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1461 Palabras
Cumming Nature Center, Rochester Ciara trataba de enfocarse en su rutina, en los senderos boscosos y el aire fresco del Cumming Nature Center, en las risas de los niños que llegaban con sus familias para las excursiones. El sol bañaba la tierra con calidez y el aroma de la madera y la tierra húmeda era reconfortante. Aquí, rodeada por la naturaleza, podía pretender que nada había cambiado. Que no despertaba cada mañana con un escalofrío recorriendo su cuerpo, con su piel aún recordando el roce de unas manos que no lograba identificar del todo. El problema era la noche. Cuando cerraba los ojos, él estaba ahí. Alto, dominante, con una presencia que le robaba el aliento. No podía ver su rostro con claridad, pero su aroma la envolvía, su voz grave susurraba palabras apasionadas en la penumbra y cada vez que la alcanzaba en sus sueños, la hacía estremecer con un deseo que no comprendía. Se despertaba jadeante, su corazón latiendo con fuerza. Su cuerpo encendido por una necesidad inexplicable. Se levantaba y caminaba en círculos por su habitación, como si fuera una prisionera en su propio cuerpo. - No es real. - se decía una y otra vez, pero eso no hacía desaparecer el ardor en su piel. Para empeorar las cosas, la luna llena se acercaba. Y con ella, el compromiso que tanto temía. Garret. El lobo con el que su familia había acordado su unión. Un buen partido, decían. Un alfa fuerte de una de las manadas aliadas, un hombre con honor y linaje impecable. Pero ella no quería ser parte de ese acuerdo. No quería que su destino fuera decidido por otros. No quería pertenecerle. Ya pertenecía a otro. Cada vez que pensaba en el compromiso, su loba interior, Freya, gruñía con desagrado, algo en su instinto le gritaba que era un error. Antes no lo cuestionaba, simplemente sabía que no era lo que quería. Pero ahora... ahora todo se sentía diferente. La marca de magia. Ese símbolo resplandeciente que Sage vio en su frente aquella noche y que ella no recordaba. Un escalofrío recorrió su columna. ¿Qué le había hecho ese hombre? ¿Por qué su cuerpo y su lobo reaccionaban de esta forma? Necesitaba respuestas. Y solo había una forma de conseguirlas. Tenía que escapar antes de la luna llena. Antes de que la manada decidiera por ella. Antes de que fuera demasiado tarde. Oficinas de Sage Duncan, Nueva York Ford exhaló pesadamente, sintiendo el peso de la frustración de su jefe como una losa sobre sus hombros. Estaba acostumbrado a manejar situaciones tensas, negociaciones agresivas y crisis empresariales, pero nada lo preparó para la obstinación de Sage Duncan cuando se trataba de la misteriosa mujer del vestido blanco. - ¿Nada? - la voz de Sage era fría, cargada de irritación contenida. Ford negó con la cabeza, girando la pantalla de su laptop para que su jefe pudiera ver los videos. - Estas son las únicas grabaciones útiles. No hay registros de ella ingresando al hotel, ni de su nombre en las reservas. Solo estas tres malditas tomas. Sage entrecerró los ojos mientras observaba la primera grabación. Ahí estaba él, con su camisa desarreglada y la desesperación en su expresión, besándola contra la pared de un pasillo del bar. La forma en que la sostenía, como si no pudiera soltarla, como si la necesitara más que el aire… lo hizo maldecir entre dientes. La segunda grabación fue peor. La imagen era clara, mostrando el momento en que arrinconó a la chica contra la puerta de la suite, sus cuerpos tensos, la mirada de ella vidriosa, la suya llena de hambre. Casi podía sentir la electricidad de ese instante, la forma en que su autocontrol se había evaporado. Pero la tercera grabación fue la que lo golpeó en el estómago. La joven saliendo al amanecer, con el cabello desordenado, los zapatos en la mano, el vestido mal abrochado. Huyendo. Sage apretó los dientes y golpeó el escritorio con el puño. - Mierda. Ford, impasible, cerró la laptop y cruzó los brazos. - Si no me hubieras dicho que no sueles perder el control con una mujer, pensaría que esto es solo un remordimiento de una noche desenfrenada. Pero lo que vi en estos videos… no eres tú, Sage. Algo pasó