Capítulo Noveno

1855 Palabras

cuando Nicholas ingresó a la casa que compartía con su esposa, aquel domingo pro la mañana, y observó a los ojos a Carmen, quien esperaba por él en la puerta, supo que el estado anímico de su esposa no tenía siquiera comparación con lo que el entendía como furia femenina. - Buenos días. –soltó la empleada y él tragó saliva con dificultad- - ¿Está despierta ya? –preguntó sin rodeos, odiaba darle vuelta a los asuntos. Prefería el golpe seco y certero a todo el juego previo de indirectas y esas idioteces– - ¿Despierta? Ni siquiera ha pegado el ojo en toda la noche. –suspiró cansina antes de continuar.– Me dijo que esté al pendiente a cuando usted llegue para informarle que lo espera en tu despacho. - ¿Está muy molesta? - Molesta no, lo siguiente. –él puso los ojos en blanco y, sin agrega

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