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1823 Palabras
Busco a la Mujer de Blanco Sage se acercó a Aksel cuando Brady y Ford revisan unos generadores de luz solar y por fin pudo preguntar por la mujer de blanco. - No sé cómo explicarlo… - comenzó Sage, sus ojos evitando los de Aksel, mirando a lo lejos, como si buscara respuestas en el horizonte - Necesito verla de nuevo. Necesito saber... Pero antes de que pudiera terminar, un sonido brusco interrumpió la conversación. El pequeño lobo blanco saltó del regazo de Aksel y, con una velocidad sorprendente, corrió hacia el borde del bosque. Sage apenas tuvo tiempo de procesar lo que estaba sucediendo cuando la figura blanca desapareció entre los árboles. Aksel se quedó inmóvil por un instante, los ojos fijos en la dirección en la que Ciara había huido. Su rostro, antes preocupado, se transformó en una expresión de angustia contenida. - ¡Ciara! - gritó Aksel, con la voz tensa, casi desesperada. Sin embargo, había algo en él, un freno, una incapacidad para actuar. La tensión en su cuerpo aumentó, como si estuviera luchando contra algo más grande que él mismo. - Brady, ve por ella. - ordenó, la voz rasgada por la urgencia. No podía transformarse para ir por su prima. El beta, quien había estado revisando los generadores de energía solar con Ford a cierta distancia, levantó la cabeza al escuchar la orden. En cuanto vio la dirección en la que Aksel miraba, entendió inmediatamente lo que estaba pasando. No necesitaba más explicaciones. Era algo más que un simple escape. Era un instinto primitivo, uno que solo podía ser entendido por aquellos que compartían ese vínculo con la manada. Brady se levantó de un salto, su postura reflejando la preparación inmediata de alguien acostumbrado a las órdenes rápidas. No tuvo que pensarlo dos veces. Corrió hacia el bosque a una velocidad impresionante, su cuerpo moviéndose con la fluidez de un animal en su hábitat. Sin embargo, lo que sucedió a continuación fue aún más impactante. Justo antes de entrar completamente en el bosque donde los humanos perdieron su vista sobre él. Brady se detuvo, mirando alrededor para asegurarse de que nadie lo viera. En un rápido movimiento, comenzó a desvestirse. Era una transformación rápida, casi instintiva, como si la naturaleza misma reclamara su lugar. Un lobo. Un lobo imponente y fuerte, con ojos verdes que brillaban en la oscuridad se asomó para dejarse ver por Aksel. Sage apenas podía creer lo que estaba viendo, aunque algo en su interior le decía que había mucho más de lo que parecía a simple vista. El lobo, más grande que uno promedio, dio un último vistazo hacia atrás, confirmando que ya no había humanos alrededor y luego desapareció en el bosque tras Ciara. Aksel observó en silencio, con los músculos tensos, pero sin moverse, como si estuviera esperando que su beta, hiciera lo que él no podía hacer. Ciara había huido y Brady iría tras ella. Sage, completamente fuera de lugar, pero totalmente cautivado por lo que acababa de presenciar, se giró hacia Aksel, que estaba visiblemente frustrado. Había algo en ese lugar, algo más grande y más peligroso que lo que había imaginado. - ¿Qué está pasando aquí? - preguntó finalmente, su voz temblorosa de incredulidad, aunque lo hacía más para sí mismo que para Aksel. - Hay lobos salvajes... Aksel no contestó de inmediato. Solo se quedó mirando el lugar por donde Brady había desaparecido, como si esperara una respuesta del aire. Un momento de silencio pasó entre ellos antes de que, finalmente, Aksel susurrara, más para sí mismo que para Sage: - No puedo perderla... No puedo. Sage, aún sin entender completamente, sintió la intensidad en las palabras de Aksel. Era algo más que una preocupación, algo más profundo. Su prima no solo estaba conectada con Aksel de alguna manera profunda y ancestral, sino que también había algo en ella que despertaba la necesidad de protegerla. La misma necesidad que ahora los impulsaba a seguirla. Sage observaba todo con una mezcla de desconcierto y creciente intriga. La situación estaba tomando un giro inesperado y difícil de entender. Aksel, normalmente tan controlado, estaba claramente alterado. Cuando el pequeño lobo blanco saltó de su regazo y comenzó a correr hacia el bosque, algo dentro de Sage le dijo que este momento era más importante de lo que parecía. Sin embargo, aún no podía comprender del todo lo que estaba sucediendo. Sage frunció el ceño, desconcertado. ¿Quién era Ciara? ¿El lobo blanco?. Pensó que tal vez se refería a alguien más, alguna mujer que estaba cerca, pero cuando vio la forma del lobo desapareciendo con tanta rapidez, algo le pareció extraño. La conexión entre Aksel y esa criatura parecía demasiado… cercana, algo que le daba la sensación de que había más de lo que estaba viendo. Aksel se quedó allí, inmóvil por un momento, mirando la dirección en que el lobo se había ido. La frustración en su rostro era palpable. Había algo desesperado en su mirada, como si estuviera luchando contra algo que no podía controlar. Entonces, sin más preámbulos, Aksel gritó de nuevo, con una urgencia que dejó a Sage con una creciente sensación de inquietud. Y entonces, finalmente, la pregunta salió sin que Sage la pensara demasiado. - ¿Quién es ella? - preguntó, su voz más