LUCIA —Ahora te toca a ti—. Valeria se volvió hacia mí y me guiñó un ojo. —¿Eh? —¿Qué eh? Vas a venir con nosotras, ¿vale?—. Ariana sonrió. —No sé...—murmuré, mirando inconscientemente mi ropa. Las discotecas y los bares son dos mundos diferentes. —Espera, tengo un vestido perfecto para ti—. Valeria sacó un vestido rojo de su armario. La miré y luego miré el vestido. —Nunca... ya sabes. Nunca he llevado ropa occidental—, dije. Me mordí el interior de las mejillas, avergonzada de mí misma. —¿No creéis que no encajo aquí? Soy muy diferente a vosotras. —¿Me juzgas por ser diferente a ti?—, preguntó Valeria, sentándose a mi lado. —No. —Entonces, ¿por qué debería hacerlo yo? Lucia, respeto tus decisiones, ¿vale? No hay nada malo en llevar ropa tradicional. Te queda muy bien. Pero tamp