esa noche. - Lo sé. La voz de Sage era apenas un gruñido. Sus dedos pasaron por su cabello, claramente irritado. No era como él. No se descontrolaba. No se obsesionaba. Pero desde esa maldita noche, su mente no le daba tregua. Los sueños no se detenían. La sentía. Su piel, su aroma, su sabor. Y cada vez que intentaba convencerse de que era solo una maldita coincidencia, el ardor en su piel le recordaba que algo dentro de él había cambiado. Y el símbolo en su frente... Esos ojos color magenta que lo miraban con deseo. ¿Quién demonios era ella? - Si no quieres que siga con la búsqueda, dímelo ahora. - dijo Ford, observándolo con seriedad. Sage lo miró con dureza. - Encuéntrala. No me importa cómo. Ford suspiró. Lo había visto venir. - Entonces será mejor que hablemos con Aksel O’Brien. Él sabe quién es ella. El nombre hizo que los ojos de Sage brillaran con determinación. - Pues es hora de hacer una llamada. Cafetería del Campus, Universidad de Rochester Aksel estaba en la cafetería con Brady haciendo tiempo para su próxima clase. Ninguno estaba realmente concentrado en sus estudios debido a que la luna llena se acercaba. Quedaba poco tiempo y Duncan no se había comunicado, pero tampoco querían parecer desesperados. Los lobos tenían orgullo. - Deja de sobrepensar. - le dijo Brady al joven alfa. - Se nos acaba el tiempo... - Llamará... Y cuando Aksel iba a bromear sobre sus habilidades de visionario, la pantalla de su celular se encendió y el número de Sage Duncan se visualizó. - Mierda, definitivamente eres un brujo... Brady se rio, Aksel lo dijo en broma, pero ambos sabían que el joven beta tenía una suerte extraña para adelantarse a las cosas. Buenas o malas. Aksel se recargó en la silla de la cafetería, su mirada fija en la pantalla de su celular mientras le hacía un gesto a su amigo y conectaba la llamada para escuchar la voz controlada de Sage Duncan al otro lado de la línea. Brady, sentado frente a él con un café en la mano, arqueó una ceja en cuanto captó la tensión en el rostro del alfa. - Dices que tienes algunas dudas sobre el proyecto. - Aksel repitió con tono neutro, sin perder la cautela. Era obvio que el tipo tenía otra razón para llamarlo. Algo en su tono le decía que no solo estaba interesado en la inversión. - Así es. Prefiero discutirlo en persona. La voz de Sage sonaba perfectamente medida, pero Aksel no se tragaba la calma fingida. El alfa miró a Brady, quien ya fruncía el ceño con desconfianza. Mierda. No podía aceptar la reunión ahora. Su prioridad era otra. - Voy a estar fuera la próxima semana. - dijo Aksel con naturalidad - Asuntos de la familia. Era cierto. Tenía que viajar con los mayores de la manada para reunirse con los líderes de otra comunidad y tratar el tema del enlace con Garret. Ciara no lo sabía todavía, pero su destino ya estaba decidido. - ¿Y qué tal la semana previa a la luna llena? - propuso, con una voz amistosa, pero sin dar espacio a negociación - Estaremos en plena preparación del evento en el resort. Es el mejor momento para que veas cómo trabajamos en temporadas altas. Hubo un breve silencio. Aksel sintió la tensión al otro lado de la línea. - Bien. Me parece razonable. - respondió finalmente Sage, aunque su tono sonaba un poco más frío - Coordinaré mi viaje a Rochester y te contactaré antes de partir. Aksel asintió, aunque el otro no podía verlo. - Perfecto. Nos vemos entonces. Cortó la llamada y dejó el teléfono sobre la mesa, entrelazando los dedos sobre su café. Brady no tardó en soltar una risa seca. - No me jodas. ¿Duncan llamando justo ahora? Aksel exhaló pesadamente. - No fue solo por la inversión. Quiere algo más. Brady lo miró con seriedad, entendiendo al instante. - ¿Va a poner más condiciones? Aksel apretó la mandíbula. - No lo mencionó, pero lo sentí. Quiere respuestas. Brady bufó, llevándose la taza a los labios. - Mierda. Nos estamos metiendo en un problema, ¿Verdad? Aksel miró el café n***o frente a él, su expresión endureciéndose. - No lo sé, pero lo necesitamos si queremos que Garret se aleje de Ciara. - Tienes que prepararte, alfa... - Siempre. No voy a perder este trato.
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