Capítulo 11: Ilusos.

1609 Palabras
¿Qué creen que es la ilusión? Si buscamos esto en google nos puede aparecer lo siguiente: “esperanza, con o sin fundamento real, de lograr o de que suceda algo que se anhela o se persigue y cuya consecución parece especialmente atractiva.” Tres palabras: esperanza, anhelo, atractiva. Bianca tenía la esperanza de que Juan Elías ese día le diera la cara. Su amiga Roxana tenía el anhelo de volver a pasar momentos como los de la noche del viernes junto al chico que estaba conquistando su corazón. Y por otro lado, a Marcos le parecía atractiva la idea de ser amigo de la profesora Sonia. Los tres estaban ilusionados. Los tres querían que sucediera ese algo que los pudiera hacer atractivos ante la vista de aquellas tres personas que parecían estar en zona prohibida para ellos, ¿pero por qué era así? ¿Por la sociedad? ¿Acaso eso de los prejuicios no se había quedado en los años 1600? ¿No? Uy, al parecer no. Después de su último novio Bianca no había dejado que ningún hombre la afectara en sobremanera, pero entonces había conocido a Juan Elías, que además de ser amigo de su padre había tenido un comportamiento contradictorio con ella. Y por si fuera poco uniéndosele a la desgracia: iba a tener que verlo casi todos los días por el dichoso proyecto, ¿cómo no ilusionarse con la idea de que él mejorara su actitud y pudieran llegar a algo? ¿Cómo no podía ilusionarse Roxana después de que Aquiles se quedara dormido en su hombro y pronunció su nombre con una sonrisa entre un ronquido? Y peor aún: ¿Qué debía hacer Marcos para no ilusionarse con la idea de tener una oportunidad con Sonia después de la conmovedora escena de aquél viernes? Algunas personas sin querer se incrustan en nuestros pensamientos mandando tal vez un correo hasta nuestro corazón con los detalles que nos atraen de cierta persona. Y es así, como sin más: nuestro corazón comienza a palpitar rápido, nuestras manos tal vez comienzan a sudar, nuestros ojos brillan, el cuerpo se nos espeluca, se nos queda la mente en blanco obligándonos solo a sentir, o nos volvemos tan entregados que vaciamos todos nuestros sueños en esa persona porque queremos que ella o él nos ayude a cumplirlos. Pero dos de los tres amigos jamás iban a lograr que eso fuera posible, no al menos después de un largo tiempo. Ese lunes en la mañana después de un fin de semana agotador para los tres gracias a las tareas de la primera semana -y el trabajo para Marcos-, se encontraban caminando rumbo a su lugar en el campus de la facultad de Salud. El silencio reinaba, como si eran extraños, como si les hubieran comido la lengua, o como si sus pensamientos fueran tan fuertes que no podían o no sabían cómo compartirlos. —Les quiero decir algo —Dijeron los tres al unísono. Rieron cuando sus cuerpos tocaron la grama. —¡A ver! —Casi saltó la más baja —Lo decimos al mismo tiempo ¿va? Los demás asintieron. Se miraron y contaron hasta tres. —Sonia me defendió de José. —Creo que mi papá tiene una amante. —¡¿Qué?! —Roxana no había podido hablar porque quería escucharlos primero —¿Cómo que tu papá tiene otra, wey? ¿Cómo que Sonia...? Wait... ¿Sonia sabe en dónde trabajas, Marcos Andrés? Las dos chicas se enfocaron en el chico que jugó lleno de nervios con sus lentes —Bueno ella se apareció un día allá y luego regresó para comprar un pie... —Las chicas achinaron los ojos —Pero... justo cuando ella llegó José me gritó como suele hacerlo ¡y esa mujer se enfureció! —Al decir lo último sonrió bobamente. —¿Y qué hizo? —Cuestionó Roxana comiendo una chupeta —Perdón Bianca. —No, a mí también me interesa saber, a ver... El chico se animó a seguir con el corazón saltando —Y bueno wey... entonces le dijo algo como: “¿quién es ese gilipollas?”  —Imitó muy mal el acento, sus amigas rieron —pero refiriéndose a José obviamente, pero con ese sexy acento español que... y Dios, qué les importa eso. Pero dijo que tenía un amigo abogado que podía destruirlo ¡Y me tomó de la mano! ¡Chicas! ¡Les juro que ha sido la sensación más bonita! No, bueno, después del abrazo que... —¡¿El abrazo?! —Se alteró Bianca. No le gustaba el rumbo que eso estaba tomando —¿Por qué se abrazaron, Marcos Andrés? —No lo regañes —Roxana le dio un empujoncito a la pelinegra —¿No ves que se está enamorando? —¡¿Enamorando de ella?! —¿Enamorado yo? ¡Nooo! ¡Qué va! —Marcos negó con la cabeza. —A ver ¿y a ti por qué te molesta que Marcos se enamore de ella? ¿Qué traes? ¿Celos? Bianca rodó los ojos —No son celos... Marcos, esa mujer no me cae bien. —Juan Elías tampoco y te besaste con él. —¡¿Qué tú qué?! ¡¿Con el papacito Doctor León?! Marcos se tapó la boca lleno de vergüenza por la imprudencia. Y es que Bianca no confiaba tanto en Roxana como para decirle algo como eso. —Gracias, Marcos, eres bueno para guardar tus secretos, pero no el de los demás... La pelinegra se levantó molesta y dejó atrás a sus amigos. Roxana le dio una palmada en la frente a su amigo y este se tambaleó para halarle un poco el cabello haciéndola reír. Después de que se despidió de Marcos la chica de cabello rosa agradeció que sus amigos olvidaran qué era lo que ella tenía que decirles. Y aunque le intrigaba saber qué era lo que Bianca suponía de su padre, pensó que cualquier hombre con una esposa como Beatriz huiría de ella ¿pero por qué no lo hacía y ya? ¿Cuándo sería el día  en todas que las personas tendrían el valor para desatarse de una relación infeliz? ¿Pero qué era la infelicidad para Roxana? No poder comer algún dulce todos los días seguramente. Por suerte desde hacía muchos años había olvidado lo que era sentirse así. Esperaba que sus amigos pudieran ser felices, así como ella se sentía por estar ilusionada. —¿Leyeron la sección del libro que les dije? —El profesor de microbiología de Bianca alzó la voz para calmar un poco el bullicio —¿Quién quiere comentar algo? De haber sido otro momento, uno en donde se hubiera sentido 100% bien, la pelinegra hubiese levantado la mano encantada de participar. Pero es que no había leído nada, y si lo leyó aquél día en la UTPS se le olvidó. Lo que si no lograba olvidar eran los labios que la habían besado salvajemente como si hubiesen contenido demasiado las ganas desde hacía mucho. Bianca estaba decepcionada, y no solo de ella misma por permitir que eso pasara. Su teléfono vibró con insistencia en su bolsillo así que colocó un cuaderno encima de la mesa y subió una de las tapas para colocar el teléfono dentro y ver de quién se trataba. Un número desconocido le había enviado una foto. Temerosa por pensar que fuera un periodista o quizá un hacker la abrió. Su corazón se aceleró cuando pudo ver un envase gigante de helado de uva, vainilla y maní  con una nota encima. “Es helado, con una textura exquisita al igual que tus labios. No quiero empezar el lunes con mal pie,  lo siento :c Atentamente: J.E.L.C” La chica sonrió ¿pero por qué después de todo seguía sonriendo? —Muy buenos días, queridos estudiantes ¿cómo estáis el día de hoy? La profesora Sonia llegó desbordando energía. Una energía que la hacía ver brillante, como la luna enamorada del cielo o algo más básico: las lentejuelas. —¡Buenos días! —Repitieron casi todos. —¡Excelente día! —La voz de Marcos detrás de los demás hizo hasta que la profesora riera mientras le daba un vistazo y se concentraba en su clase. —El día de hoy, chicos, quiero comenzar a hablarles sobre un temita muy importante... Marcos comenzó a perderse en las curvas y la atracción que sentía por aquella mujer después del “el día de hoy”. No pudo escuchar nada, se perdió en sus gestos. La detalló como ni siquiera se había detallado a sí mismo. Sonia tenía un lunar en el cuello color marrón, lo podía ver fácilmente porque aunque su camisa no era descotada se podía ver su cuello a la perfección por el corte redondo de esta. Sus movimientos entaconados bailaban; se dio cuenta que no le molestaba en nada usarlos. Ese pantalón marrón por alguna razón hacía que le diera una forma extraña a sus piernas, pero no le puso mucho cuidado, no sabía porqué pero igual todo de ella le gustaba. Hasta le gustaba ese ceño fruncido que tenía mientras lo miraba. Su compañera Gabriela lo pellizcó haciéndolo reaccionar —¿Ah?, ¿qué pasó? —Nada, Arteaga, que en mi clase no se viene a babear, se viene a prestar atención y aprender ¡Hágame el favor y salga ya! Mierda, eso si no se lo esperaba... ¿y es que acaso no eran amigos? ¿Se había ilusionado demasiado? —Qué pendejo soy... —Murmuró mientras tomaba sus cosas y se iba, sin verla. Definitivamente se había pasado de iluso.
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