría ser. Decidí distraerme y le sugerí a Melina ir a un cibercafé para que pudiera hacer sus tareas. A pesar de que no tenía ganas de caminar, no tenía más opción. Al llegar a un cibercafé que nunca habíamos visitado, me sentí intimidada al ver a un grupo de chicos contemporáneos a mí en la entrada. La timidez me invadía, dudé en entrar. —¿Gail? ¿No vamos a entrar? —me apremió Melina. —Eh, estoy esperando a que los atiendan a ellos primero —tartamudeé, sintiendo cómo la impaciencia de Melina me empujaba. Los chicos se movieron finalmente, y nos dirigimos a la máquina seis. El destino parecía decidido a que enfrentara mi timidez. Pero no era fácil. El chico que me había mirado antes estaba detrás de otro, y sentía su mirada fija en mí, lo que me incomodaba sobremanera. «Me vine vestida como una indigente... Debe ser por eso. ¡Qué vergüenza!», pensé, mientras deseaba que Melina se apurara. Mis pensamientos eran balas disparadas en todas direcciones. Cuando finalmente me atreví a mirar, vi que el chico tenía rasgos occidentales, con grandes ojos rasgados y un cabello liso que caía en un estilo de hongo. Su apariencia pulcra y el teléfono de lujo que sostenía me hicieron sentir más pobre de lo habitual. Solté un suspiro mientras observaba a Melina concentrada en su tarea, preguntándome cuándo llegaría mi oportunidad de brillar. De repente, escuché al chico hablando con su amigo. —Es imposible, tenemos la presentación mañana en la Academia, así que no podré ir a la práctica de natación. —Karina irá para que la conozcas. ¡Vamos, Vicent! No seas aguafiestas. La conversación me intrigó. ¿Qué era esa Academia de la que hablaban? Quería saber más, pero no podía evitar sentirme fuera de lugar. —Esa presentación es muy importante, hermano, será para la próxima clase que vaya. —No me importa lo que haga Ryan o quien sea. Su tono desinteresado me hizo reír, y sin pensarlo, les di la espalda para ocultar mi risa. —¿A qué hora dijiste que era la presentación? —preguntó su amigo. —A las 3 p.m. en la terraza del edificio Zuky. —Oí que irán los de la orquesta, ¿es cierto? La curiosidad me invadía. Imaginaba lo emocionante que sería estar en una academia de canto, pero yo estaba atrapada en esta rutina monótona. Después de unos minutos, los chicos se fueron, y noté un papel cuadrado en el piso. Lo recogí, vi que decía la fecha y hora de la presentación en la Academia de Canto Studio Stars A. Mis ojos se iluminaron y se apagaron al mismo tiempo. Guardé el papel, soñando con la posibilidad de asistir algún día. Cuando Melina terminó, regresamos a casa. Mi mente seguía en Richard, pero él aún no había llegado. La noche se hacía más oscura y mi preocupación crecía. Cuando finalmente llegó mi madre, trajo unos panes y parecía agotada. —Hola, mis hijas. Ya llegué, vamos a cenar que muero de hambre. Mientras preparaba café con leche, mi madre recordó lo que había quedado pendiente con Richard. —¿Cómo les fue? No me has dicho nada... —preguntó, sentándose mientras picaba los panes. —Richard me ayudó a denunciarlo. Lo dejaron en prisión por dos años y le impusieron multas. Sasha, mi exjefa, me pagó. Así que, supongo que todo salió bien. —Ahora estamos en deuda con él. Le agradezco a Dios porque no te dejó sola, te ayudó a través de él —dijo con una sonrisa nostálgica. Eran las 8 de la noche. Ya habíamos cenado, pero no podía concentrarme en la conversación. Mi mente estaba fija en Richard, y la preocupación comenzó a consumir mis pensamientos. Salí con la bolsa de basura, esperando verlo llegar. Justo cuando me di la vuelta para entrar, el sonido del portón me alertó. Se abrió, y allí estaba él, pero algo no estaba bien. —¡Hola, Richard! Espera... —atónita, le pregunté— ¿¡Qué te pasó!? —Estaba lleno de moretones y su nariz sangraba. —No te alarmes, solo fueron unos malhechores, pero estoy bien porque pude defenderme y quedaron peor que yo —dijo, intentando reír, aunque el esfuerzo parecía dolerle. —No, no estás bien. Ven, vamos. Estoy agradecida contigo, y que te trate las heridas no sería suficiente. Lo tomé del brazo con delicadeza y lo llevé a la sala. Busqué en nuestra habitación lo necesario para desinfectar sus heridas. Mamá salió inmediatamente para atenderlo, preparando un té para aliviar su dolor. Mientras limpiaba sus heridas con algodón empapado en alcohol, él se veía cansado y adolorido. —Gail, tuviste razón cuando dijiste que sentías que algo no estaba bien. Resulta que esos malhechores los mandó el desgraciado de Jackson para vengarse. No se iba a quedar de brazos cruzados. Me llevé la mano a la boca, atónita. Mis ojos se llenaron de lágrimas. —Perdón, es todo por mi culpa. Qué bueno que no te hicieron nada grave. Debes tener mucho cuidado. En serio, perdóname por todo esto... —Gail —me sujetó del antebrazo—, tú no te preocupes por mí. Ellos son los que deben tener cuidado de mí. Además, ya les di su merecido y llamé a la policía. Todo estará bien. Por cierto... ¿recuerdas la sorpresa que te iba a dar? Asentí, el corazón latiéndome con fuerza. —Mañana temprano vamos a una academia de canto. Están dando becas y logré postularte, solo que la competencia es fuerte. Tienes que dar todo tu esfuerzo. Mis ojos se iluminaron con la noticia. —¿Estás hablando en serio? —¿Jugaría con algo así? Tragué grueso, y la emoción me desbordó. Sin pensarlo, lo abracé con fuerza, sintiendo cómo se quejaba por los golpes en su cuerpo. —Perdón, me emocioné demasiado. Justo hoy soñaba con ir a una academia. Richard... te prometo que cuando sea famosa, te regalaré un auto nuevo. Él soltó una risa que iluminó la habitación, y la alegría se apoderó de nosotros. En medio de la tensión, la promesa de un futuro brillante se dibujaba ante mí, y por primera vez en mucho tiempo, sentí que la vida me sonreía. Pero una inquietud persistía en mi mente. ¿Qué más podría suceder? La vida siempre tenía sorpresas reservadas, y esta vez, no podía prever lo que vendría.
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