Capítulo 12: Clic.

1781 Palabras
—Vengo por mi helado —Dijo la pelinegra en cuanto al salir del ascensor llegando al piso en donde Adolfo le había dicho que estaba el Doctor, se lo encontró de frente. —Lo he guardado en la cafetería —Le sonrió el hombre —Pensé que no iba a poder volver a dormir. —Y... —Esperaron a que el ascensor volviera a abrir las puertas y subieron —¿Qué era lo que lo tenía sin poder dormir? El corazón de Bianca latió ilusionado ¿él no había podido dormir por lo que pasó con ella? Juan Elías la observó y mientras que con una mano tomaba su carpeta con expedientes médicos, con la otra tocó los labios de la chica haciéndola estremecer. Casi al punto de sentir que podía escupir su corazón. —El trabajo, ¿qué otra cosa? —Mintió. Juan Elías se apartó bruscamente de ella dejándola con los ojos cerrados tras el tacto —Tenías... tenías un mancha. —¿Ah? ¿Una mancha de qué? —Sacó rápido su espejito y se percató de que había quedado algo de arequipe del que había comido llena de nervios antes de llegar a la UTPS. Aunque se sentía algo desilusionada por el tono de la voz del hombre y el no haber tocado sus labios intencionalmente, se animó a enfrentarlo justo cuando bajaron del ascensor. —¿Ahora sí va a decir qué es lo le pasa conmigo, Doctor León? —Señorita Colmenares, no me gustan estos berrinchitos ¿sí? Compórtese, estamos en un lugar privado —Ella arrugó la nariz y él pensó que era muy tierno —Ven, comete el helado que compré y charlamos. Bianca respiró profundo sin poder evitar recordar las manos fuertes de ese hombre en su cuerpo y sus labios devorándola como animal que había estado en cautiverio. Se sentó en donde él le indicó cuando llegaron a la cafetería y después de unos segundos Juan Elías con una sonrisa colocó en la mesa de granito el envase gigante de helado. —¿Cómo supo que es mi sabor favorito? —Suspiró resignada ante su detalle. Era diferente teniéndolo al frente con esa sonrisa. —¿Yo? No lo sabía —Quitó la tapa y le dio una cucharilla mientras él ya comía —Es mi favorito también. La pelinegra se sonrojó cuando antes de poder tomar un poco, él haló el envase a su lado evitando que agarrara. Pero su vista se concentro en una figura familiar que entró a la cafetería sin percatarse de su presencia. Su padre le susurró algo a un Doctor el cual ella no conocía y este asintió con expresión seria. El padre de Bianca se fue casi corriendo del lugar mientras a su hija la comía la intriga. —Quiero saber si estás dispuesta —Juan Elías la sacó del trance mientras comía helado y la señalaba con la cucharilla —¿Estás dispuesta de verdad a trabajar conmigo? ¿Estás dispuesta a soportar mi humor de perro y olvidar lo que pasó? —¿De qué me habla? —Logró meter la cucharilla en el envase y le sonrió victoriosa pero nerviosa después de comer —¿Del..? —Nuestros malos entendidos, de eso hablo. ¿Entonces el beso no había sido un error si no un malentendido? Ella asintió con lentitud no muy convencida ¿pero qué debía hacer? Había llorado por tres días seguidos por haberse dejado besar por él porque la rechazó, pero si ella accedía y hacían las paces, como si el beso no hubiese existido, -y aunque le comiera la intriga del porqué lo había hecho- tal vez se la podían llevar bien, y así ¡Claro! Así podía descubrir varios porqués. Algo dentro de la pelinegra hizo clic. Juan Elías era aliado de Sandro Chacón, amigo de su padre y amigo al parecer de la profesora Sonia Chacón, sí, esa que tenía a su amigo nadando en un mar de ricas margaritas. Tal vez si se acercaba a él, desligándose sentimental y sexualmente, podría descubrir muchas cosas. Desde ese día, en su mente y corazón, Bianca Colmenares se propuso desmantelar los secretos que ocultaba la UTPS. Nadie la iba a poder detener, o bueno no alguien, si no “algo”. Pero estamos muy lejos de ese día, así que mejor les cuento qué pasaba en ese mismo instante en los alrededores de la universidad en donde se encontraba Marcos. Ese lunes después de ser expulsado de la clase de Salud Colectiva II y con el corazón adolorido, el chico de lentes se mantuvo lo suficientemente concentrado en sus demás clases como para regalarle tantos pensamientos a Sonia. Aunque no se diera cuenta que pensar que no estaba pensando en ella, realmente lo hacía pensar en ella. Eran las cuatro de la tarde cuando su última clase acabó, le avisó a Roxana que podían verse a eso de las cuatro y media para irse juntos, pero esta  le dijo que había salido más temprano y que estaba en casa. Le escribió a Bianca para saber si la esperaba pero esta también le respondió que había salido temprano. —Eso quiere decir que iré a mi hermoso trabajo