7. El mejor fin de semana.

892 Palabras
Brooke. Debido a mi hombro lastimado Alissa se quedaría unos días conmigo, así lo decidió ella, ¿me preguntó? No. Llevaba un cabestrillo que me imposibilitaba en muchas cosas, lo peor de todo es que iba a suceder durante las vacaciones, si, jodida vida. Me había cansado de leer e iba a ver que hacía Alissa que estaba tan callada, eso solo significa que algo tramaba y era peligroso, solo salí de mi habitación y la vi medio escondida mirando por una pequeña abertura de la puerta, me acerqué despacio y sin hacer ruido para que no se diera cuenta y así poder asustarla. —¿A quién espiamos?— le susurré al oído. Ella saltó asustada —¡m****a Brooke, no aparezcas de esa manera, me vas a matar de un susto!— reí muy fuerte —Estoy esperando a tu vecino— dijo muy seria. —¿Qué? ¿por qué?— cuestioné nerviosa. —¡Como se le ocurre rechazarte!, él y mi puño tendrán un encuentro cercano— levantó su puño y lo chocó contra su palma, se veía realmente amenazante para medir un metro y medio. Alissa se había quedado con la idea de que Jordan me había rechazado, no tuve suficiente tiempo para decirle que fue él quien me ayudó el día que me caí, tampoco que nos habíamos besado. Por ahora quería tener esos momentos sólo para mi. —Estás loca Ali, no puedes ir por la vida golpeando a la gente que no te agrada—. —Claro que si, principalmente si se lo merece, y este es el caso.—ella hablaba muy en serio —Mejor aún, esperemos a que llegue Sara, ella lo podrá golpear aún más fuerte—. En cuanto dijo aquel nombre, me recorrió por completo un terrible escalofrío. —¿Sara?— en ese momento mi corazón se convirtió en un Porsche, iba de cero a cien kilómetros en segundos. —Ella vendrá, yo la invité— levanta su muñeca para revisar su reloj —no debe tardar en llegar—. No había visto o hablado con Sara después del funeral de Andrew, no teníamos mucho que decirnos. —Ahí viene— anunció mi mejor amiga. —¿Sara?— volví a preguntar, el miedo me inundó. Alissa volteo a verme confundida. —No, tú vecino.— para ella era obvio —¡Hey tú!— le gritó, Alissa iba con toda intención de pelear pero apenas iba a dar un paso afuera del departamento cuando la jale de la playera para meterla de nuevo, sin embargo había sido muy tarde, Jordan nos había visto. —Hola chicas, ¿están teniendo un buen fin de semana?— él estaba siendo tan amable y Alissa quería golpearlo. Cubrí la boca de mi mejor amiga para hablar por ella —Hola Jordan— reí nerviosa —ella es mi mejor vecina Alissa, Alissa es el Jordan— no puede ser, cada vez quedaba peor —quise decir que ella es mi mejor amiga Alissa y él es mi vecino Jordan. Hechas las presentaciones me despido— después de avergonzarme, entramos al departamento. Ella estaba aún más seria, si es que eso era posible. —Lamento eso— me disculpé aunque no sabía muy bien por que. —¿Lamentas que te guste mucho tu vecino?— ¿qué? ¡no!, saben que, ya no iba pelear con está mujer, sólo iba a seguirle la corriente así que asentí —está bien pequeña Brooke, dejaré esto por ahora— eso era algo bueno —me alegra que te dieras la oportunidad de ser feliz otra vez— con cuidado me dio un abrazo reconfortante. Mientras Alissa ideaba toda clase de planes para que Jordan me hiciera caso, devoramos por completo un bote de helado sabor cookie, porque sí, el señor Harrison aún lo hacía y de vez en cuando Alissa lo traía. El sentimiento de tristeza me llegó, porque en todo lo sentía presente. Si era un día soleado y aprovechaba para caminar o ir al parque, pensaba en él, si llegaba a ir al cine, su recuerdo de él detrás del mostrador llegaba a mí, y cuando voy a dormir la última cosa que veo es su collar del ejército y el anillo que me dio. ¿Podrá ver él todo lo que he logrado? Espero que si. Alissa estaba por su cuarto plan cuando decidí sincerarme. —Jordan y yo nos besamos— mi mejor amiga estaba con la boca abierta —él me gusta— por fin lo admití. Ella se emocionó muchísimo, empezó a brincar de felicidad literalmente, eso me dio confianza. Tal vez, podría funcionar. Apenas le iba a contar lo del accidente cuando sonó el timbre. Me levanté para abrir y en cuanto vi a Sara al otro lado de la puerta cada doloroso recuerdo que había superado había vuelto más fuerte y más hiriente que nunca. Ella sonreía, pero no era una sonrisa alegre, todo en ella se veía distinto —Hola Brooke— dijo simplemente. Ya no quedaba mucho de aquella Sara poderosa e inquebrantable. —Que bueno que has llegado, ¡es hora de tener el mejor fin de semana chicas!— gritó eufórica mi mejor amiga. Éste no estaba ni cerca de ser el mejor fin de semana.
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