Capítulo 20: Desvelo.

1897 Palabras
Eran las dos de la madrugada cuando Marcos se encontraba vagando por la cocina. Tal vez si hubiese habido suficiente harina de trigo hubiera hecho una torta, pero se conformó con hacer pancakes para comer a esa hora, para desayunar luego y dejarle a su madre también. Los sábados usualmente se levantaba a las siete para poder llegar a las ocho y media a Honey honey. Detestaba la idea de tener que soportar a su jefe y a sus compañeros hombres durante tantas horas,  así que agradecía que ese sábado tuviera primero un compromiso con la razón de su detestante desvelo: Sonia. No detestaba a Sonia. Detestaba la idea de no conocerla lo suficiente y no tener respuesta a las dudas que le habían quitado el sueño ¿Qué tan grave pudo haber sido lo acontecido en España para que ella huyera? ¿Máximo era hijo de Sandro o el Doctor Luis? Dios mío, si Bianca se enteraba de eso se le iba a partir el corazón. Y es que él sabía que su mejor amiga tenía una imagen tan perfecta de su padre, que si se enteraba al menos de ese rumor se iba a derrumbar. Marcos se rehusaba a quedarse de brazos cruzados. Ese día iba a dejar su timidez a un lado e iba a  obtener respuestas. —Marquitos, mijo ¿Qué haces despierto a estas horas? La imagen de su madre apareció en su panorama mientras metía en el microondas los pancakes que no comería. —Me dio hambre ma’, es que no cené —Mintió, porque la razón no era el hambre. —Oye mijo, ven, ven acá —Lourdes lo invitó a que sentaran en el sillón. Marcos al sentarse comenzó a comer y su madre después de varios segundos habló —Esa mujer... ¿Sonia Chacón? ¿Es buena contigo verdad? El chico sintió nervios ¿pero por qué se ponía nervioso? Ellos no tenían nada y él no ocultaba nada, al contrario, la que ocultaba muchas cosas era Sonia. —Sí, bueno... —Suspiró al recordarla mientras lo defendía y le daba los lentes  —Dentro de la universidad es muy estricta pero fuera es buena onda. Su madre asintió mientras le hacía piojito —¿Haz compartido mucho fuera con ella, mijo? Marcos quiso decir que sí pero después de darse cuenta de lo que su madre pensaba negó con la cabeza —Por lo del proyecto hemos tenido que vernos un par de veces, pero... realmente no. —¿Y esos lentes? El chico exhaló, ya le había extrañado que no hubiese dicho nada en cuanto lo vio llegar de la universidad. Sabía que no iba a poder pasar desapercibido nunca con nada. Algunas madres daban miedo. —¿Le dije que Bianca me los partió recuerda? —Lourdes asintió —Pues me los compró. No se sentía bien mintiéndole a su madre, de hecho era al menos la cuarta vez en su vida que le mentía. La primera fue un acontecimiento que pasó con Aquiles, el primo que detestaba, la segunda había sido respecto con quién fue su primera vez; la tercera era sobre el trato de la madre de Bianca hacia él, y esa que acababa de decir era la última. Enserio esperaba no tener que mentir más, porque aunque era bueno ocultando las cosas, eso se sumaba y le hacían crear rencor, como con la madre de Bianca y Aquiles, por ejemplo. —Está bien, me alegra que seas amigo de Bianca. Esa familia es buena, algún día le daré las gracias al Doctor Luis por confiar en ti —Lourdes no estaba muy convencida de la respuesta pero no quería agobiar a su hijo. Ella no quería agregar un problema más a su vida imaginándose que su hijo tuviera una relación extra-laboral y estudiantil con uno de los Chacón, porque sabía cosas que Marcos estaba muy lejos de saber. Sin embargo, esa respuesta no la iba a dejar tan tranquila, al igual que Rosaura, la madre de Roxana, la cual se encontraba con ella viendo una serie en Netflix mientras comían palomitas caramelizadas. Rosaura al ver a su hija despistada decidió sacarle información. —¿Todo bien, corazón? —Hizo que la más baja la mirara —¿Estabas llorando? —Se alarmó. Su hija no lloraba, no al menos delante de ella. —No... Solo es el sueño —Mintió. —Vamos, corazón, te conozco más que a mí misma ¿te parí sí? Roxana exhaló deteniendo el capítulo de la serie y encendió la lámpara de su lado para poder ver mejor a su madre. A la chica no le costaba decirles sus problemas a sus padres, pues confiaba en ellos y además eran buenos consejeros. Así que no fue hasta en ese momento que pensó el porqué no les había dicho a sus padres quién era el chico con el que había estado saliendo. —¿Se acuerda de Marcos, no? —Su madre asintió —Él tiene un primo, que... bueno no es primo primo porque es adoptado. —¿Marcos es adoptado? —No, mamá —Ambas rieron —Es Aquiles, el primo de Marcos. Aquiles es hijo del señor Adrián el de la papelería. —Ahhh sí ¡El chavo que se fue de repente! —¿Lo conocía? —Claro —Rosaura supo lo que su hija diría así que se adelantó —Él te gusta, han estado saliendo, ajá ¿qué pasó? ¿Te hizo algo ese pendejo? Roxana suspiró acurrucándose en los brazos de su madre —Es gay. —Wow wow wow —Hizo que su hija la mirada levantándole el mentón —¿Y te gusta? —Roxana asintió con una sonrisa nostálgica —Es la primera vez que escucho