Capítulo 10: ¿Amigos?

1714 Palabras
Roxana apenas había conocido a Aquiles un día martes y el viernes de esa misma semana en la noche ya se encontraba caminando rumbo a la casa del tío de Marcos en donde evidentemente vivía el rizado. Sí, cuando recibió por texto la invitación del chico para ver un par  de estrenos en Netflix supo que era seguro el primer paso: eran amigos. Y eso la tenía volando en una nube de algodón de azúcar. —¡En horabuena! —El papá de Aquiles abrió la puerta de par en par con una sonrisa. Roxana rió al ver a un par de niños observándola desde la ventana que daba al jardín —¡Señor Adrián! ¿Cómo le va? ¡Mire! —Se llevó la mano a su boca —¡Qué chulo luce con esas canas eh! La confianza entre ambos se debía a que era usual que el papel de  padre de Marcos era tomado por él por ser su único tío paterno. Se conocían, y Adrián estaba encantado de que ella estuviera allí. —Ah, la moda —El hombre le dio un beso en la mejilla y la dejó pasar. No había cambiado mucho la casa desde la última vez que había estado allí con Marcos y Bianca por el proyecto de fin de curso de la secundaria. Roxana sonrió y saludó con la mano a Manuela, la madre de Aquiles, y a sus dos hermanos gemelos menores. —Puedes subir al cuarto, chamaca, él está limpiando ¡Hacía tres años que no limpiaba! La chica de cabello rosa negó con una sonrisa divertida mirando a Manuela y acomodó el morral en su espalda en donde tenía muchas chucherías. Suspiró al ver en una de las puertas de las habitaciones un poster de los cazafantasmas y sintió que era demasiada coincidencia ¡Ella también los amaba! De hecho se había disfrazado el halloween  con sus amigos de esa temática. Tocó la puerta al verificar que tenía escrito un “A.A” y se sorprendió al ver el cabello rizado del chico mojado al igual que su rostro y su camisa. Estaba sudado. Rió cuando el chico exhaló cansado y la dejó pasar. —No limpiaba esta cueva desde hace tres años. —Oww —Roxana le sonrió despreocupada y observó lo limpio que estaba —Pues te luciste. —Entonces valió la pena, siéntate, puedes ir viendo qué hay mientras me ducho. Aquiles salió del cuarto no sin antes dejarla sentada en un puff que estaba pegado a la cama. Ella colocó todas las chucherías a su lado para comenzar a comer una chupeta de mora mientras visualizaba en la tablet del chico los estrenos. Centinela parecía buena opción, pero le gustaba más la idea de ver algo de comedia así que comenzó a cargar Sexy por accidente.  Algo ansiosa por lo que podía pasar con aquél chico Roxana comenzó a tararear una canción de Rocío Durcal y se llevó la mano al pecho por el susto cuando un niño se le acercó de repente. —¿Andrés o Adrián Junior? —Cuestionó detallando a uno de los hermanos de Aquiles, es que era imposible poder diferenciarlos. —Adrián Junior —Contestó sonriente —Oye, wera, ¿es cierto lo que dicen mis jefes? —¿Y qué dicen tus jefes? —Ella sonrió divertida extendiéndole una bolsa de Nachos. El niño destapó la bolsa y se sentó junto a ella mientras comía —Qui tú y Aquilesh shon noviosh... La chica se ruborizó ¿Qué los haría pensar eso? —Pues... no, por ahora. —¡Oye oye, escluinque del carrizo! —Llegó Aquiles secando su cabello con una toalla —¡Sal de mi cueva, enano! —No estaba haciendo nada malo —Sonrió la chica. —Solo le estaba preguntando que si es tu morrita —Adrian Junior se llenó la boca de Nachos —Esh qui esh muy bunita. —¡Sal, enano! —El rizado señaló la puerta, el niño miró a la chica con cara de perro regañado y ella se alzó de hombros —¡Yaaa! El niño se levantó, Aquiles le quitó la bolsa de Nachos y tras cerrar la puerta escuchó un grito fuera de su hermano —¡Papá no quiere que seas marika! —¡Adrián Junior! —Gritaron todos los habitantes de la casa, cosa que hizo reír a la chica. —Es fastidioso, ¡Dios! —Se la llevará bien con mi hermano —Roxana lo invitó a que se sentara a su lado y él con una sonrisa lo hizo —Ten. El chico abrió la boca y ella metió varios Nachos mientras él levantaba las cejas disfrutando del sabor. —A veeer, tú también abre. La chica de cabello rosa abrió la boca y Aquiles tomó dos nachos dirigiéndolos con sonidos de avioneta a la boca de la más baja, pero justo antes de llegar los devolvió a su boca comiéndolos rápidamente. Ambos rieron y se miraron después con una sonrisa. Fue en ese momento en donde Roxana pensó que no serían amigos para siempre. Estaba segura que antes de dormir iba a dibujar su rostro. —¿Qué