Con frecuencia cuando pensamos en el significado de deseo lo primero que nos pasa por la cabeza es algo que anhelamos con todo el corazón, por lo general: cosas materiales. Un carro, una moto, tener una casa en la playa o en París, un closet con mucha ropa que nos guste y zapatos, un estante de libros que amemos, tal vez muchos videojuegos, miles de películas etc. Pero nuestros tres protagonistas casi por vez primera no querían algo así: porque deseaban ser deseados.
Roxana se había quedado como pescado en nevera cuando vio y escuchó lo de aquél día.
Habían pasado tres días, era jueves y los jueves solía salir temprano. Así que apenas pisó su casa dejó sus cosas, se duchó y al llegar a su closet escogió una falda de flores silvestres, un suéter blanco ajustado, se colocó unas medías negras que le llegaban un dedo bajo las rodillas y unas botas negras. Su cabello estaba recogido con coletas cual chilindrina, tomó dos paletas de las que le había dado su tío y con pasos no tan saltarines caminó hasta llegar a la papelería.
La razón de su llegada no tan triunfal se debía a que no había dejado de pensar que tal vez su plan de conquista no iba a funcionar porque bueno, realmente ella desde el primer día cuando se dio cuenta que Aquiles era un chico simpático intentó coquetearle, y pues... el chico le había rechazado el beso... Tal vez por lo que dijo el chico la había rechazado, pero ella estaba convencida de algo: Nadie es 100% heterosexual, homosexual u bisexual.
Ella creía que si Aquiles le confirmaba que era homosexual pues ella nadaría en contra de la marea y haría lo imposible para al menos, al menos: recibir ese beso que había querido desde aquella noche. No se iba a rendir, nadie la iba a detener.
—¡Pitu-rosa-brillantina! —Casi saltó de su puesto el chico, contento —¡Wey, pensé que ya no querías ser mi amiga!
Su amiga...
Su... su amiga...
—¿Y por qué no querría serlo, estás pendejo? ¿Eres criminal o un fantasma? No, aún así ¡Te amaría más si fueras un fantasma! ¿Te imaginas? —Le extendió una paleta, el chico la recibió y de inmediato le quitó la envoltura para lamerla.
—Permiso —Salió del cubículo dirigiéndose a la salida. Roxana lo siguió frunciendo el ceño.
Aquiles se puso en medio de la calle y esquivó una moto que pasaba: Roxana corrió para agarrarlo de la mano mientras él reía sintiendo que le faltaba la respiración.
—¿Estás pendejo? ¿Qué chingados te pasa? —Le haló la oreja, el chico rió más poniéndose rojo.
Se acercó a ella aún con espasmos —Iba a matarme para así ser fantasma y ganarme más tu amor.
Roxana se paralizó y los nervios la hicieron carcajearse —¡Que chistoso! —Él la abrazó por los hombros regresando a la papelería —Casi te matas, estás pendejo.
—¿Cómo te va en las clases? —Cambió el tema —Por cierto, te ves muy bonita hoy.
—Gracias —Sonrió victoriosa —Pues en la uni me va de maravilla, ya sabes, tengo talento de sobra —Subió las cejas en un baile mientras lamia su paleta, él rió —Tienes que ver mis dibujos, wey.
—¿Cuánto cobrarías por dibujarme? —Inquirió el chico después de entrar a la caja.
—Uhmm... no lo sé, un beso tal vez.
—Ou... —Aquiles se ruborizó en el acto.
—¡Es broma, wey! —Mintió —No chingues, sé que eres gay.
—Hasta que se demuestre lo contrario —Alzó las manos.
Roxana se desanimó un poco, pero no iba a dejar que eso la detuviera —¿Entonces si me puedes dar el beso? —Inquirió, acercándose a él.
—Pues... —Rió nervioso —Su-pongo...
—¡Qué bueno! —Celebró —Mañana mismo te traigo un dibujo.
—¿Y eso no tienes que hacerlo conmigo presente, wey?
Ella se alzó de hombros y se le prendió un bombillo —Puedes ir a mi casa esta noche si quieres.
—¿Y tus jefes? —Se rascó la nuca, nervioso.
—No hay pedo, solo te voy a dibujar ¿qué puede pasar?
Aquiles pensó en el millón de cosas que podían pasar y sacudió la cabeza —¿Y si vamos a un lugar súper cool y allí procedes? Puede ser después de que cierre.
Roxana asintió con una sonrisa. A donde fuesen igualmente no iba a impedir que lo besara. Su corazón latía anhelando que llegara la hora.
El rizado sabía muchas cosas, menos que la chica de cabello rosa tenía no uno, si no seis dibujos de él. Así que tal vez no sería un solo beso, ¿quién podría saberlo?
Por otro lado, ya en Honey honey, Marcos se encontraba tarareando Tanto de Jesse y Joy junto a Luis Fonsi. Aquella actitud tan “en el aire” del chico había causado que sus compañeros hombres y su jefe lo molestaran pronunciando que finalmente había cogido con María. Y aunque la chica negó lo que ellos pensaban y Marcos también, no tenía ánimos de sentirse molesto.
El primer tratamiento conducto dental hacía dos días junto a Sonia había sido más que perfecto. Pues aparte de sentirse emocionado por presenciar por primera vez todo en vivo y en directo y no como un simple espectador o paciente, sintió que Sonia era una mujer excepcional.
Y es que la mujer de ojos avellanas hacía su trabajo con tanta paciencia, elegancia y destreza que el chico con cada movimiento de ella había quedado más flechado que antes.
Marcos deseaba tanto poder tener algún derecho sobre ella, cualquiera que al menos le permitiera robarle un beso y... ¡pero esperen! Eran amigos ¿no? ¿Y si se hacía el muerto y ella intentaba resucitarlo con un beso? ¡Bah! La historia no iba así, y él tampoco era un príncipe convertido en sapo como para que ella lo besara y vivieran felices por siempre siendo sapos o humanos.
—¿Sabes lo que tienes que hacer con ella? —Dijo de repente María cuando él le pasó la crema pastelera que acababa de hacer.
El chico dejó de tararear y le prestó atención —¿Qué cosa?
—Con la mujer que vino el otro día y te defendió... —María sonrió, Marcos se ruborizó —Te ves muy tierno ruborizado.
—G-gracias pero... no te entiendo —Mintió. Puso la cantidad de mantequilla exacta en un volt y el azúcar para prender la batidora.
—¡Ay no chingues! Todos aquí comentaron que había algo raro en ustedes dos. Sabemos muy bien que no es tu jefa y no tienes hermanas. Relájate wey, no hay problema con que salgas con una chica mayor ¿cuánto te puede llevar? ¿Ocho años? —Se alzó de hombros.
Marcos acomodó los lentes que había usado antes de los nuevos que había perdido y sonrió —De hecho son seis años —Extrañamente se sintió en confianza.
—Pues aquí cualquiera puede llevarle 6 años a una chamaca y la sociedad no los va a juzgar ¿por qué te tendrían que juzgar a ti? ¿Porque eres menor que ella? ¡Patrañas!
—No sé qué hacer... —Soltó un suspiro, agregando los demás ingredientes a la mezcla.
—¿Sabes coquetear?
—Cre-creo que... n-no.
—¿Eres virgen? —La chica lo dijo en baja voz para que sus compañeros no armaran lío por eso.
—No... Pero desde hace mucho nada de nada —Se sintió expuesto.
—¿Y por qué me rechazaste? ¿No te parezco bonita?
—Ay, María... lo siento.
Ella le golpeó el hombro levemente, ambos escucharon silbidos y bromas detrás de ellos pero lo ignoraron.
—Rela... pero mi consejo con esa mujer es el siguiente: quítate la pena de encima, estate seguro de ti mismo. Ni ella aunque la creas perfecta lo es ¿okay? Todos tenemos una debilidad así que descubre cuál es la suya, qué le gusta más, y metete por allí; pero despacio wey, y ya verás cómo en menos de un mes ¡La tienes! Te lo prometo.
¡Vaya!, Marcos pensó que había encontrado en María las palabras que quería escuchar de sus mejores amigas, pero es que al 99.99% de las personas nos ha pasado alguna vez; eso de recibir un consejo muy sabio de una persona que jamás esperamos es sorprendente y grandioso.
Marcos deseaba encontrar ese qué para así poder conquistar a Sonia.
En cambio, su mejor amiga, Bianca, deseaba algo que jamás deseó tener y sin embargo en algunas ocasiones le sobraba: atención.
Quería que Juan Elías le prestara atención pero una permanente, no de ratitos.
El día de la primera cirugía menor asistieron a Xochimilco en donde se encontraba uno de los pacientes seleccionados por la encuesta que había hecho la misma clínica UTPS. Y el Doctor León se había concentrado tanto en su trabajo que pocas veces le pidió ayuda y por si fuera poco, cuando todo acabó le dijo que debía llamar a su chofer para que la buscara porque él no podía llevarla a casa.
Pero a Bianca no le molestaba que no hubiera podido llevarla a casa, le molestaba que después de su comportamiento aceptable de ida, en el regreso hubiera sido tan indiferente que la quemaba.
Así que se preguntaba: ¿Exactamente qué mierdas deseaba Juan Elías de ella?
—¡Bianca! —Su madre tocó la puerta de la habitación mientras esta hacía un informe para Demografía.
—Mande —Susurró cuando Beatriz entró.
—El Doctor Juan Elías está afuera muy bien vestido y le dijo a tu padre que venía a buscarte, ¿me puedes explicar lo que está pasando?