La cena en la casa de los Colmenares después de varios comentarios pasados de copas por parte de la madre de Bianca, había terminado. Marcos agradeció al cielo cuando su mejor amiga alejó a la señora del lugar y respiró profundo cuando la mujer de ojos avellanas lo invitó a sentarse a su lado mientras esperaban que el señor Luis sirviera algunos tragos.
—Ten, Marquitos —El hombre le extendió un vaso.
Marcos negó para después acomodarse los lentes con timidez por la cercanía con Sonia; ella olía como una rica ensalada de frutas —No ingiero alcohol.
—No es bueno para la salud —Le sonrió Sonia —Buen chico.
—Lo es —Afirmó Luis —Es por eso que te he comentado de él, Sonia —Marcos frunció el ceño sintiendo su corazón saltar ¿le habían hablado de él? Si esa mujer supiera que la paja que se lanzó había sido por ella seguramente le haría la vida imposible en clases —Marcos, he observado cómo te has desenvuelto en tus materias con ayuda del Director Chacón, y nos parece que eres un chico con un potencial que debe ser explotado.
—He visto tus calificaciones también —Sonia lo miró sin dejar de sonreír. Marcos tragó hondo —Y opino que el proyecto que estamos llevando a cabo de la UTPS debe ser conformado por personas con experiencia, y con naranjas con mucho jugo que sacar.
—Jugo quiero sacarte yo... —Pensó el chico mientras asentía mirando a la mujer —¿Qué quiere decir eso?
—Que vas a hacer mi alumno-asistente para dirigir el proyecto de “Una sonrisa sana para toda la vida” ¿te apetece la idea?
—Me apeteces tú... —Se aclaró la garganta —¡Claro que sí! Chaale, ¡qué honor!
Estaba más aterrado que emocionado, es decir: le emocionaba la idea de que el padre de Bianca viera en él un gran futuro, pero le aterraba tener que pasar tiempo con la mujer que no llevaba al menos una semana conociendo y lo había hecho hacerse una paja ¡Y que además lo había visto haciéndosela!
—Qué vergüenza... —Susurró clavando su mirada en el piso.
—¿Vergüenza por? —La mujer afincó su codo en el borde de la silla poniendo a descansar el mentón en su propia mano.
Marcos no podía descifrar esa sonrisa. Esa mujer era un completo misterio, al igual que su relación con el Director.
—Disculpe, ehm... ¿El director Chacón es su... padre?
Sonia se estiró para tomar un trago de su vaso —Es mi tío.
—No te sorprendas si las personas que conozcas en la UTPS tienen algún nexo; siempre he pensado que es mejor dejar todo en familia. Es por esa razón que he pensando en ti, porque eres amigo de Bianca y te conozco. Y además, por eso también Bianca trabajará de la mano con el Doctor León para el proyecto de cirugías dermatológicas menores.
—¡¿Que yo qué?! —La pelinegra llegó poniéndose roja al instante —¿Con el Doctor León?
—¿Por qué te sorprendes? —Su padre frunció el ceño y la tomó de la mano para abrazarla y besar su frente —Mi hija también merece estar dentro ¿no te parece grandioso?
La pelinegra le tiró una mirada llena de sorpresa a su mejor amigo, y el chico solo se alzó de hombros.
—Es que... no lo sé pa —Se sentó al lado de su amigo —Ese Juan Elías no me ha caído del todo bien.
—¿Ah no? —Marcos frunció el ceño, Bianca lo codeó con disimulo.
—No, Marcos. Hay algo en él que no me cuadra, y me va a perdonar, señorita Chacón, pero tampoco me puedo fiar de su tío.
Sonia alzó las cejas y sonrió un poco después —Si eso es lo que vosotros pensáis de él, no puedo cambiarlo. Pero Bianca, Marcos va a trabajar conmigo, y tú con el Doctor León, y él sí es de fiar; lo conozco muy bien.
Aquellas palabras llenas de seguridad hicieron que Marcos observara a Sonia algunos segundos mientras pensaba: ¿cómo era que podía defender a ese tal Juan Elías y no a su tío? Al parecer era muy serio el problema que la envolvía con el Director, pero había algo que no cuadraba. Además, eso de: “lo conozco muy bien” respecto al otro hombre... Marcos bufó, ¿acaso estaba celoso?
—Mañana después de nuestra clase tendremos que reunirnos solo tú y yo.
—Pero...
La mujer sonrió —Me sé tú horario, mi pequeño asistente, no tienes clases luego.
—Es que trabajo... —Marcos rascó su nuca —No puedo faltar.
Sonia se alzó de hombros —Hablaremos antes de irte ¿va?
—Y tú después de clases te verás con Juan Elías, mientras más rápido agilicemos esto mejor —Le dijo Luis a su hija —Sin excusas, Bianca.
La pelinegra exhaló resignada. Tendría que ver al guapo hombre seguido, pero ¿acaso no era eso lo que quería cuando lo vio por vez primera? Sí, eso quería. Pero Bianca tenía un extraño presentimiento en el pecho. Se mentalizó dedicarse a descubrir qué había estado haciendo ese hombre en la oficina de su padre esa tarde costara lo que le costara.
Poco después de que Sonia dijo que debía irse con urgencia, los mejores amigos comenzaron a charlar sobre lo sorpresivo que era tener que ser parte de un proyecto de la UTPS. Mientras que Marcos no quiso comentarle a Bianca lo que había visto y escuchado aquella tarde, la pelinegra tampoco quiso decirle lo ocurrido con el guapo Doctor.
Ninguno estaba seguro de nada, debían investigar para hablar con bases. Ese pensamiento se debía a que no muy lejos de tener ese razonamiento humano, pues tenían el razonamiento medico.
No se le puede decir a un paciente que tiene escabiosis cuando muy bien puede tener una dermatitis. Se debe estudiar y conocer el caso aunque parezca lógico. Y ellos apenas comenzaban a conocer a las personas que en pocas horas les habían interrumpido el sueño.
En cuanto el chofer de Bianca dejó a Marcos en su casa, este besó la frente de su madre quien se había quedado dormida aún con su uniforme en el sofá seguramente esperándolo. El chico no pensó que pudiera llegar después de ella y por lo tanto no le había dejado una nota. Y le hubiera pasado un texto pero la señora Lourdes prefería no tener teléfono debido a una mala experiencia con un robo de uno de esos aparatos.
El chico suspiró desabrochando su camisa ya dentro de su habitación y al ver que efectivamente la camisa lucía algo desteñida chisteó. Si el mundo supiera lo mucho que había tenido que pasar para llegar en donde estaba tal vez serían menos groseros y humillantes con él, porque la madre de Bianca no era la única que se burlaba de su estatus social.
Sin embargo, el chico tenía algo mejor que pensar. Iba a verse con la profesora Sonia muy seguido. Debía controlar su cuerpo. Debía dejar de imaginársela bañada en chocolate.
—Creo que metí la pata con mi cita ayer —Se sentó Roxana frente a sus amigos los cuales repasaban lo que seguramente verían en clases esa mañana.
—¿Quién te preguntó?
—Quiéreme, Bianca —Le dijo dándole un empujoncito, la pelinegra sonrió despegando la mirada de su libro —Tú eres la experta aquí en relaciones, dime. Si pasas una noche estupenda con un chico y sientes esta... esta conexión ¿no? Y entonces sientes que debes besarlo y te acercas para hacerlo pero él te huye ¿qué pensarías? ¡Dame tu consejo Doctora Colmenares!
Bianca rodó los ojos —Pues... no lo sé, wey, tal vez es un chico educado que no le gusta besar en la primera cita.
—¿Quieres decir que no soy educada?
Marcos rodó los ojos ante una de las tantas escenas del par y dejó de leer para prestar atención a ambas.
—No es eso, Roxana. No quiero repetir lo que dije ¿pero entiendes?
—Entonces sí metí la pata —Bufó.
—O no le gustaste —Opinó la pelinegra volviendo a leer —Eso pasa seguido, no todos somos moneditas de oro a la vista de los demás.
—Claro, ¿tú sí verdad? —A Roxana le había molestado el comentario —Como tú eres la modelo e hija de tus papás pues sí lo eres.
—Roxana... —La miró haciendo una mueca —Sabes que no quise decir eso.
La chica de pelo rosa vio a Marcos el cual las miraba a ambas sin saber qué decir y decidió irse de allí, molesta.
—Haz algo, pendejo —Bianca pellizcó a su mejor amigo.
—¡Roxana! —El chico la llamó, la más baja se detuvo y volteó a verlo —No te pongas así, wey, ven —Roxana se acercó con un puchero en los labios —Tal vez sea gay, no te pongas así.
—¡Ay Marcos! —Roxana lo empujó con fuerza haciendo que cayera sobre la grama.
Bianca se carcajeó —Debilucho.
—Amargada —Expresó Marcos.
—¡Tontos!
La acusación de Roxana hizo que todos rieran desapareciendo el momento tenso. Y es que por más que a Bianca no le agradara del todo la más baja, Marcos tuviera que ser siempre el intermediario, y además ambas se pelearan por él, no podían pasar más de dos días molestos el uno con el otro.
—Tranquila ¿sí? Espera a que te invite a salir de nuevo, eres genial seguro lo hará.
Roxana le sonrió a su mejor amigo por las palabras —Eso espero, es que la pasé tan bien.
Ella quería decirle a Marcos que era su primo Aquiles de quien tanto hablaba, pero había algo dentro suyo que se lo impedía.
Bianca la miró —Solo no intentes besarlo hasta que él lo haga ¿okay? Deja de pasar vergüenza. No quiero tener que andar con un par que no se cansan de hacerlo.
La más baja miró a Marcos el cual se sonrojó de inmediato —¿Qué onda? ¿Pasó algo que no sé?
Marcos asintió —La profe Sonia, la que me sacó ayer de la clase...
—Tu sugar mommy, sí —Roxana sonreía prestando atención.
El chico rió por el comentario —Me vio haciéndome un trabajito gracias a ella misma en la casa de Bianca.
—¡¿Qué?! ¿Qué hacía ella ahí? ¿¡Y qué pedo, wey!? ¿No te pudiste esperar hasta llegar a tu casa?
—No... —Se sintió apenado por eso —Pero eso no es todo.
—¡Aguanten todo! —La chica sacó de su morral un par de paletas y se las dio a sus amigos —El dulce le agrega sabor al chisme, sigue.
Ninguno de los otros dos vio problema en comerlas, se veían apetitosas. Y además Marcos no creía que Sonia pudiera ponerse a revisar los dientes de todos los alumnos en la primera clase de Cariología ¿o sí?