algo así, wow. —Es muy sad. —Recontra sad, pero la neta Roxana ¿en qué pensabas? ¿Sabías que era gay antes de que te dieras cuenta que te gustaba? —No, no lo sabía —Hizo un mini berrinche, su madre la pellizcó —¡Auchs! Y... lo peor de todo es que creo que de no haber sido porque un tipo lo invitó a salir y él se puso demasiado nervioso... yo creo que, creo que no se hubiese atrevido a confirmarlo. —Órale, ¿y eso por? ¿Sientes que él gusta de ti y por eso no quiso decirte al momento? —Hay vibra, mamá, me rehúso a no poder intentarlo. Es decir, ya nos besamos... Rosaura se llevó la mano izquierda a la cien expresando seriedad —¿Después o antes del robo? —Antes y después —Exhaló, confundida —¿Usted qué me dice? ¿Qué me recomienda hacer? Su madre pensó mucho lo que diría y dejándose llevar por su presentimiento de madre respondió —Confío en que eres una mujer responsable, sentimental, pero sobretodo inteligente —Roxana le sonrió —Y si a ambos les gustó el beso y él jamás ha tenido algo con una chica... no veo problema con que intentes al menos convertirlo en bi. Roxana abrió los ojos como platos por las palabras de su madre —¿De verdad cree que puedo lograrlo? —No lo sé, pero si no haces el intento te arrepentirás, hija. Créeme, en esta y todas las vidas que pueden existir se debe luchar para obtener lo que deseamos. No hay nada imposible hija, solo es cuestión de dificultad. La más baja sintió una enorme energía. Su ilusión se multiplicó ¡Ella iba a enamorar a Aquiles como que se llamaba Roxana Estefanía De Abreu! —¿Marcos lo sabe? —La chica negó sintiendo un sustito —¿Y qué esperas para decírselo? Él te puede ayudar. Pues... ¿Sí? Roxana dudaba que Marcos pudiera ayudarla, y no se explicaba por qué le había dado tanta larga a la historia de Aquiles. Ya lo sabía su madre y la estaba apoyando, ¿por qué Marcos no lo haría? —Es que no puedo, hija, no puedo... —Beatriz, la madre de Bianca lloraba en sus brazos mientras temblaba y sudaba. Y aunque eso acontecía desde hacía pocos meses, Bianca ya estaba familiarizada. Sabía lo que tenía que hacer: escucharla, abrazarla, ayudarla a respirar y cuando acabara, ayudarla a pensar en cosas bonitas. No va a mentirse, cada que pasaba sentía que se le revolvía el estómago y un sentimiento de “no te quiero perder”, la invadían. Porque Beatriz Pavón podía ser todo lo que la sociedad dijera y pensara, porque así ella se mostraba ante el mundo, pero cuando de la nada esos ataques de ansiedad aparecieron, Bianca supo la razón y sintió compasión. Su padre seguramente le estaba siendo infiel. Esa grieta que poco a poco separaba la familia perfecta que Beatriz pretendía delante de todo el mundo podía ser la causante de aquella enfermedad. Y sí, Bianca se sentía mal por pensar que su madre se había buscado la infidelidad, por ser tan amargada, fría y prepotente. Porque ella siempre vio, siempre escuchó y siempre sintió todo. —Yo no quiero sentirme así —Expresó su madre, tenía la mirada perdida —Siento... siento... siento que todo se nos va a caer encima, Bianca... siento que hay alguien cerca de mí y no eres tú... siento que me va a dar algo, Bianca... Bianca, hija, hija... ayúdame. No me quiero sentir así. La pelinegra con los ojos llorosos por lo que ocurría llevó a su madre a su cama y después de acostarla le dio la pastilla para dormir y la abrazó mientras esta se acurrucaba en posición fetal. —Todo va a estar bien... ya pasará. Bianca con el corazón palpitando de temor, sentía que sus ojos se cerraban solos, tenía mucho sueño. En ese momento eran las tres de la madrugada y ella apenas había logrado caer rendida una hora y media antes de eso por pensar tanto en aquella conversación, en Juan Elías y aquél extraño hombre que dormía en la oficina. Y por si fuera poco se le sumaba su madre. Jamás había pensado en tantas personas antes de dormir. —Ay virgencita —Susurró mirando el techo alumbrado con luces neón —Ayúdanos, por favor. Ayuda a mi madre a curarse, ayuda a mi padre a salvarse, ayuda a Marcos a alejarse de esa mujer que no me cae, ayuda a Roxana a no dejar de ser feliz y ayúdame a mí... por favor —Suspiró, y sin darse cuenta se quedó profundamente dormida. Ninguno de nuestros tres protagonistas tenía una vida perfecta. Marcos desde la muerte de su padre había tenido que aprender a valorar la comida del día, las cosas materiales que podía tener, la educación que recibía y su madre. Por otro lado, Bianca aunque lo tenía todo económicamente hablando, había crecido con una madre para nada humilde y con un padre “sumiso” que aunque lo amaba, odiaba que jamás tuviera los pantalones para que ese matrimonio se salvara. Y Roxana, por su lado, aunque su infancia no había sido fácil y se encontraba en el punto medio del estatus social  contando además con una familia excepcional, tenía la manía de encapricharse con lo que para muchos no había solución. Y eso, tarde o temprano, le iba  a causar los problemas que jamás imaginó tener.
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