Todos en esta vida tenemos secretos, pero... ¿Por qué se crean los secretos? ¿Por miedo? ¿Por rechazo? ¿Para no hacer daño? ¿Por proteger a alguien? Las razones pueden ser infinitas.
Algunos podemos llevar estos secretos a la tumba, otros de estos secretos salen a luz sin que queramos o simplemente nos cansamos tanto, nos pesa tanto que lo decimos; porque no resistimos llevar esa carga por más tiempo o porque solo queremos liberarnos. Y es que decir la verdad puede ser tan doloroso que quizá es por eso que existen aquellas mentiritas blancas.
Lástima que falta mucho para que nuestros protagonistas se armen de valor y puedan decir, escuchar y enfrentar aquellas verdades disfrazadas de secretos.
—¿Y... hicieron algo ayer fuera de lo normal?
No era un secreto para nadie lo que había pasado con Bianca Colmenares, pues las revistas más importantes como Hey or Who, HollyMex y programas de televisión como ¿Qué pasó ayer? Dieron a su público de desayuno lo acontecido con la pelinegra.
—¿Es una broma? —Preguntó irritada Bianca —Porque no ando de humor para escuchar tus cosas, Roxana.
—Yo solo...
—¿Ustedes piensan que estoy bien verdad? —Cuestionó la pelinegra justo cuando se sentaron sobre el césped.
—Es que no sabemos qué hacer... —Le explicó Marcos. Pues apenas se vieron, solo caminaron en silencio, siendo el centro de atención de varios estudiantes e incluso profesores.
—¿Lo vieron? ¿Lo vieron todo?
Los chicos negaron. La pelinegra, sonrojada por la molestia sacó su teléfono y se los mostró. Casi todas las portadas de las redes, programas y revistas de farándula estaban protagonizadas por su rostro vomitando el helado.
—“La niña caprichosa” “¡Quiero mi helado!”, “Estaba de luto”, “Lo que costó el helado vale un sueldo“, “No aguanta nada”, “Solo una copita”, “Doctor León a la vista”, “Doctor León el caza firulais”, ¡Firulais, chicos! ¡FIRULAIS!
Aunque lo último pudo causarles a sus amigos una risotada, solo se acercaron a ella y la abrazaron mientras lloraba.
—Quiero desaparecer, chicos —Balbuceó.
Y la verdad era que los otros dos también querían desaparecer con ella.
Después de que sus amigos le recomendaran que fuera a descansar esta llamó a su chofer, pero no precisamente para que la llevara a su casa.
—Buenos días, señorita Colmenares, su...
—Mi padre no se encuentra —Completó la frase quitándose los lentes oscuros —No me sorprende ¿El Doctor León está?
—Ehm... me temo que no —Le dio una sonrisa.
—No importa, lo puedo espe...
—¡No! —Adolfo se levantó del asiento. Bianca frunció el ceño —Es que... no puede subir.
La pelinegra se le acercó lentamente sin dejar de mirarlo a los ojos. El hombre se sentó con lentitud algo nervioso.
—¿Por?
—Están en junta, todos. No les gusta recibir visitas cuando lo están —El hombre titubeó cuando ella achinó los ojos —Su padre, el Doctor León y los Chacón.
—Vaya... entonces, Adolfo —Le sonrió con falsedad —¿No quieres que le diga a mi papá que me trataste muy mal y que te boten verdad? —El hombre negó —Entonces no les dirás que voy a subir ¿cierto?
Adolfo titubeó pero luego asintió. Esa chica a veces le daba miedo, no se podía arriesgar.
Tras guiñarle el ojo sin nada de picardía al recepcionista la chica pelinegra colocó sus lentes y sintiendo su corazón estallar de curiosidad subió al ascensor. No le gustaba manipular a la gente por ser hija de las personas que era, pero tenía que actuar rápido porque algo así era lo que había estado esperando desde que la clínica se fundó.
¡Por fin! Aunque se sintiera tan horrible ¡Por fin con suerte iba a poder descubrir qué tanto tramaban!
Vio la luz yendo de un botón a otro y respiró profundo cuando las puertas se abrieron. Con pasos firmes pero cautelosos se percató de que no había nadie supervisando fuera. No obstante, justo cuando estuvo a un paso de colocar su oreja en la puerta que daba entrada a la oficina de su padre, escuchó las voces acercarse.
Bianca corrió encerrándose en una oficina que estaba oscura y abrió un poco la puerta para poder escuchar lo que dirían aquellas personas.
—No hay problema con eso, Director Chacón, hemos procedido con discreción —Dijo Juan Elías.
—Pues a mí no deja de preocuparme ustedes saben quién. Ese metiche puede echarnos a perder todo. Hemos trabajado demasiado para ejecutar esto ¿Acaso a ustedes no les preocupa?
—Sí, pero debemos pensar con cabeza fría, tío, no es bueno que tomemos las decisiones dejándonos llevar por la presión del momento ¿de acuerdo? —Habló Sonia.
—¿Y usted qué dice, Doctor Luis? Lo he notado distante durante la reunión.
—Es que yo... —Bianca pudo ver cómo su padre comenzaba a aflojar su corbata y se sintió más nerviosa de lo que estaba —Lo siento pero no dejo de pensar que esto es muy peligroso.
—Oye oye, Doc —Sandro le dio un par de palmadas en el hombro —No te preocupes, los terceros solo sabrán lo que deben saber. Y creo que Sonia y Juan Elías nos pueden ayudar a sacar ese clavo que nos preocupa, así estamos más tranquilos ¿no?
