Capítulo 18: 8 besos, una luna (3/3)

1668 Palabras
En cuanto Juan Elías estacionó el convertible frente a la casa de Bianca, se dio cuenta que la chica se había quedado dormida. Él no lo podía negar, la pelinegra era el tipo de chica que cualquier chico o hombre hubiese querido tener para su gusto. A sus 27 años no podía creer que después de haber pasado por tanto con tantas mujeres en su vida amorosa, que se planteara la idea de intentar algo más con la pelinegra. Si lo hacía tal vez podría ayudarlo con su plan ¿no?  Bueno, aunque ya lo estaba haciendo... ¿Qué podría salir mal? —Despierta, niña bonita —Pasó la mano por el muslo de la chica subiendo por su abdomen y la pellizcó. La chica se restregaba en el asiento balbuceando y soltó un gruñido cuando al abrir los ojos con un dolor de cabeza, vio a Juan Elías sonriendo. Sintió la mano del guapo hombre en su muslo y se preguntó: ¿qué pasó? Sacudió la cabeza recordando todo, aún estaba mareada pero sabía que solo se habían besado así que sus cachetes se sonrojaron. —El sábado tenemos otra cirugía ¿te sientes capaz de intervenir? Pero no como la última vez. La chica rodó los ojos por el sarcasmo en su voz —Si fuiste tú el que no me dejó ni hacer notas. —Eres una pinche estudiante de segundo año, ¿qué tanto podrías saber? Bianca se enfureció —¡Sé esto! Juan Elías ahogó un grito de dolor cuando la chica pisó su pie enzapatado con la punta de sus tacones y salió del auto. Estaba cansada. Sí, la había besado y había sido muy rico todo pero ese hombre no dejaba de ser un mamón y ella no iba a permitir que siguiera jugando con ella. Se iba a disfrazar de Beatriz Pavón y le iba a demostrar quién mandaba. Lo juró. Por otros senderos, casi corriendo: Roxana y Aquiles llegaron muertos de cansancio y miedo a la papelería, pues allí era el punto medio entre la casa de la chica y el rizado. La chica de cabello rosa sintió su cuerpo erizarse cuando observó, después de los espasmos por la carrera, el torso desnudo del chico. Y vaya, pues ella nunca había tenido la oportunidad de poder disfrutar de algo así, es decir: Aquiles no era delgado, era de contextura gruesa y tenía el abdomen plano con algunos cuadros. —Puedes tocarlos —Aquiles le sonrió, ambos estaba sudados, pero obviamente  la chica no dudó en aceptar la invitación así que cuando lo tocó su cuerpo tuvo una especie de electroshock. —Lo siento... —Susurró ella cuando él se separó bruscamente. —No es... —Suspiró, observándola. ¿Por qué? ¿Por qué ella y por qué en ese momento? No entendía qué era lo que le estaba pasando, pero había algo en esa chica que lo hacía dudar de su sexualidad y eso lo aterraba. Y es que le había costado tanto ser aceptado. —¿Cada quien por su lado o qué onda? —Cuestionó la más baja mirando a ambos lados. Roxana estaba aterrada, y no por la situación que había pasado con el ladrón y el hecho de que anduvieran descalzos. Estaba aterrada porque realmente le había gustado aquél beso, y quería repetirlo no solo una vez más. Maldijo tanto que fuese gay. —Yo creo que... —Dudó. No le agradaba la idea de dejar ir sola a la chica de cabello rosa a su casa a esas horas pero... él no quería seguir viéndola. Necesitaba espacio. —Auchs... —Roxana se incrustó en la planta del pie un vidrio cuando dio un paso hacia atrás. Aquiles corrió hacia ella preocupado —¿Qué pedo, pitu-rosa-brillantina? —Me corté, wey —Chilló. Efectivamente. Cuando la chica levantó el pie, gotas de sangre comenzaron a caer. Y otra de las cosas que ella no soportaba: era precisamente la sangre. Sintió que se iba a desmayar, el rizado tuvo que sostenerla. Aquiles la subió a su espalda. Sintió que no podía dejarla un segundo sola. 3 tazas de harina, dos cucharas de azúcar, un poco del polvo de hornear al igual que la sal, una taza de leche, vainilla, dos yemas de huevos... Marcos miró a la mujer de ojos avellanas que lo observaba atenta y se sintió intimidado. Estaba vestida con un pijama gigante de La Casa de Papel que lo hizo reír en cuanto la vio. Sonia se había vestido así porque sabía lo que causaba en el chico y no quería empeorarlo, pero lo que ella no sabía era que: Marcos la iba a ver hermosa y sensual con todo lo que se pusiese. Máximo estaba grabando el momento, dijo que lo guardaría para hacerle waffles sorpresa luego a su madre pero le hizo jurar a Marcos que no le dijera nada