—Habrán pasado muchos años, pero sigo teniendo el toque —guiñé a Claire haciéndola reír. —¿Dónde está su recámara? —Arriba, última puerta del lado izquierdo, ¿pero no crees que deberíamos llevarla a urgencias? —Tranquila, solo es un desmayo. —¿Podrías quedarte con ella? Sé que estará feliz en cuanto despierte. Pese a la preocupación por su madre, su melancólico tono me intrigó, así que dejé a Raquel en su habitación asegurándome de que estuviese bien y la desvestí lo suficiente admirando cómo su cuerpo, pese a tener poco más de sesenta años, seguía viéndose formidable. —Sigues prendiéndome aun después de tanto tiempo, enfermera Olmeida, pero primero debo atender otro pequeño asunto —murmuré sobre sus labios con mis dedos desplazándose en sus pliegues. —Descansa, nena, volveré más tard

