Capítulo 14: Fuera de base.

1632 Palabras
Marcos miró al suelo. No sabía por qué se le ponía la piel de gallina cada vez que miraba la profundidad desde la camioneta al suelo. Antonio, el chofer personal de Bianca lo había pasado buscando más temprano de lo normal por órdenes de Luis Colmenares. Claro que Marcos y su amiga sabían la razón: había llegado el día de poner en marcha el proyecto de la UTPS. Marcos respiró profundo al volver a ver el piso ¿estaba nervioso por la profundidad o por lo incierto que podía ser ese día? Yo diría que las dos cosas ¿ustedes qué opinan? Con una sonrisa traviesa Bianca quiso hacerle una broma a su mejor amigo, así que colocó su mano al frente para que él se apoyara de ella y cuando este se dispuso a tomarla, la pelinegra retiró la mano. Las piernas de Marcos se desestabilizaron y cayó de cara en el cemento partiéndose los lentes. El chico escuchó  risas cerca de él. La piel le ardía por la vergüenza y la molestia. No solo era el golpe ¡Eran sus lentes! ¿Con qué puto dinero los iba a volver a comprar? —¡Chinga tu madre, pendeja! —Se levantó con ayuda de una Bianca arrepentida —¡Suéltame, wey! ¿Estás pendeja? ¿No sabes lo mucho que puede causar una simple caída, wey? ¡Y mis lentes! ¡Se jodieron! —Yo... Ay ¡Marcos! —La pelinegra lo llamó pero el chico aceleró sus pasos sintiendo un fuerte dolor de cabeza al igual que en su boca y nariz. Tropezó con varios estudiantes por llevar los cristales agrietados ¿pero qué más podía hacer? ¡Casi no veía nada! Estar sin lentes lo dejaba fuera de base, o mejor dicho: lo hacía ser casi inútil. Entró dudoso al salón en donde se suponía debía ser su clase de Salud Colectiva II y en donde le había citado Sonia antes de empezar la clase, y sintió arder de vergüenza de nuevo cuando vio la figura de la mujer correr hasta él. —¿Marcos, qué te ha pasado? —Cuestionó preocupada tomándolo de la mano para acercarlo a su escritorio —¿Te paliaste? ¿Fue el animal de tu jefe? ¿Quién fue? ¿Un compañero? El chico sonrió por lo interesada que se escuchaba. Y maldijo el no poder verla bien, pues todo estaba borroso. —M-me caí estúpidamente... Cuando la mujer quitó sus lentes fue peor: sintió un leve mareo que lo hizo sostenerse del escritorio. Sonia le dio permiso para que se sentara sobre él y lo hizo. Los segundos para Marcos pasaban mientras jugaba con sus manos mirando hacia la nada, pues Sonia se había ido a buscar no sabía qué. Lo único que supo cuando escuchó la puerta abrirse fue que sin duda esa mujer inconscientemente lo quería volver loco: el perfume que llevaba era de chocolate. —Quédate quieto —Dijo cerca de él, Marcos cerró los ojos sintiendo su piel erizarse. Sonia se paró frente a él y tomó el algodón del botiquín y con delicadeza fue limpiando con un poco de alcohol las heridas que el chico tenía en su frente, en la nariz y su labio. Marcos se quejaba cada vez por el ardor que sentía. En el proceso fue imposible que ella no lo detallara. —¿Q-qué edad tiene, profesora Sonia? —Inquirió soltando el aire que tenía contenido. Los latidos de su corazón lo asustaban. —26 —Respondió cambiando el algodón por uno limpio, mojarlo y volverlo a pasar esa vez por su labio. El chico chilló —Casi te sacas un diente eh —Soltó una risita burlona. El chico sonrió y volvió a chillar por el ardor. Que ella tuviera su rostro y sus manos tan cerca de él lo hacía querer simplemente tomarla de la cintura y besarla. Aunque sus labios ardieran, aunque le doliera la cabeza, aunque no viera perfectamente, aunque pudieran verlos lo quería hacer, pero era imposible. Él pensaba que eso jamás podría pasar. —Pensé que tenía más —Se sinceró. La mujer se llevó las manos a la cintura y él sonrió —No quiero decir que usted se vea mayor —Corrigió —Es que ha logrado mucho con tan poca edad. —Me gradué antes de los 21 —Cerró el botiquín y tomó en sus manos los lentes del chico dándose cuenta de que no tendrían reparación. Los metió en su bolsillo antes de que Marcos se diera cuenta y fingió tirarlos a la basura. Marcos se encorvó devastado; esos lentes eran prácticamente nuevos —¿Entonces no ves nada? —Se le acercó. —No detallo su hermoso rostro —Dijo muy rápido. Apretó los labios avergonzado. —¿Ni esto? —Sonia le