Capítulo 5: Vergüenza.

1585 Palabras
Marcos había llevado a cabo en varias ocasiones la frase que decía: “Si estás atravesando un mal momento, sigue caminando; lo malo es el momento, no tú”.  ¿Pero cómo avanzaba mientras estaba sentado sobre el inodoro, con una bata de baño tapando su mano junto a su p**o erecto y la profesora observándolo? Pero lo que más se preguntaba era ¿por qué seguía observándolo? ¡¿Y él por qué no reaccionaba?! La risita de la mujer al dejar de verlo hizo que el cuerpo del chico se ablandara, ¡Dios!, la había escuchado reír, y vaya que tenía una risa hermosa. Por supuesto que ya había terminado con lo que estaba haciendo, de hecho iba a acabar antes de que la mujer entrara; de igual forma lo hizo sin que ella se diera cuenta debajo de la tela.  Su cuerpo se relajó, pero después se tensó ¿ahora cómo la miraba a la cara?, ¿habría pensado que había sido por ella el pajeo? —¡Puerco! —Bianca lo pellizcó con fuerza en cuanto el chico salió del baño —¿Te lavaste las manos? ¡Puerco! ¡Puerco, la profesora te vio! ¡Marcos ella te vio! Tal parecía que la chica estaba más avergonzada que él mismo, o no. Los latidos de su corazón no podían compararse. Sentía un cosquilleo en todo el cuerpo, algo raro le estaba pasando, y de ninguna manera podía ver a esa mujer otra vez ¡no! Se rehusaba. —Bianca no puedo estar aquí, wey, no puedo verla a la cara, por lo que más quieras, ¡sácame de aquí! La pelinegra podía ver la preocupación y la vergüenza en los ojos de su mejor amigo, pero no podía hacer nada por él. Si había algo que le molestaba en demasía a su padre eran las personas irresponsables y que le hicieran perder el tiempo. No podía darle ninguna excusa a su padre para sacarlo de allí, ni siquiera lo de la diarrea porque seguramente le darían algo para detenerla. —Lo siento, pero sabes que no puedo. —¿Cómo hago? —Se llevó las manos a la cabeza —Soy un cobarde, Bianca. —¡No eres ningún cobarde, no seas pendejo! —Su amiga lo sacudió —Vas a ir conmigo y no vas a ver a esa mujer a la cara ¿de acuerdo? El chico asintió. No estaba seguro de no poder verla pero haría el intento. También pensó que sería una falta de respeto irse de aquella casa de aquella imponente familia como perro por su casa. Debía ser fuerte, debía respirar y controlar su cuerpo. Más de dos años sin tener sexo, maldijo el desaprovechar la oportunidad que se le había presentado tres meses atrás con una de sus compañeras de trabajo. Pero es que él no era de esos chicos que le gustaba tener sexo porque sí, de hecho había tenido que soportar que todos en la pastelería le dijeran “marica” por el simple hecho de rechazar a su compañera. —¡Marcos! ¿Todo bien? —El señor Luis se le acercó dándole una palmada en el hombro en cuanto llegó. Marcos no quería ver a Sonia, pero la vio y su cuerpo tembló —S-sí, sí, claro —Fijó su vista en la madre de Bianca —Está usted muy bella señorita Beatriz. —Gracias por el cumplido, lástima que no pueda decir lo mismo —Lo vio de arriba abajo —¿Planchaste la camisa antes de venir al menos? Luce desteñida, Marcos ¿no te da vergüenza? He allí la razón por la cual también odiaba estar en esa casa. —Madre... —La pelinegra tomó la mano de su mejor amigo, sintiéndose por milésima vez decepcionada de ella —No le pares Marcos, tiene unos tragos demás —Le susurró. Marcos había bajado la mirada sintiéndose pequeño. No era la primera vez que algo así pasaba. Esperaba que esa mujer no estuviera presente durante toda la velada. No se explicaba cómo el señor Luis se había enamorado de alguien como ella. Sentía su pecho latir desenfrenado. Entre Sonia y Beatriz lo estaban haciendo pasar la noche más incómoda de su vida. —¿Cómo comenzaste el segundo año, Marcos? —El padre de Bianca rompió el silencio en cuanto se formaron en la mesa y tomaron asiento —¿Ya has visto clase con esta maravillosa mujer? —No me diga así, Doctor ¿qué va a pensar tu esposa? Todos miraron a la profesora Sonia, la cual sonreía con timidez y escondía un  mechón de su cabello detrás de la oreja. Aquél gesto le había parecido tan hermoso al chico, que lo hizo sonreír. Su mejor amiga le pisó el pie. Marcos