más temprano porque sufro de remordimiento de consciencia —Exhaló con algo de sarcasmo. —¡Hey Marcos! El chico volteó y le sonrió a su compañera Gabriela —¡Hey! ¿Qué onda? —Todo bien —Caminaron rumbo a la salida de la universidad —Bueno ehm... te quería decir que me pareció tonta la excusa de la profe para sacarte. Yo no quiero meter casquillo, Marcos, pero siento que desde el primer día la tiene agarrada contigo. —¿Sonia? —Se echó a reír —No, qué va. Es una persona increíble, de veras, no es lo que crees. —¿Increíble? ¿Ah? —La chica sintió algo de celos —¿La conoces? —Sip... bueno no, no mucho, pero lo poco que sé pues... ella no la tiene agarrada conmigo. —Yo tú tuviera mucho cuidado. —¿Por qué? ¿Muerde? —Volvió a reír por su absurda pregunta y por un momento se la imaginó mordiendo sus labios haciendo que se le erizara el cuerpo. —Yo no estoy segura... pero algunos dicen que sale con un hombre casado y que además, tiene un historial criminal o algo así allá en España. Marcos sacudió la cabeza —Repítelo, por favor —Alejó a su compañera de un grupito que no dejaba de verlos y esperó a que continuara. —Pero eso es lo que he escuchado, aunque bueno —Le sonrió, Marcos notó un leve sonrojo y se sintió halagado de causar ese efecto en ella —S-si... si quieres puedo investigar ¿sabes? Preguntarles a mis amigos y pues... no lo sé... ¿podríamos salir para hablar de nosotros y... lo que encontré? El chico asintió con una sonrisa sin pensar mucho. Se despidió de la chica con un beso en la mejilla y suspiró al pensar que estaba mal salir con ella por interés. Sin embargo, sus pensamientos se desviaron cuando al llegar a la parada del transporte vio una camioneta color vinotinto conocida. ¿Era el papá de Bianca buscando al Director Chacón? ¿Por qué el señor Luis se veía tan nervioso y Sandro tan apurado? Espabiló cuando un camaro moderno se estacionó frente a él. —¿Te vienen a buscar? —Cuestionó Sonia mirándolo con una sonrisa —¿Quieres un...? ¿Cómo se dice aquí...? ¿Un venton? Marcos sonrió sintiendo mariposas en el estómago —Un aventón. —Eso —Le guiñó el ojo —¿Vienes conmigo o no? ¿Cómo iba a decirle que no? Sintiendo que moría de los nervios el chico de lentes entró al camaro y al verla a los ojos sintió cómo algo se removía en todo su cuerpo ¿eso era el clic de la película aquella? Sacudió la cabeza e inhaló tanto el perfume de la mujer como el olor de vainilla proveniente del auto. Ambos estaban en silencio ¿qué se suponía que debía decir? —Quiero ofrecerte una discul... —Ambos rieron por haber hablado al mismo tiempo. —Por sacarte de la clase, pero es que si hay algo que no soporto y joder con eso, es que vosotros los jóvenes se la paséis mirándome en lugar de prestar atención a mi clase. Marcos entreabrió los labios sorprendido sin ser capaz de mirarla. Dios... Se quería lanzar del auto ¡Qué vergüenza! —Ay... —Exhaló. No podía mirarla, enfocó su vista en la carretera. —¿Qué? ¿Creíste que no te había pillado? —Se echó a reír encontrando divertida la situación y fijó su vista en el camino —No es la primera vez que me pasa eh, tuve varios problemas por eso estando en España. —¿P-por qué? —Aún no la miraba. —Porque los estudiantes creían que era una más de ellos y querían jugar las bolas criollas conmigo —Exhaló recordando algunos momentos —Y otros simplemente no me tenían respeto alguno. Marcos controló su respiración sin dejar de sentirse avergonzado y prefirió quedarse callado el transcurso del camino, es más, ni quiera se atrevió a decirle a la profesora a dónde debía ir. Pero se sorprendió cuando la mujer al llegar al centro de la ciudad colocó en su GPS la dirección de la pastelería en donde trabajaba. —¿Entras a qué hora, Marcos? —A las 6: 30. —¿Y a qué hora sales? —A las 12... —¿De la madrugada? —Se sorprendió —¿Marcos y cómo haces con tus tareas y todo lo demás? El chico sintió su corazón ablandarse al notar el interés de Sonia por él. Tal vez solo lo veía muy indefenso y le daba lástima. Tal vez sí estaba intentando ser su amiga. Pero no un: “tal vez realmente le importo”, pensó. —Hay veo... —Suspiró ante la idea que no podía ver confetti en donde no lo había. Sonia notó el estado de ánimo del chico y pensó que tal vez era bueno planearle de otra forma la invitación que habían pospuesto desde hacía días. —Llama a tu animal jefe, dile que no iras que te duele la panza. Vamos a merendar algo y así aprovechamos hablar sobre el proyecto. No se lo preguntó, ni le dio tiempo de hablar, pues cuando Marcos se dio cuenta su corazón casi sufría un ataque y ella ya estaba colocando otra dirección en el GPS.
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