mostró tres dedos casi frente a las narices de Marcos —¿Cuántos hay? El chico achinó los ojos intentando descifrar algo —¿6? —Eran tres —Le dijo Sonia e hizo otra seña pero esta vez alejándose al menos tres metros —¿Y esto qué es? —No, híjole... allí menos, se ve una mancha blanca. —Estás grave... —Se preocupó —¿No te gustaría operarte? —Cuando tenga suficiente lana tal vez. —¿Y es por eso que estás estudiando esto? Marcos sacudió la cabeza llevándose la mano a su nuca —Estudio odontología porque cuando estaba pequeño yo... —Suspiró. No vio problema en contarle: —Cuando mi papá estaba vivo solíamos ver los juegos de beisbol porque era su deporte favorito... Un día apostó y ganó mucha lana junto a un hombre que conoció en el parley, ese hombre era Odontólogo; se hicieron amigos y tres veces al año papá me llevaba a hacer un chequeo con su amigo. Cada que iba el Doctor me daba una estampita de los Astros; en ese momento habían al menos tres Mexicanos dando mucho qué hablar. Y-y cuando... Sonia apretó su mano cuando notó que los ojos perdidos del chico se aguaron —Tranquilo, no es necesario que me lo cuentes. —Ya lo dije —Se encogió de hombros y ambos soltaron una risita nostálgica —Cuando mi papá murió, el Doctor Torres me llevó a un juego, no era de los Astros  pero lo disfruté mucho y... recuerdo que él dijo algo como: “Estudia Odontología para regalarle una sonrisa hermosa a la gente y tal vez para que vayas a un juego de los Astros.” Ir a uno de ellos era el sueño de mi padre y el mío. —Qué bonito —Sintió ganas de acariciar la mejilla del chico pero se contuvo al pensar que sería demasiado —Supongo que... el Doctor Torres debe estar muy contento ahora que lo estudias ¿no? —Se murió hace tres años... Sonia mordió su mismo labio sintiendo pena por el muchacho y le regaló una sonrisa aunque él no pudiera verla —Pronto irás a uno, y yo voy a ir contigo ¿qué dices? Marcos no necesitó un motivo más que lo empujara a los brazos de aquella mujer, se dejó llevar por el deseo que tenía de besarla pero no lo pudo hacer, y no porque ella se apartó. —Sonia... —Era la voz del Director Sandro —¿Qué haces? Bianca se encontraba comiendo una paleta de coco cuando el Doctor León la vio desde lejos. El hombre se acercó sonriendo y hundió el bolígrafo que tenía en su espalda haciéndola dar un brinco que por supuesto no hizo que se le cayera la paleta. La pelinegra podía ser lo que quisieran menos torpe. —¡Doctor! Casi me da un infarto —Le sonrió. —Por suerte no tiene antecedentes eh —El hombre se le acercó y sin permiso mordió de la paleta de la chica —Uhm, divina. La pelinegra se sintió nerviosa pero lo ocultó —¿Ya estamos listos? Por suerte mis profesores son flexibles y son chupa medias de Chacón, de lo contrario se podrá hacer una idea... —Todos en la UTPS lo son, a excepción de mi persona —Expresó en baja voz. Caminaron junto a un par de enfermeros y un policía hasta llegar al estacionamiento —Y sin ganas de ofender a tu padre. —¿Por qué dice eso? —Se interesó de inmediato. Juan Elías se alzó de hombros y cuando ella hizo un puchero tras terminar su paleta él se le acercó más cuidando que todos estuvieran distraídos —No creo que sea bueno hablarte mal de mis superiores. —Bueno, es obvio que mi papá prácticamente le lava la ropa interior a Sandro así que... —Ambos rieron. Antes de asistir a la clínica Bianca se mentalizó sacarle información y estaba resultando más fácil de lo que pensó —¿No le parece extraño? —¿Que sean aliados? —Cuestionó mientras subían al auto. La pelinegra se colocó el cinturón de seguridad —No, el Director Sandro... —Más que raro ese señor tiene el rabo de paja —Bianca frunció el ceño —Si llegan a prender un fosforo se quema y todos los que están con él también lo harán. Bianca respiró profundo controlándose —¿Y-y acaso usted no es de su gente? —No —Le sonrió después de hacerle una seña a la ambulancia e ir detrás de ella —Sonia y yo somos de otro equipo —Le guiñó el ojo, y eso... Eso la dejó fuera de base ¿Qué había querido decirle con eso? ¿Que él y Sonia estaba aliados para destruir a Sandro o que eran buenos? Qué pedo, qué pedo... Necesitaba como sea sacarle más información.
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