suave de lo que pretendía. Aksel suspiró y, aunque su rostro mostraba claramente la molestia por la huida de Ciara, se giró hacia Sage. No estaba dispuesto a dar más detalles, pero su mirada, cargada de emociones que no quería compartir, le dejó claro que las respuestas que buscaba no llegarían fácilmente. - Esa loba es especial para nosotros. Si algo le pasa... - dijo Aksel, en voz baja, pero con suficiente firmeza como para que Sage entendiera que no iba a ser tan sencillo de entender - Es algo que no puede pasar. Sage, aún confuso, no pudo evitar sentirse atrapado en un misterio que no sabía si debía resolver o si simplemente debía alejarse. Pero algo dentro de él, tal vez la misma curiosidad que lo había traído hasta allí, le dijo que esto no iba a ser tan fácil. Había mucho más que descubrir. - ¿Podemos ir por ella? - le preguntó. - Brady es un rastreador. La encontrará. Acercaré el auto a la entrada del bosque. - ¿Y qué hay con ese lobo? - preguntó. - Es un lobo entrenado para proteger. No dañaría a los humanos. - le dijo firme caminando hacia el auto. En el bosque, Ciara corría con agilidad entre los árboles, sus pasos ligeros como los de una sombra en la oscuridad del bosque, pero , dentro de su ansiedad, no vio el peligro. En un instante, su pata izquierda quedó atrapada en una trampa oculta entre las hojas y las raíces. El dolor la recorrió de inmediato y con un fuerte aullido, el sonido se elevó entre los árboles, desgarrando la quietud del atardecer. Brady, que había seguido su rastro con rapidez, escuchó el sonido y, al instante, sus sentidos se alertaron. Ciara estaba herida. El miedo se apoderó de él y su cuerpo, ágil y veloz, respondió sin pensarlo. Con un salto rápido, corrió sin detenerse, guiado por el sonido de los lamentos de Ciara. En la entrada del bosque, Aksel, que había estado esperando noticias, vio como Brady regresaba con su presa herida. El lobo, a pesar de su ferocidad, tenía a Ciara entre sus mandíbulas con delicadeza, su cuerpo doblado para mantenerla sin causar más daño. La situación era grave y Aksel lo sabía. - ¡Ciara! - gritó Aksel al ver a Brady acercarse con la loba. Sus ojos brillaban de preocupación, pero algo en su tono mostraba que también había una desesperación contenida. No podía perderla. No ahora. No después de todo lo que había pasado. Ford, que había estado observando desde el auto, notó algo extraño. En el suelo, entre las sombras, vio algo que inmediatamente captó su atención. La ropa de Brady, arrugada y tirada, a un costado de los árboles, más allá de donde la luz del coche alcanzaba. El escenario era inquietante. Aksel no dudó ni un segundo al ver su expresión. Recogió rápidamente la ropa, observando cómo el viento la agitaba ligeramente. Con un gesto preciso, la enrolló en sus manos, guardándola con rapidez. - Los turistas siempre dejan cosas botadas por aquí. - comentó Aksel en tono tranquilo, como si fuera un hecho común, mientras metía la ropa en el maletero del coche. - Tenemos un departamento de cosas perdidas, por si alguien necesita reclamar algo. Ford lo miró, pero la expresión de Aksel era inquebrantable. No parecía una respuesta natural, como si el asunto fuera algo mucho más serio de lo que él dejaba entrever. Algo en esa tranquila afirmación hizo que Ford se sintiera incómodo. La ropa de Brady y el apuro de Aksel al recogerla, levantó sus alertas. ¿Qué había pasado en ese bosque? ¿Por qué tan pronto como Brady había entrado allí, la ropa había quedado tirada de esa manera? Y lo más importante, ¿Qué relación tenían Aksel, Brady y el lobo? La tensión en el aire era palpable cuando Aksel, con los ojos vidriosos, comenzó a comunicarse a través del enlace mental con su padre. La trampa en el bosque había herido a Ciara y la situación se había vuelto urgente. Un sentimiento de impotencia lo invadió mientras su voz, cargada de preocupación, se transmitía a través de la red mental de la manada. Su padre, el alfa, reaccionó rápidamente. No hubo palabras vacías, solo la acción de un líder que entendía la gravedad de la situación. “Voy a enviar a Arcus y los guerreros. Tú sigue con el coche, trae a Ciara y lleva a Duncan al hotel.” El mensaje fue claro y directo. Pero aún así, algo en el rostro de Aksel mostró que no podía evitar sentirse culpable por la herida de Ciara. El lobo gruñó al recibir las instrucciones y se alejó con rapidez, aún en su forma animal. Brady regresaría a la manada, pero Arcus tomaría la delantera en la búsqueda. Aksel, por un momento, quedó estático, mirando la dirección en la que Brady se había ido. Pero tenía que concentrarse en Ciara. Aksel dejó al lobo blanco en el asiento delantero, buscando asegurarse de que estuviera cómodo, pero Ciara aún estaba agitada. Fue entonces cuando Sage, quien había estado observando en silencio, dio un paso al frente con una mirada resuelta. - Déjame a mí. - dijo Sage con una firmeza que sorprendió a Aksel - Si la llevas así, podría caerse del asiento en cualquier frenazo. Aksel, aún tenso, lo miró por un momento, midiendo su expresión. La situación era delicada, pero no había tiempo para discutir. Sage estaba tomando la iniciativa y, por alguna razón, algo en su actitud le daba la confianza de que la cuidaría.
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