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1748 Palabras
Más que la Superficie El coche se detuvo frente a la entrada de la casa, el sonido de los frenos cortando el aire denso del atardecer. La casa frente a ellos era imponente, silenciosa, con luces tenues que se filtraban a través de las ventanas, creando sombras largas y misteriosas en la entrada. Brady ya los esperaba, vestido con otra ropa. Su figura imponente se destacaba en la entrada, con una manta limpia en las manos, listo para cubrir a Ciara y asegurar que estuviera bien. Pero cuando el coche se detuvo completamente y Aksel abrió la puerta para ir a tomar a Ciara. Pero al hacerlo, se quedó completamente congelado en su lugar, la sorpresa pintada en su rostro. Algo no estaba bien. La escena ante él era desconcertante. Sage, el hombre que había conocido solo como un empresario serio y calculador, ahora parecía estar en trance. Su mirada estaba fija en Ciara, sus ojos vacíos, pero con una intensidad inquietante. La loba blanca estaba acurrucada en sus brazos, completamente tranquila, como si ya no tuviera dolor, como si todo el sufrimiento hubiera desaparecido. Y lo más extraño, lo que más desconcertó a los hombres, fue la marca en la frente de Sage. Era exactamente igual a la que Ciara tenía en la suya. Una marca de magia antigua. Ford frunció el ceño y dio un paso hacia atrás, incapaz de procesar la imagen ante él. ¿Cómo era posible? Sage no le prestó atención a Ford, ni siquiera a Aksel, que había salido del coche con rapidez para acercarse a ellos. El hombre no la soltaba. En su trance, sus manos se aferraban a la loba, aún en su forma blanca, parecía encontrar consuelo en su cercanía. Era como si se hubieran conectado de alguna manera. Con una calma extraña, casi como si hablara en un susurro profundo que solo él podía entender, Sage murmuró una palabra, una sola palabra que resonó en el aire con una intensidad que desbordaba cualquier lógica. - Mía... Ford parpadeó, la confusión tomando su mente. ¿Mía? La forma en la que Sage había pronunciado esa palabra estaba cargada de algo que Ford no podía comprender, pero algo en su voz era diferente. Como si no estuviera hablando simplemente, sino con algo más, algo ancestral que conectaba a los dos. Aksel dio un paso hacia adelante, más desconcertado que nunca, pero también preocupado. - ¿Qué demonios está pasando aquí? - murmuró, su voz tensa. Sage parecía fuera de sí. No era posible, no era normal. ¿Cómo había llegado a este punto, con esa marca y ese trance? Aksel miró a Ford, luego a la escena frente a él. La marca, la palabra, la conexión con Ciara... todo esto estaba rompiendo las reglas que había conocido hasta ahora. - ¿Sage? - preguntó Aksel con cautela, acercándose lentamente al hombre. Sage no respondió. Solo miraba a Ciara, su mirada fija y absorta. El vínculo entre ellos estaba más allá de cualquier cosa que pudieran comprender. Era evidente que algo mucho más profundo y antiguo estaba ocurriendo, algo que no podían controlar. Sage, sin apartar la mirada de la lobo, dejó escapar una exhalación, como si se hubiera despertado de un sueño profundo. - Mía... - repitió, esta vez con algo de claridad, aunque todavía atrapado en el misterio de la situación - Es ella... Aksel miró a Ford y por primera vez, la incertidumbre cruzó su rostro. Había mucho que no entendía, pero lo que sí sabía era que algo grande, algo irreversible, estaba comenzando a suceder frente a ellos. - ¡Mierda! ¡Es su compañero! La voz de Ferris cayó como una losa entre ellos. - Están conectados por magia. El silencio que siguió fue profundo, casi ensordecedor. Ford lo miró, primero con incredulidad, luego con una creciente comprensión, como si todo en su mente estuviera encajando, pero de la peor forma posible. Se pasó una mano por el rostro, sintiendo que el mundo que había conocido hasta entonces comenzaba a desmoronarse, capa por capa. - Son lobos... Maldición. - exclamó. Eran cambiaformas y todo a su alrededor se desmoronó. Las piezas del rompecabezas que no lograba juntar, por fin, encajaron. Los extraños comportamientos, la fuerza descomunal de algunos de los presentes. Todo comenzaba a tener sentido y al mismo tiempo, parecía una locura. La conexión, la magia, todo era demasiado y el cuerpo de Sage no pudo soportarlo. Se desplomó, dejando a Ford y a Brady con el peso de lo que acababa de suceder. La confusión era profunda, pero el instinto les dijo qué hacer: debían llevar a Sage a una habitación en la casa de la familia. Ford le hizo un gesto a Brady y entre los dos, con delicadeza, levantaron a Sage para trasladarlo rápidamente, casi arrastrándolo por el suelo. Aksel, por su parte, observó la escena con los ojos entrecerrados, el rostro tenso y la mandíbula apretada sosteniendo a su prima. Había una conexión profunda entre Sage y Ciara. No era sólo un vínculo casual, no era una simple amistad o química. Era algo mucho más, algo que Aksel no había anticipado. Subieron al ala de las habitaciones de la familia del alfa siguiendo a los jóvenes y a su padre quien ya