El señor Luis sintió que estaba sudando frío, no asintió, solo sonrió de medio lado.
—Hombre, que no te preocupes, tenemos todo bajo control —Culminó la charla Sonia con una sonrisa.
Bianca soltó una exhalo cuando vio que no había nadie en el pasillo ¿qué era eso tan peligroso? Sintió ganas de llorar, el pánico la invadió. Su padre estaba metido en algo peligroso y peor aún... ese hombre con el que estuvo a punto de acostarse la noche anterior estaba involucrado, al igual que Sonia.
¿Qué debía hacer? ¿A su madre? ¿A Marcos? Era muy arriesgado. No tenía a nadie de confianza, tendría que resolver el misterio ella sola.
—Entonces tú eres la hija del Doctor eh —Susurró una voz en la oscuridad.
La chica intentó salir rápidamente pero el hombre dentro cerró la puerta antes de que pudiera hacerlo. Ella sintió que se iba a orinar del miedo, pero la luz fue encendida y le dejó ver a un hombre de cabello rojizo con cara de recién levantado. Ese hombre lo había visto antes.
—Sí soy... —Se despegó de la puerta tratando de actuar normal —¿Usted quién es?
—Víctor, Víctor Hernández, o Doctor Hernández, como desees —Se restregó los ojos.
Bianca observó a un lado de su escritorio un colchón, mantas, almohadas y una radio.
—¿Duerme aquí, Doctor Hernández? —Tragó hondo cuando el hombre se le acercó. Era guapo, pero era el tipo de hombre guapo con una mirada terrorífica.
—Shhh —Se llevó el dedo índice a los labios —Es un secreto, así como que yo te vi espiando a tu papito ¿trato?
No cabía duda de que Bianca iba a tener que aceptar aquello, al igual que su mejor amigo, en cuanto su compañera de clase Gabriela le propuso almorzar juntos.
Marcos no hubiese aceptado la propuesta de no haber sido porque la chica le dijo que había conseguido información que le podía interesar. Sabía el camino por el que iba su compañera al hacer eso por él. Y pensaba que estaba mal utilizarla, pero es que después de la noche-madrugada que había pasado en casa de Sonia necesitaba respuestas.
Unas respuestas que claramente su profe no iba a dar.
—¿Qué tal el trabajo eh? —Gabriela le preguntó después de que calentaran la comida en el cafetín.
—Lo mismo de siempre, mal trato, mala paga, flexibles con mis horarios —Se sorprendió luego por lo sincero que fue.
Le dio un vistazo a la chica después de llevar el primer bocado a su boca y se dio cuenta en ese momento de que la formula de los cristales de los lentes que le había dado Sonia podría ser demasiado similar a la que él usaba, pero sacudió la cabeza al pensar en ello.
¿Sonia le había mandado a hacer unos lentes? ¡Ni que fuera tan especial! Él solo era un estudiante más, y bueno... quizá su ayudante y también su amigo, pero eso no era suficiente como para que ella se tomara esas atribuciones. Es decir, ni su mejor amiga que había sido la causante de la caída lo había hecho ¿por qué Sonia sí?
—¿Sí sabes que Sonia dio clases algunos años en España no?
Escuchar el nombre de la dueña de sus pensamientos lo hizo espabilar —¡Sí!
—Bueno... resulta que estuve hablando con mis amigos, investigamos y... bueno. Tal parece que sí son ciertos los rumores que se han dicho siempre desde que llegó.
—Los cuales son...
—Que se vino porque tuvo problemas allá muy graves, porque la neta wey ¿Quién deja una vida en España?
Ambos masticaron y tras guardar un largo silencio Marcos se aclaró la garganta —Y... ¿eso es todo?
—Nope —Gabriela le sonrió —También es cierto que sale con un tipo casado y que tiene un hijo de ese hombre.
El corazón de Marcos se aceleró ¡No podía ser! No, no, no. Ella y Sandro no.
—¿T-tú estás segura?
—Todos, wey, todos lo piensan. Es que mira, ve el carrazo que tiene, ¡Y no es el único! La tipa es aliada de la UTPS y que yo sepa, los aliados deben tener una gran cantidad de dinero, así como el papá de tu amiguita, que... perdón pero la neta me caga.
—Oye, oye... —Marcos la señaló con su dedo, serio —No vinimos a hablar de MÍ mejor amiga ¿okay?
Gabriela rodó los ojos pero prosiguió —Bien. Lo cierto es que es mucha coincidencia que justo cuando se corrió el chisme de lo señora Beatriz De Colmenares pues se les haya comenzado a ver muy juntitos. Pobre señora... ya sabes. Tú debes saberlo —Sonó obvia.
El chico arrugó la cara en desacuerdo, perdido —Perdón, pero no entiendo...
—Pues que la mamá de Bianca está cucú ¿no lo sabías? Salió en un comentario de Hey or Who hace una semana. Según dijo una persona de su ambiente laboral que la había visto tomando pastillas raras, y ya sabes cómo es esa señora de bipolar, tal vez sí está loquita.
—¿Y eso qué tiene que ver con Sonia? —Marcos suspiró al darse cuenta que tal vez lo que la chica había dicho era cierto, pero Bianca no le había comentado nada. Además, a él le importaba en ese momento otro asunto.
—¿No captas? —La chica llevó su dedo índice a la frente del chico “golpeándolo”—Bobito, que con tanto problema que tiene ese matrimonio, y lo del proyecto de la UTPS pues... ¡El hombre casado de Sonia es el Doctor Luis! ¡El papá de tu amiguita!
—¡¿Quééééé?!