a Sonia. —Entonces ya tenemos todo  —Señaló los demás ingredientes y aplaudió con una sonrisa gigante que emocionó a Máximo. El chico colocó en un tazón la harina junto con el azúcar, el polvo de hornear, la sal y lo dejó a un lado mientras tomaba otro tazón. Y aunque pareciera que estaba muy concentrado en lo que hacía, realmente lo que hacía era pensar que no entendía cómo una mujer como Sonia no estuviera casada, con el padre de su hijo tal vez... Sacudió la cabeza cuando el Director Sandro llegó a su mente. ¿Pero es que ni un novio tenía? En esa casa no había señales de que habitara otro hombre más que el pequeño Max, ¿por qué? Sonia no podía quitar la vista del rostro concentrado del muchacho. Tal vez si hubiese estado en la universidad o en la calle se hubiese cohibido de hacerlo, pero era su casa ¡Joder! Podía hacer lo que ella quería. Bueno... tampoco lo que fugazmente se le pasó por la cabeza. —¿Desde cuándo sabes hacer todo esto, Marcos? —Cuestionó y soltó un suspiro, pero de cansancio. Su hijo Max grabó su boca en medio de un bostezo y ella con una sonrisa lo obligó a grabar a Marcos. —Desde los quince —Le sonrió  nervioso por tener toda su atención  —Y... profe... perdón que sea tan metiche ¿no?, pero ehm ¿Viven solos? ¿Eso no es peligroso? —Sí —Sonrió orgullosa —Y no, es un vecindario tranquilo. Marcos después de juntar todo lo que había apartado comenzó a batir la mezcla pensando que entre ese lugar y el suyo había una gran cantidad de lana de por medio. —Sí —Confirmó el pequeño —Mi mamá dice que no crezca porque no quiere soportar a los niños grandes. —Máximo... —La mujer le gruñó. Marcos soltó una risita ante la escena —Eso es porque quizá, tal vez, a lo mejor... puede ser que tu mami no ha conocido a un niño grande que sea soportable ¿me entiendes? La mujer de ojos avellanas se sorprendió un poco por lo que estaba diciendo, sin embargo, quería escuchar qué otra cosa podría decir. Y es que se estaba dando cuenta que Marcos podía ser un chico muy tímido pero a veces, de la nada: la sorprendía. —Tú eres el primer niño grande que viene a nuestra casa, ¿eso es bueno? Sonia ardió avergonzaba y le haló la oreja a su hijo mientras Marcos sonreía sin despegar la mirada de lo que hacía. —No se preocupe, profe, es solo un niño —Le sonrió. —Te he dicho que me puedes tutear fuera. —Me gusta decirle “profe” —Se sinceró, ella sonrió. El niño se levantó del taburete y le dio la cámara a su madre mientras se restregaba los ojos —Voy al baño mami —Anunció —Ya vengo, Marcos... La mujer le lanzó un beso a Max antes de que se perdiera en el pasillo y le hizo zoom al rostro serio de Marcos. —Prueba rápida —Uso su tono serio. El chico tembló —¿Qué significa broken tooth? —Ehm... ¿Una pieza dentaria fracturada? —¿Abrasivo? —Pule pero irrita —Contestó rápido, sintiendo que era divertido. —¿Caries? —Dulces. —¿Dulces? —Sonrió divertida. —¡Azúcar! ¡Diabetes! —Uhmm —Sonia vio cómo el chico estaba por meter la mezcla en el horno y se le ocurrió una idea —¿Dolor? —Inflamación o fractura. —¿Deseo? —¡Sonia! La nombrada no pudo evitar sonrojarse y reír por la cara pálida de Marcos al darse cuenta de lo que había dicho. —Mierda... —Gimió. Sonia dejó la cámara en el mesón de la cocina y corrió hasta él al ver su cara de dolor. El torpe se había quemado los dedos pulgares. Y claro que había sido culpa de ella por haberlo hecho ponerse nervioso. —¿Te duele mucho? —Inquirió viendo sus dedos rojos. El chico asintió avergonzado y sonrojado. —Deja de ponerte así, por favor —Le ordenó, refiriéndose a su sonrojo —No quiero olvidar que soy tu profe. El corazón de Marcos latía desbocado. Se quedó inmóvil cuando Sonia lo tomó de las manos y repartió un beso húmedo en cada uno de sus dedos quemados. Sonia tragó hondo llena de nervios cuando el chico comenzó a ver de cerca sus ojos y sus labios en un vaivén. Sus respiraciones se trancaron, así que antes de que pudieran hacer algo que no tendría marcha atrás,  ella sacó rápidamente de su bolsillo algo que le habían entregado esa mañana. —Esto... estos eran de un primo que se quedó en vacaciones, creo que te servirán. Marcos quiso bajar del cielo pero cayó en una nube. Y es que su profesora Sonia había puesto en medio de sus rostros unos lentes que no tenían pinta de haber tenido dueño antes.
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