había llamado a los médicos quienes lo esperaban en el corredor junto a la habitación de Ciara. Cuando intentó entrar en ella, alejándola de Sage, la loba, quien estaba mirando todo lo sucedido con ojos llenos de preocupación y confusión reaccionó de forma inmediata y visceral. Ciara gimió, un sonido bajo y angustiado, mientras sus ojos brillaban con una tristeza indescriptible. Era como si ella también pudiera sentir el dolor de la separación, el desgarro que se estaba generando entre ella y Sage. La lobo levantó la cabeza, buscando a Sage con la mirada, como si no pudiera entender por qué estaban siendo apartados. Aksel, incómodo, intentó calmarla. - Freya, tranquila. - dijo con una voz suave, pero la loba no dejaba de quejarse, como si estuviera en duelo. No era un simple lamento de animal. Era un lamento profundo, cargado de una tristeza inexplicable que reflejaba algo mucho más grande. La situación parecía desbordarse por completo. Sage y Ciara estaban conectados de una forma que ninguno de ellos entendía completamente. Aksel comenzó a caminar hacia la habitación donde acostaron a Sage, con la loba gimiendo, como si no quisiera separarse de Sage. Brady y Ford ingresaron a la habitación con Sage, dejándolo en la cama, cuidando de que estuviera bien, aunque todos sabían que algo mucho más grande estaba ocurriendo. Algo fuera de su control. Pero la incomodidad no desapareció. Ford frunció el ceño, observando a Aksel mientras guiaba a Ciara. - ¿Qué demonios está pasando aquí? - murmuró, sin poder evitar la pregunta. Él había visto muchas cosas, pero lo que estaba sucediendo ahora superaba lo que podía procesar. Aksel, mirando a la loba, no pudo evitar un suspiro de frustración. - No lo sé.- respondió, con la voz cargada de algo cercano al miedo. Freya, ahora más tranquila, aunque todavía claramente ansiosa, pero sus ojos no dejaban de buscar a Sage, como si su alma estuviera atada a la de él, como si la separación fuera una herida sangrante para después saltar a la cama y quedarse a su lado, protegiéndolo. El vínculo entre Sage y Ciara iba más allá de lo que cualquier ser vivo podría comprender. Sin embargo, lo único que Aksel sabía con certeza era que este evento cambiaría las reglas del juego para siempre. ¿Qué harían ahora? ¿Cómo controlarían lo que se había desatado? La puerta se abrió con un leve crujido. Ferris entró primero, su presencia imponiéndose en el silencio denso de la habitación. Los ojos del alfa recorrieron la escena: Sage, inconsciente sobre la cama y la loba blanca de mirada feroz agazapada a su lado, erizada, los colmillos apenas asomando. - No se va a mover. - advirtió Brady, con voz baja - No desde que lo dejaron ahí. Se echó encima y no deja que nadie se acerque. Ferris frunció el ceño. La herida en la pata de la loba seguía sangrando levemente, aunque sus instintos la empujaban a proteger, no a buscar ayuda. La tensión se apoderaba del aire, pero el alfa dio un paso adelante con tranquilidad absoluta. Su voz, cuando habló, fue profunda, cargada de autoridad ancestral, casi como un trueno contenido. - Freya. Cambia. El gruñido de la loba se quebró al instante. Su cuerpo tembló, resistiéndose apenas una fracción de segundo, pero el mandato alfa no podía ser desobedecido. Con un jadeo, el pelaje comenzó a replegarse. La forma de la loba se curvó, contrajo y alargó, hasta que, sobre las sábanas, quedó el cuerpo desnudo de Ciara, en posición fetal, su respiración agitada, su piel cubierta de un fino sudor. Su mano, inconsciente, aún rozaba el costado de Sage. Ambos tenían la misma marca luminosa en la frente, como si una flor se hubiera posado sobre ellos. Viva. Palpitante. Ford dio un paso hacia atrás, visiblemente afectado. - Dioses… - murmuró. Aksel se acercó de inmediato y, sin decir una palabra, tomó una manta doblada del sillón cercano. Con suavidad y respeto, cubrió el cuerpo de Ciara, dejando su rostro al descubierto. Ella no despertó. - Están conectados. - dijo Ferris con tono grave, contemplando la marca - El vínculo ha respondido, incluso sin ritual, sin mordida completa. Esto… es más antiguo que nuestras leyes. Los médicos se acercaron al llamado de Ferris y comenzaron a trabajar con delicadeza sobre la herida en la pierna de Ciara. Uno de ellos limpió con rapidez y al quitar la sangre y la suciedad, todos lo vieron: la piel ya comenzaba a regenerarse. - Está sanando bien. - susurró Brady. Ferris cruzó los brazos. Observó a Sage, inmóvil, con la frente aún brillante y luego a Ciara, que emitía leves quejidos de sueño profundo. - Están resonando. - dijo - Los cuerpos se están adaptando el uno al otro. Lo que sea que los unió… no puede romperse. - ¿Y ahora qué? - preguntó Aksel en voz baja. - Es un humano. No podrá marcarla - Ahora, los protegemos. Del Consejo. Y de Garret. - respondió Ferris sin apartar la vista. El silencio fue absoluto. La luna, apenas creciente en el cielo, parecía mirar desde la ventana. La misma luna que pronto estaría llena. Y los marcaría a ambos… Para siempre.
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