pasó después? ¿Qué hiciste? ¡Dime que le pateaste las bolas! ¡Es un atrevido! —Marcos estaba molesto pero intentaba mantener la calma por su mejor amiga. Se encontraba en uno de los cubículos del baño hablando en baja voz con el teléfono en mano. Le preocupaba demasiado el llanto de Bianca del otro lado de la línea. Él quería tener el poder para desaparecer a la persona que había herido de alguna forma su corazón. —Él... Marcos, él me dijo que eso nun-ca debió pasar y se fue... —La voz quebrada de la chica hizo que Marcos se llevara la punta de sus dedos a la cien cerrando los ojos con fuerza —Primero me coqueteó, luego me insultó, me regaló flores, me besó y después se fue ¿qué es lo que quiere de mí? Marcos entendía su dolor. La conocía; sabía que le hería demasiado cuando una persona se refería a ella como un error, no era la primera vez que pasaba. Sabía que el rechazo y las críticas constructivas eran las dos cosas que la hacían sentir así: así como se escuchaba. —Oye... bebé —Suavizó la voz sintiendo un nudo en la garganta por la empatía —Eres hermosa, eres diva, eres potra, eres diosa, eres una persona maravillosa —Eso aumentó el llanto de la pelinegra —Y apenas salga del trabajo voy a verte ¿quieres? —S-sí —Bianca secó sus lágrimas sintiéndose un poco mejor —Por favor. Marcos colgó la llamada y su corazón se aceleró cuando escuchó la voz de su jefe llamándolo. Se notaba que estaba molesto. El chico guardó el teléfono, se la lavó las manos y salió encontrándose con el rostro furico de José, su jefe. —¿Te estabas pajeando, marica? ¿Por qué te tardaste? ¡Si quieres coger dile a María o Carlos que te esperen a la salida, puerco! —¿Por qué yo? —Gritó indignado el nombrado. Marcos agachó la cabeza y le pasó por un lado al hombre sintiendo que algo malo podía pasar. Y no se equivocó, pues su jefe, como solía hacer con todos cuando estaba molesto: le gritó en la pata del oído. —¡Mueve tu inútil trasero! Marcos se tensó después de sentir que su oído dolía. Apretó los puños pero no podía hacerle nada. Había buscando en diferentes lugares un nuevo trabajo, pero el destino quería que siguiera allí, porque no había recibido llamadas de ningún sitio. Y es que a pesar de lo animal que podía ser su jefe e incluso sus compañeros, era un lugar en donde hacía algo que le gustaba y además eran flexibles por sus clases. Era seguir aguantando o dejar la carrera, literal. —¿Quién es este gilipollas? El chico sintió una corriente eléctrica que le estiró cada vello de su cuerpo e incluso se sacudió un poco por la impresión. Cuando su mirada se encontró con los ojos avellanas sintió vergüenza. —Disculpe, bella dama, es mi inútil pastelero —José le pasó por un lado a Marcos y le sonrió a la mujer —Bienvenida a Honey honey ¿desea ordenar algo? —No me refería a Marcos, me refería a usted, ¡animal! —Sonia se cruzó de brazos molesta. José rió con nerviosismo y desapareció como por arte de magia, dejando a Marcos a la merced de la mujer. —¡El chico viene conmigo! —Habló en alta su profesora. Todos los compañeros de Marcos prestaron atención —Espero no haya problema con eso, hombre, ¡porque tengo un amigo abogado que le encanta destruir a tipos como usted! El corazón de Marcos latió lleno de miedo y alegría ¿Acaso esas cosas no pasaban al revés? ¿No era el hombre el que siempre rescataba y defendía a la bella mujer? Qué pedo, qué pedo: Sonia lo tomó de la mano alejándolo de allí. —¿Cómo puedes permitir que ese gilipollas te trate así, Marcos? ¿Acaso no eres ya un hombre? —Le reprochó. Tenía un leve sonrojo en las mejillas -seguramente por la molestia- que el chico notó. —Gra-gracias, profe —Bajó la mirada jugando con sus manos —Es que... es muy complicado. —Lo sea o no, joder —Con su mano izquierda levantó su barbilla haciendo que la mirara —No puedes permitir eso, Marcos ¡Está mal! Ese animal puede ser tu jefe y todo lo que quieras, pero no eres un niño, ni su hijo, no puede... Marcos no pudo resistirse: la abrazó con fuerza. La mujer sintió su corazón latir desbocado y en un intento de tranquilizarse le correspondió el abrazo. —Sé que va a sonar muy tonto —Marcos se sentía en el cielo aún cuando se separaron, la alegría en su pecho por lo que se atrevió a hacer lo motivó a seguir hablando —Pero... ¿podemos ser amigos, profe? A Sonia le causó una peligrosa ternura  —Sí, Marcos, podemos ser amigos si eso quieres.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR