Chat -Los tres chiflados-
Marcos cambió el nombre del grupo por: Me voy a morir.
Bianca: ¿Qué pedooooo?
Roxana: No wey, no tengo ganas de asistir a un funeral hoy.
Bianca: @MarcosAndresArteaga HABLA PENDEJO.
Roxana: De que habla pendejo pues sí habla así jajajaja
Marcos: AY WEY
Marcos: SONIA ME TRAJO A MERENDAR, ESTÁ EN EL BAÑO.
Roxana: Sugar mommy de alto level, bien cabrón!
Marcos: WEY QUÉ HAGO, me le quiero tirar encima.
Roxana: Quietooo, te me puedes volver más pendejo.
Marcos: Ayuda @BiancaColmenaresPavon
Marcos: BIANCA...
Marcos dejó de insistir en el grupo cuando se percató de que su mejor amiga no tenía intenciones de responder.
No era que se estaba haciendo el dramático. Era que desde que habían llegado a ese lugar tan elegante solo para merendar no se le quitaba la idea de que efectivamente Sonia estaba escondiendo algo con el Director Sandro, porque si no era así ¿por qué asistir a Honey honey pudiendo estar en lugares como en el que se encontraban en ese momento?
El chico quería creer en ella, así que intentó concentrarse en el porqué de su cita, porque era una cita ¿verdad? Laboral ¿o estudiantil? Bueno como sea, pero era una cita.
—Bien, he llegado —Sonia se sentó frente al chico y apoyó sus codos en la mesa —Ehm... ¿qué vamos a ordenar?
Marcos con las manos temblando tomó el menú y sus ojos se agrandaron cuando vio el precio de un simple pie de limón. Con ese precio se podía comprar tres del mismo en Honey honey.
—Bueno ehm... —El chico carraspeó sintiéndose avergonzado.
No tenía dinero para pagar nada.
—Yo quiero un batido de melocotón con yogur y un biscocho de vainilla —Le dijo a la mesera —¿Y tú, Marcos?
—Realm...
—Tienes que pedir algo —La mujer lo señaló con el dedo mostrándose seria. El chico sonrió mostrando un sonrojo, ella sonrió sintiéndose extraña —Además voy a pagar yo, te invité y te hice perder un día en el curro así que aaanda, pide por esa boquita.
Pide por esa boquita...
El cuerpo de Marcos se estremeció —Pues... gracias. Sí, ehm, me da por favor un batido también; lo mismo que ella.
Sonia asintió viéndolo con una sonrisa y acomodó un mechón de su cabello detrás de su oreja sin darse cuenta de lo que podía causar en el menor.
—A lo que vinimos ¿no? —Dijo componiendo su postura —El proyecto “Una sonrisa sana para toda la vida” es un tipo de servicio comunitario, ese mismo que se supone debes hacer antes de graduarte, pero... —Le sonrió —Como no se pagará a los asistentes pues se contará como el servicio comunitario ¿me has entendido? —Marcos asintió casi babeando —Debemos mostrar que nos interesa la salud del país entero, entonces vamos a investigar, a organizar y llevar a cabo al menos 60 correcciones dentales en toda la ciudad. Claro, esto solo será para personas de bajos recursos ¿no es genial la idea?
—Sí, ¡me encanta! —Marcos soltó una risita rara que hizo sentir a Sonia un poco incómoda —Ehm y... ¿cuándo comienza?
—Mañana.
—¡¿Mañana?! ¿Cómo que mañana? ¿Y-y cómo es? ¿A qué hora es? ¡Dios! ¿Por qué tan rápido? ¿Y mi traba...?
El chico guardó silencio cuando la mujer colocó la mano en su muñeca. Marcos observó un instante el contacto y sintiendo que podía morirse de un paro cardiaco tragó hondo.
—Marcos... presta atención —Acarició suavemente la piel del chico —Sé que puede ser un poco complicado para ti, pero sé que puedes hacerlo. El Doctor Luis tiene mucha fe en ti, no queremos a ningún desconocido en esto. Además, lo tengo todo bajo control ¿vale? —Le guiñó el ojo y retiró su mano.
Marcos sintió el frío llegar a la zona que había sido tocada y suspiró.
La chica que los atendió llegó con los batidos.
Sonia se llevó la pajilla a la boca y chupó con una sonrisa inocente sin dejar de ver al chico.
—Ay...
Marcos estaba perdido.
La cena en la casa de los Colmenares había tomado un camino tenso cuando la madre de Bianca le gritó a Daniela, el manager de su hija, lo incompetente que era por elegir a un personal que pusiera en riesgo el trabajo de la pelinegra. Allí mismo en la cena, cuando Daniela llegó, la señora Beatriz no dejó que hablara: la insultó y la corrió.
El señor Luis estaba apenado, pero su hija estaba harta. Y lo peor del caso era que: si le alzaba la voz a su madre, su padre iba a intervenir y no para defenderla. No sabía por qué su padre permitía todo lo que su progenitora hacía. Sinceramente Bianca no recordaba haber conocido una Beatriz diferente a la de ese momento. La avergonzaba.
—El Doctor León me comentó que estuvieron charlando estos días —Rompió el silencio Luis —¿Ya te cae mejor? No te preocupes, es un mamón pero se la llevarán bien.
—Un poco sí —Jugó con su comida recordando la escena de esa tarde que involucraba a su padre y las ausencias.
—¿Y acaso no se ven dentro de la UTPS?
—Claro —Contestó Luis a su esposa —¿Por qué esa pregunta?
—Porque no entiendo tu comentario... —La mujer dejó los cubiertos a un lado —¿Por qué el Doctor León debe decirte que habla con nuestra hija si se supone que debes saberlo y supervisarla?
Bianca rodó los ojos y bufó cruzándose de brazos. Miró a sus padres en ambos extremos de la mesa y se fijó en el hombre. El señor Luis aflojó su corbata; no era una señal de fastidio o cansancio, eran nervios. Bianca lo conocía, e iba a intervenir para salvarle el pellejo a su progenitor, pero prefirió ver qué excusa tendría por dar.
—Sabes que me la paso metido en la oficina trabajando, cariño, no tengo tiempo para supervisar a nuestra hija como antes, que por cierto por si no recuerdas tiene 20 años. No es una niña, ella sabe el mal y el bien ¿no es así, cariño?
—Qué raro papá... —Dudó si añadir más leña al fuego o no —Siempre recordándome que debo ser perfecta —Se paró de la mesa.
No estaba molesta, solo quería hacerse pasar por molesta para huir de allí.
Se encerró a su cuarto segundos después y le envió un texto a Daniela pidiéndole perdón. Pensó en Marcos y su casi cita con Sonia y rodó los ojos. Había algo en Sonia que no le gustaba, no la quería cerca de su mejor amigo, pero no sabía cómo hacérselo entender. Mucho menos en ese momento que estaba tan “emperrado”.
Suspiró mordiendo su labio inferior cuando la imagen del beso con el Doctor León apareció en su mente y estiró los brazos en la cama sintiendo su corazón palpitar rápido.
Se pellizcó el brazo —Que no se te olvide tu objetivo —Se regañó.
Qué lástima que la cordura le iba a durar tan poco.
Su teléfono vibró recibiendo una llamada de Juan Elías.
—¿Aló?
—Prepara tus cosas, señorita, mañana es nuestra primera cirugía aquí mismo en la ciudad. Pasaremos muuucho rato juntos ¿no te molesta? ¿O sí?
¿Que si le molestaba? ¡Estaba perdida!
Roxana no iba a perder el camino, sabía muy bien en dónde estaba ubicada la papelería. No iba con intenciones de ver al rizado de nombre Aquiles, realmente iba a comprar un papel bond porque necesitaba hacer un mapa para una exposición que le habían asignado para la semana siguiente a esa.
Bueno, ¿para qué mentir? No era que Roxana se obsesionaba con hacer las cosas a tiempo. El papel bond solo fue una excusa para ver al chico.
Si su abuela María la hubiese visto en el plan que andaba, seguramente la hubiera halado del cabello porque sí, sabía que estaba siendo un poquito insistente. Su familia materna tenía la creencia de que ninguna mujer podía rogarle a un hombre, pues si este estaba dispuesto a amarla lo iba a hacer sin que ella lo persiguiera.
¡Pero es que no lo veía desde el viernes! ¿Cómo no lo iba a buscar? Y además: todo lo que se proponía siempre lo tenía. Desde la bicicleta en aquella competencia por quién comía más elotes, la saga de Los juegos del Hambre y Harry Potter -tanto en libros como en CD’s- haciendo retratos en la secundaria, hasta la caja de chupetas por pintarle la casa a su tío, ¿por qué no podía tener también a Aquiles?
Era un poco tarde, cuando vio su reloj antes de salir notó que eran las siete de la noche pero ella sabía cuáles eran los días en los que San Pedro cerraba pasado las ocho: por eso de que los niños siempre olvidaban que tenían trabajos que hacer para el día siguiente.
Tapó los ojos del chico que se encontraba de espaldas en el cubículo.
—A ver... déjame adivinar... Es una pitufa versión rosada y con brillantina.
Ella quitó sus manos haciendo que el chico sonriera ampliamente al verla.
—¡Mi Roxy!
—¿Tu Roxy?
—Bueno, la roxy del pueblo pues.
Ambos rieron. Ella con pasos saltarines llegó al lugar en donde estaba el papel bond y le extendió unos billetes al chico.
—¿Viniste solo por eso? —Hizo puchero.
—Sí —Movió su cabeza de un lado a otro con una sonrisa —Bueno no. También quería saber... ¿qué onda? ¿Mucho trabajo?
—Normal. Oye... —Le apretó los cachetes —Me gustan tus cachetes —Ella se encogió de hombros sonrojada —¿Te gustaría ir por...?
—¡Hey! ¿Qué onda, wey?
Un chico de piel blanca cabello n***o, medio llenito, un poco más alto que Aquiles y Roxana, llegó con una sonrisa pasándole por un lado a la chica y por lo tanto: tapándola.
Roxana lo miró de arriba abajo con el ceño fruncido por su actitud y cuando quiso hablar el chico se le adelantó.
—¿Estás ocupado? ¿Quieres que vayamos por un helado?
Aquiles sintió que el jugo de naranja que se había tomado media hora antes le estaba dando reflujo, pero no era eso, eran los nervios.
—¿Un... he-helado?
—Sí... ¿te apuntas o no?
—¡Sí! —Asintió con una sonrisa.
La chica de cabello rosa estaba percibiendo por fin el aura del chico por su actitud ante el recién llegado. No. No era posible. Eso no le podía estar pasando.
—¿Tú eres...?
—Mucho gusto, soy Alejandro —El chico estrechó su mano con la mano helada de la chica —Soy hermano de su ex novio.
No creo que sea necesario explicar cómo estaba Roxana.