gruñó abriendo  los ojos mientras le hacía un feo gesto a Bianca. —Pues muy bien la verdad y... bueno, no he tenido la oportunidad de ver sus clases, profesora Sonia. —Ay cariño, llámame Sonia fuera de la universidad —Le regaló una sonrisa y Marcos sintió debilitarse —Mañana nos toca Cariología así que prepárate —Le guiñó el ojo. —Hablando de tu carrera, Marcos —La madre de Bianca comenzó a hablar —¿Cómo haces para cumplir con los gastos? Tengo entendido que el segundo año es muy costoso. Bianca gruñó, el señor Luis tomó un poco de agua mientras las mujeres del servicio comenzaban a servir la comida, y la profesora Sonia, aunque Marcos no se dio cuenta: rodó los ojos ante la pregunta. —Trabajo, y mi madre me ayuda, bueno, y mi tío —Respondió para después tragar hondo. Necesitaba que esa conversación parara ya. —Ah sí, ¿el de pastelero? —Beatriz se carcajeó en burla. Los presentes a excepción de uno apartaron la vista de Marcos —Bien, algún día podrías hacernos algunos, claro, si es que eres bueno. Seguro te pagaremos mejor que allá. El señor Colmenares cambió la conversación hablando sobre la clínica UTPS mientras Marcos sentía ganas de llorar. Y es que tal vez el chico sí se avergonzaba de su estatus social, que no era ni la cuarta parte de lo que era la de los Colmenares. Pero no era algo en lo que pensaba tanto, no hasta que la señora Beatriz estaba presente.  Lástima que no tenía la valentía y la seguridad de su amiga Roxana, porque esta, como lo estaba haciendo en ese momento, no dudaba en defenderse de cualquiera. —¡Pero suéltame, wey! ¡Le voy a partir la madre a ese cabrón! El rizado reía por la sorpresa que le había causado que una chica tan tierna como ella pudiera hablar de esa forma y además no le tuviera miedo al fuerte y alto tipo que se había atrevido a piropearla de una manera asquerosa. —¡Roxana cálmate! —Aquiles logró que ella lo viera a los ojos —Déjalo, no vale la pena. —¿Y si hubiera estado sola, Aquiles? —Sus mejillas ardieron por la furia. Es que no le molestaba que se hubiese atrevido a decirle algo, le molestaba la magnitud de sus palabras —“Una muñequita así encima mío mamándomela es lo que quiero” —Imitó la voz del tipo que ya estaba demasiado lejos de ellos —Una cosa es una cosa, Aquiles, y otra cosa es otra cosa. —Entonces deja de ponerte esos shorts ¡Y listo! La chica abrió los ojos sorprendida —¿Dices que debo dejar de vestirme como me gusta solo porque en este puto planeta los hombres son puercos? Me decepcionas, Aquiles, me decepcionas. —Lo siento... —El rizado pasó una mano por su cuello apenado —¿Me perdonas? —No —La chica observó cómo Aquiles formaba un puchero y le pareció adorable —Tal vez, si mi invitas un marquesa luego podría olvidarlo. —Bien —Aquiles le sonrió —Pero te la doy mañana porque ya es tarde. Me gustó charlar contigo. A Roxana le había agradado pasar el rato con él al menos por esas dos horas. Habían comido los tacos al pastor, las fresas con cremas y charlaron tanto de las películas como de las series del momento. Aquiles estaba ansioso por ver la nueva temporada de Control Z, y Roxana le había dicho que podrían verla juntos algún día. Y de no haber sido por su comentario fuera de onda habría pensado que era la mejor cita que había tenido. —Entonces... —La chica jugó con un mechón de su cabello rosa al llegar frente a su casa —Gracias por acompañarme. —No es nada, Roxy ¿te puedo decir así? —Le preguntó sintiendo algo de timidez. Ambos se miraron a los ojos, Roxana asintió a su pregunta. Ella sentía que tenía el corazón en la garganta. ¿Por qué no podía hacer lo que estaba pensando? Ella no le temía a nada. Así que fue acercándose lentamente al chico rizado y cerró sus ojos esperando que él diera el último paso. —Ehm... ¡hasta mañana, Roxy! Roxana chocó con el vacio. El chico se encontraba a varios metros de ella regresando a la calle.  Su corazón comenzó a latir ardiendo de vergüenza por primera vez en mucho tiempo, ¿qué había hecho mal? ¿Por qué se había ido así como así? La ansiedad comenzó a invadirla; necesitaba consumir algo con mucha azúcar.
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