Los rumores en Roma eran peligrosos, destructivos, podían terminar con la reputación de un senador o con la vida de un inocente, en una sociedad donde el único poder que tenia un pueblo plebeyo era su lengua, este recurso era explotado al máximo haciéndolo sumamente pesado, tan pesado que en ocasiones terminaba con la vida de un ser que no pudiendo soportar la presión y el escrutinio publico terminaba con su vida para así llevarse el recuerdo consigo. —Domine—Me llamó Seia entrando a la habitación cuando el sol se coló por la ventana, la calidez mañanera no sirvió de mucho para levantar mi ánimo, deseaba estar sola, deseaba quedarme encerrada en aquella habitación y nunca salir, pero esos no parecían los deseos del destino—Tiene visitas. —¿Visitas? —Pregunté—No estoy en condiciones de mi

